Los mitos del sexo

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Los mitos sexuales que hoy perduran en nuestra sociedad son el resultado de la suma de esas tradiciones ancestrales que durante años representaron las normas sociales que no se podían transgredir", explica Mercedes Dalmau, licenciada en psicología y experta en sexología. En un principio, el sexo tenía un sentido puramente biológico, pero el paso del tiempo lo ha convertido en uno de los ejes sobre los que giran los códigos sociales de conducta.

La ignorancia sexual también ha provocado la aparición de muchas falsas creencias.

Algunas, consideradas hoy como normales, hace siglos conducían a la hoguera a los que las practicaban; otras han ido evolucionando hasta hasta ser calificadas como mentiras, pero por desconocimiento siguen aterrando a miles de personas.

"Prácticamente todos los mitos sexuales están orientados a conseguir perpetuar la especie humana", afirma Dalmau, una máxima que las religiones ha puesto a la cabeza de sus dogmas.

Cada cultura ha utilizado distintos cauces para que estas creencias siguieran presentes. Por ejemplo, en Oriente Medio, el día de Año Nuevo los sacerdotes y sacerdotisas copulaban en público para garantizar la fertilidad el resto del año, y en Asia Meridional se pensaba que el semen se acumulaba en la cabeza y que quién tuviese más llegaría a ser un superdotado, por lo que no convenía malgastarlo masturbándose.

Así han evolucionado las mentiras sobre el sexo

San Agustín fue pionero en definir en Occidente cómo debía ser el acto sexual correcto: la postura (la mujer sobre su espalda y el hombre encima); el uso del orificio adecuado (la vagina) y el miembro apropiado (el pene). Poco después, los textos religiosos tipificaron las actitudes pecaminosas: fornicación (hacer el coito fuera del matrimonio), zoofilia, masturbación y sodomía (aquí incluían la homosexualidad y el sexo anal). Los teólogos no supieron cómo clasificar la prostitución, ya que según ellos, generaba un bien a los feligreses que la usaban.

En la Edad Media, el adulterio se incluyó en el listado de los pecados y el travestismo se consideró como un acto de brujería.

Fue en el siglo XIX cuando se produjo un cambio de planteamiento: según asegura Vern L. Bullough, catedrático emérito de Historia de la New York State University "se dieron cuenta de que si seguían ampliando la lista de pecados sexuales no habría jueces suficientes para establecer las penas contra quién los practicara, ni médicos que dieran abasto para atender las dudas nuevas que les planteaban todos sus pacientes".

En Occidente, la tradición represiva judeocristiana ha influido en el enfoque de nuestros hábitos sexuales.

Casi todos los dichos populares que mencionan la sexualidad masculina exaltan las propiedades de los genitales del varón y su potencia sexual. Durante siglos, la iglesia católica ha fomentado la procreación sin ningún control, con el varón como abanderado de la prole. Aún hoy, esta idea no ha desaparecido: muchos hombres todavía creen que su virilidad es una muestra de poder y fuerza ante la mujer. La mayoría de las mentiras sexuales desprestigian al varón de genitales pequeños y potencia normal.

El pene debe adoptar una posición vertical durante la erección.

El doctor Alfred Kinsey, autor del Informe Kinsey sobre la conducta sexual masculina, averiguó que sólo entre el 8% y 10% de los varones presentan el pene erecto casi verticalmente. Según Kinsey, la posición común entre hombres de todas las edades es ligeramente superior a la horizontal.

Orgasmo es igual a eyaculación.

Aunque casi siempre se producen de forma simultánea, cada fenómeno está provocado por causas diferentes. Según asegura Francisco J. Labrador, catedrático de Modificación de Conducta de la Universidad Complutense de Madrid, la eyaculación hace referencia a la expulsión de semen, lo que a veces sucede sin que exista orgasmo; mientras que el orgasmo se refiere a las contracciones musculares de la pelvis que liberan la tensión sexual, y puede darse sin eyaculación.

Un hombre viril puede eyacular varias veces durante un mismo coito.

