Vibradores, vibración y desarrollos técnicos para su aplicación.

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La prodigiosa ciencia exacta tiene como sus hijas predilectas a la Técnica y la Ingeniería, las que no podían estar ausentes en el esfuerzo humano por mejorar y aumentar el placer sexual. Y si bien el esfuerzo humano por dicho placer sexual corre por cuenta de los participantes del coito, principalmente, la ciencia y la industria han desarrollado con el correr del tiempo diversos elementos para auxiliar a los participantes en esta a veces agotadora tarea.

Hoy nos ocupa un punto en particular, cual es la temática de la vibración. El ritmo normal del coito durante la penetración no suele superar los tres ciclos por segundo, entendiendo por ciclo completo el movimiento de entrada-salida que ejecuta el órgano sexual masculino dentro de la vagina femenina, y variando en mayor o menor frecuencia en función del vigor e inspiración del ejecutante.

Ya las antiguas culturas orientales habrían notado, sin embargo, que la comunicación de vibración mecánica de mayor frecuencia que la antedicha a las zonas erógenas de la fémina , producían un placer adicional. Esta observación se obtuvo del uso de los dedos y de la lengua para estimular la zona erógena, en particular el clítoris. De cualquier forma, y aún considerando a los individuos más veloces para mover los dedos o lengua (amantes expertos, jugadores de naipes, políticos, etc…), difícilmente se superan los 5 ciclos por segundo, quedando fuera de la capacidad humana la generación de frecuencias mayores.

El advenimiento de la Era Industrial, con el consiguiente desarrollo de La Máquina, puso a la humanidad en contacto con elementos que vibraban con mucho mayor frecuencia, algo que había sido inusual anteriormente. La presencia de máquinas que trabajaban a ciclos de elevadas revoluciones en la vida cotidiana, y la posibilidad de entrar en contacto físico con las mismas, proporcionó una serie de interesantes revelaciones. Señoras que viajaban en tren, luego en automóvil o colectivo, doncellas que tenían la oportunidad de apoyarse sobre el lavarropas en marcha u otros enseres mecanizados, dieron cuenta que el traqueteo, el movimiento cíclico, la vibración de alta frecuencia en suma, transmitida por contacto al cuerpo producía sensaciones sorprendentes y placenteras en determinadas ocasiones.

Ello dio paso al advenimiento del Vibrador, obra de algún ignoto inventor a cuya anónima memoria dedicamos estas páginas, que combinaba el viejo Consolador ( de muy antigua data) con un mecanismo interno que generaba la frecuencia vibratoria deseada. Los primeros se habrían basado en mecanismos de relojería, los de impulsión a vapor traían el inconveniente de requerir una caldera cerca de la cama, los eléctricos por cable eran incómodos, hasta el actual en base a pilas alcalinas secas que parece proporcionar grandes satisfacciones.

Persiste, no obstante, un inconveniente. Y es el de que dicha vibración de alta frecuencia (en el orden de los 10 a 15 ciclos por segundo, o más), sólo puede ser comunicada por un adminículo externo, ajeno a la persona que lo utiliza o a quien la acompañe durante el acto. El uso prolongado y la consecuente adicción a estos aparatos llevan consigo por tanto la excesiva independencia del adicto al auxilio de otro ser humano en la tarea de buscar placer sexual, conociéndose incluso casos de señoras que aceptan salir de vacaciones sin el esposo pero no sin el dildo.

El primero en intentar resolver este problema, fue el Ingeniero Cornelius Cornicelli, sobre cuya fallida investigación pasamos a detallar ahora.

EL EXPERIMENTO DE CORNICELLI:

Según sus detractores, el Inventor habría sido movilizado por la intención de retener a su esposa junto a su lecho, rumores basados en aparentes inclinaciones poligámicas de la señora. Su intención sería proporcionarle a la susodicha un nivel de placer tal que la complazca definitivamente.

Como quiera que sea, el ingeniero se propuso desarrollar un método que permitiese transmitir al cuerpo femenino los dos ritmos a la vez: El ritmo natural de penetración de su compañero sexual, más el ritmo acelerado de probada eficacia de los vibradores mecánicos, ambos al mismo tiempo y en el mismo acto.

