Explotación infantil en Guatemala

el . Publicado en El mundo está loco

Redes de explotación de niños actúan con libertad

Parejas de niños que venden golosinas en el parque de Quetzaltenango son llevados en una camioneta blanca por individuos que los vigilan y adiestran para que no revelen a las autoridades que no viven con sus padres.

POR SANDRA VALDEZ, CRISTINA CHACLÁN, MELVIN SANDOVAL Y ALEXÁNDER COYOY Guatemala

Este es apenas un caso de los muchos que, siendo un secreto a voces, proliferan en todo el país, aunque han sido más evidentes en la capital, Escuintla, San Marcos y Quetzaltenango.

En estos lugares, redes de explotadores obligan a decenas de niños y adolescentes a prostituirse, mendigar, vender, lustrar zapatos, vestirse de payasos, lavar o cuidar vehículos en puntos estratégicos de las ciudades, a cambio de comida y un lugar donde dormir.

La mayoría de niños y adolescentes explotados procede de comunidades rurales y es reclutada por personas que viajan a las poblaciones a convencer a sus padres, por lo general en extrema pobreza, con la promesa de una mejor vida y de dinero para el resto de la familia.

Estos reclutadores no distinguen edad. Según el estudio “Trabajo infantil en Guatemala” de la Organización Internacional del Trabajo, del 2000 al 2006 el trabajo infantil aumentó 3 por ciento.

Los defensores de la niñez distinguen a dos tipos de explotadores: los padres y grupos delictivos.

Justo Solórzano, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, informó que han localizado a niños guatemaltecos que trabajan en Tapachula, México, y en la capital, a menores de edad nicaragüenses y hondureños.

También son potenciales víctimas los niños que escaparon de sus hogares debido al maltrato.

En la capital

Una joven de 20 años, que se identificó como Paola y que ahora pertenece al Movimiento de Jóvenes de la Calle, relató cómo fue víctima de explotación laboral, primero por su progenitora y luego por un grupo delictivo, del cual huyó después de dos meses de esclavitud.

Según Paola, quien residía en Tierra Nueva, Chinautla, desde los 9 años, su madre le exigía a diario Q200, los cuales pedía en un semáforo de la calzada Roosevelt.

“Un día que solo le llevé Q50, me pegó en la cara con la hebilla de un cincho y me dejó a dormir en la calle”, expresó Paola.

A los 10 años se fue de casa, y empezó a pedir dinero en las calles de la capital, con el cual compraba alimentos y drogas.

Al poco tiempo conoció a una vendedora de comida que le ofreció llevarla a su casa. Aceptó, pero luego se percató de que de nuevo iba a ser explotada. Esta mujer también la obligaba a pedir dinero, mientras otras personas la vigilaban para evitar que huyera.

Dos jóvenes más, de 14 y 17 años, eran obligadas a prostituirse, mientras a Paola le advertían que ese sería su futuro.

Este caso sucedió en la capital, donde todos los días decenas de niños, sobre todo en las calles de las zonas 4 y 9, piden dinero, limpian vidrios de vehículos o venden golosinas, ante la mirada desconfiada de adultos que, de acuerdo con la Policía Nacional Civil, aseguran ser sus padres o tutores.

En Escuintla y San Marcos

En la Oficina de Atención a la Víctima de la Policía de Escuintla, vecinos entregaron a dos niños que lloraban sin consuelo, ya que afirmaban que esa noche les pegarían y no comerían porque no habían reunido la cifra pedida por sus supuestos padres.

Elvia Liliana De León Álvarez, encargada de la Oficina, contó que los menores de edad fueron devueltos a sus supuestos progenitores, a petición de la Fiscalía, con la condición de que no debían ser explotados de nuevo; sin embargo, han vuelto a las calles.

Este solo es un caso, ya que vecinos de Escuintla cuentan que es frecuente ver a niños trabajar todo el día y parte de la noche, además de niñas obligadas a prostituirse en bares de la ciudad y de la Costa Sur.

La historia se repite en San Marcos, sobre todo en Tecún Umán. Habitantes de ese lugar contaron a Prensa Libre que en los prostíbulos hay varias menores de edad, provenientes de Santa Lucía Cotzumalguapa, Coatepeque, Génova y otros municipios.

Cerca del río Suchiate, limítrofe con México, también hay cantinas en las cuales “trabajan” niños.

