
En Galicia uno de los más difundidos rituales del aguardiente es la queimada. Ancestro de paganías, brujas y misterio donde en esta celebración la bebida se hace arder en un gran cuenco de barro lleno de aguardiente, añadiéndole azúcar, cáscaras de naranja o limón y unos granos de café a gusto del consumidor. A oscuras se le prende fuego, y mientras la queimada se remueve con un cucharón, se oficia recitando algún esconjuro a la vez que se levantan las llamas recogiendo y dejando caer el aguardiente en llamas con un cucharon.
Las llamaradas se levantan azules, amarillas, blancas, verdosas, violáceas… y resplandeciendo en la oscuridad reflejados por la luz de las llamas los rostros de los comensales se ven como misteriosos, hasta que en las últimas llamas del aguardiente ya casi consumido va dejando ver una apariencia de espectro en sus caras. Luego se reparte en tacitas de barro donde alegremente todos apuran su queimada.