A sugerencias de su esposa, que le insistía sobre la necesidad de comenzar el desarrollo investigando el fenómeno tal y como ocurría en la naturaleza, Cornicelli consiguió el concurso de un marinero bantú que acababa de desembarcar en la ciudad, y del que se informaba era un individuo particularmente rápido para el acto amatorio. El otro sujeto de experimentación fue la propia cónyuge del creador, que reclamó enérgicamente su derecho a colaborar con la Ciencia.

Así, nuestro héroe condujo una serie de sesiones (más que conducirlas, el miraba) en la cual su señora esposa y el marinero bantú trataron de llevar el ritmo natural de penetración en el coito a su máxima expresión.

Armado de su cronometro, Cornicelli tomaba los tiempos de los ciclos, y concluyó pronto que ni el más capacitado entre los humanos podría acercarse al ritmo de los aparatos. Pese a las protestas de su mujer, que recomendaba profundizar los experimentos con el bantú, el ingeniero suspendió esta línea de investigación.

Su mente no había permanecido ociosa, sin embargo, pues tras revisar una serie de opciones, llegó a el en un instante que creyera de genial inspiración, la forma del mecanismo que buscaba. La mejor manera, decidió Cornicelli, de transmitir la vibración elevada durante el acto amatorio normal, sería utilizar el propio pene masculino como elemento de transmisión al interior femenino.

Quedaba, por cierto, el inconveniente de comunicar la vibración al órgano del hombre. Para ello Cornicelli imagino un anillo ajustable a la base del pene, el cual contenía un mecanismo de contracción y expansión semejante a un resorte, y que se accionaba por corriente eléctrica. La fuente de energía era proporcionada por un cable, unido a una caja de baterías colgando de un cinturón que permitía ceñirlo al cuerpo.

La idea central era que la contracción y relajación acelerada del anillo alterase el flujo sanguíneo en el pene, produciendo rápidas contracciones en el mismo, asemejando así la percusión del vibrador mecánico. Para quienes quieran formarse una idea más aproximada al efecto, tómense el pene (en el caso de que dispongan de uno) , y tras conseguir una erección, encierren la base del mismo entre el pulgar y el índice, y procedan a apretar y soltar rápidamente.

Para su nuevo experimento no pudo ya contar con el concurso del marinero bantú, que había embarcado, pero consiguió la ayuda de un menesteroso de su barrio, de nombre José Barrica. Tras una rápida inspección del sujeto, la esposa de Cornicelli declaró que ya había colaborado lo suficiente con la ciencia, pero consiguió como voluntaria a una tía que hacía mucho tiempo no estaba con un hombre.

Con sus nuevos auxiliares ya dispuestos, el inventor procedió a colocar a Barrica el mecanismo de su creación, tras lo cual les indicó que procedieran.

El experimento, sin embargo, resultó dramático. Conseguida la penetración por medios naturales, Cornicelli accionó el mecanismo, que de inmediato indujo a Barrica a una serie de convulsiones y espasmos terribles. Hubo que concluir inmediatamente, y pese a que la tía política de Cornicelli se declaró satisfecha, Barrica adoleció desde ese instante de una incapacidad permanente para obtener una erección.

Esto llevó a la conclusión de la investigación. El damnificado Barrica demandó con éxito a Cornicelli, quien debió indemnizarlo generosamente, pero quedó sin fondos para futuros ensayos.

Sumido en la depresión, nuestro inventor se encerró en su hogar, mientras su esposa frecuentaba asiduamente la zona portuaria.

En cuanto Barrica, que pasó a integrar junto a pilotos de prueba, astronautas, buzos, y tantos otros la larga lista de los conejillos de indias humanos sacrificados en beneficio del progreso; la indemnización obtenida le permitió salir de pobre, aunque no le permitió recuperarse de su incapacidad.

Durante un tiempo se dedicó a tratar de complacer a las damas con el auxilio de técnicas orales, derivando por último en las prácticas homosexuales, por las que terminó tomando gran gusto.

Cumplió así, sin saberlo, con el adagio del poeta italiano, que dice:

Cuando el vigore e bene, avanti con el pene
E si el vigore mengua, avanti con la lengua
Ma si el vigore e nulo ….. avanti con el culo ¡

Y disculpa, oh lector, esta incursión de la Poesía en esta fría página de la Ciencia

Licenciada María de las Mercedes Cárdenas
La página de Cornelio http://www3.gratisweb.com/cuernitos

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