Julio López, párroco de la iglesia católica de Tecún Umán, confirmó el caso de las niñas, y el vecino Juan Gómez manifestó que muchos jóvenes trabajan para ayudar a su familia.

En Quetzaltenango

Rebeca Pérez, coordinadora de la Comisión municipal de la Niñez y la Adolescencia en Quetzaltenango, hizo énfasis sobre la existencia de estas redes, cuyos procedimientos de reclutamiento son similares: niños de familias de escasos recursos o víctimas de la violencia que piden dinero a cambio de una cuota diaria, alimentación precaria y derecho a dormir en un cuarto que comparten con al menos 10 jóvenes más.

Pérez refirió que estudiantes de la Universidad de San Carlos investigaron en el 2009 las condiciones en que viven los niños explotados y descubrieron que reciben a diario un pan, frijoles y una sopa, y que la mayoría proviene de áreas rurales de Quetzaltenango, Sololá, Totonicapán y San Marcos.

Menores de edad que trabajan en los parques Central y San Benito de Quetzaltenango son trasladados por la mañana y al final de la tarde en un microbús y durante el día son vigilados por adultos para que no huyan.

Los explotadores dividen el grupo en parejas y los llevan a distintos sectores. En el Parque Central, por ejemplo, seis deben vender golosinas: dos en el área central, otra pareja camina por el ala sur, y la otra, por el lado norte; cada uno entrega de Q50 a Q60 diarios a los aprovechados, afirmó Pérez.

Los niños se niegan a conversar sobre su situación, puesto que los explotadores los han condicionados a evadir preguntas sobre su procedencia y para quién trabajan.

Héctor De León, del Centro Ecuménico de Integración Pastoral, contó que esa entidad —dedicada al rescate de menores de edad— recibe muchos niños que han formado parte de ese círculo de explotación.

De León comentó cómo un menor de edad denunció que un hombre llegó a su casa y le pidió a sus padres que se lo dieran para conseguirle trabajo. El niño, según De León, dijo: “De verdad me consiguió trabajo. Me puso una caja de lustre, pero tenía que entregar Q50 diarios. Si no reunía esa suma, no me daba comida y tenía que dormir en el suelo y sin chamarras”.

Ese centro asiste a niños de Momostenango, Totonicapán, quienes contaron que los explotadores los llevaban todas las mañanas a la 4a. calle de la zona 3 de Quetzaltenango para que pidieran limosna y los recogían a las 18 horas.

Se informó que los niños que trabajan para esas redes reciben Q10 diarios; sus padres, Q25, y el resto de lo recaudado le queda a los explotadores.

También denunciaron que los cambian de sector en la ciudad, o los trasladan a trabajar a la capital y Tecún Umán, San Marcos.

Respuesta ineficiente

Nidia Del Cid, procuradora de los derechos de la niñez, aseveró que el Gobierno no asume su responsabilidad y le presta poca atención a la explotación infantil, la cual es puerta de acceso a delitos mayores, como la trata y la prostitución.

Esto es refrendado por Solórzano: “Deben fortalecer o crear los servicios sociales de protección, para brindar una atención directa a estos niños y niñas; lamentablemente, en la actualidad existen algunos esfuerzos, pero muy aislados y asumidos por ONG”.

Pocas denuncias

Victoria Zacarías, encargada de rescates de la Procuraduría General de la Nación (PGN), afirmó que muchos de estos niños son explotados laboralmente, aunque la denuncia por lo general es por maltrato.

Según datos de esa entidad, en los primeros dos meses de este año apenas han recibido ocho denuncias, gracias a las cuales han rescatado a 28 niños que podrían haber sido abandonados luego de ser explotados.

La mayoría se encuentra en casas hogares, luego de que un juez de la niñez declaró su abandono, y en otros casos los padres se han comprometido a darles una vida digna.

Abraham Baca, vocero de la PGN, expuso que las redes reclutan a jóvenes porque estos desconocen sus derechos y el precio de su trabajo; en peores casos, las niñas son obligadas a prostituirse y no saben dónde pedir auxilio.

Respaldo para víctimas

Norma Cruz, de la Fundación Sobrevivientes, comentó que ella es querellante adhesiva en el caso de una niña de 13 años que vivía en la colonia Amparo, zona 7, de donde fue secuestrada; la llevaron a un centro nocturno, en la zona 12, donde era obligada a prostituirse. Escapó mientras sus captores estaban drogados.

Fuente: Prensa Libre

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