Sólo en edades inferiores a 15 años es posible tener varias eyaculaciones seguidas con breves periodos refractarios. En 1984, los científicos Hartmann y Fithian aseguraron que los adultos también podían lograrlo fortaleciendo sus músculos pubocoxígenos, ya que así se retiene la eyaculación. En realidad, el tiempo varía en cada persona, y según la edad puede ir desde minutos hasta una hora.

El coito dura más tiempo si se realiza esporádicamente.

Ocurre lo contrario; cuando se mantienen pocas relaciones sexuales, el varón se excita más rápidamente y alcanza antes el orgasmo. "Es como cuando tienes hambre atrasada; lo lógico es que, al comer, ingieras más deprisa de lo habitual", afirma Berta Diamante.

Un pene grande es más potente y da mucho más placer a cualquier mujer.

"El tamaño no es relevante en la sexualidad ni se corresponde con ningún atributo de virilidad", afirma Elena Ochoa, titular de Psicopatología de la Universidad Complutense de Madrid en la Guia de la sexualidad. "La capacidad de producir placer está más relacionada con la habilidad y el interés que con su dimensión", añade. La zona vaginal más sensitiva está en su parte externa, perfectamente estimulable por cualquier pene.

La vasectomía reduce la potencia.

La esterilización masculina se consigue a través de una sencilla intervención quirúrgica -con anestesia local- en la que se cortan los conductos que transportan los espermatozoides desde los testículos al líquido seminal. Tras ella, la eyaculación y la potencia continúan siendo prácticamente iguales (el líquido seminal sólo contiene entre un 1% y un 5% de espermatozoides). "Los únicos problemas que se plantean son los psicológicos, que a veces sí pueden llegar a provocar una bajada de erección, eso sí, casi siempre transitoria", afirma Berta Diamante, terapeuta sexual de la Sociedad Sexológica de Madrid.

La mujer anorgásmica es frígida.

El término frigidez abarca problemas relacionados con falta de respuesta: no lubricación ni vasocongestión vaginal, ausencia de cambios en el tamaño de la vagina… Mientras que la anorgasmia -que padece un 15% de las españolas- es incapacidad para experimentar orgasmos.

El orgasmo sólo es vaginal.

Cada mujer experimenta un tipo de orgasmo diferente: puede ser clitorídeo con la masturbación de esta zona vaginal, o inducido por la penetración durante el coito. El hecho de que Sigmund Freud calificara de inmaduras a las mujeres que aseguraban tener sólo el orgasmo clitorídeo, ha provocado que mintieran durante años cuando se les preguntaba cómo conseguían alcanzarlo.

Además, en 1972, el sexólogo June Singer describió otros tres tipos de orgasmos en la mujer: el vulvar, parecido al clitorídeo pero sin llegar a saciar todo el deseo; el uterino, cuando la mujer es penetrada y aguanta la respiración para llegar al clímax y el mixto, una mezcla de estos dos.

El pecho grande implica una mayor disposición sexual.

Aunque, tal y como explica el antropólogo Marvin Harris, los hombres de las tribus primitivas se sentían atraídos por las mujeres de senos voluminosos porque garantizaban el alimento a sus hijos, esto no implica que éstas sean más excitables. Hoy se sabe que una mujer de senos escasos puede criar si tiene el suficiente número de glándulas lácteas, algo que no tiene que ver con el tejido graso, que es el que determina realmente el volumen.

El himen garantiza la virginidad.

Se trata de una membrana tan fina que puede romperse durante una exploración ginecológica, con un tampón, con algún ejercicio violento al abrir las piernas, e incluso en ciertas personas se disuelve en la pubertad. También hay quién nace sin él o quién, como afirma el ginecólogo Ángel Ruíz de la Hermosa, lo tiene tan dilatado que llega a dar a luz con él íntegro; a esto se le llama himen complaciente.

¿Existe o no el punto G?

Según los norteamericanos Whipple, Perry y Ladas, este punto -llamado G en honor al su descubridor, el ginecólogo alemán Gräfenberg-, es una superficie de unos 30 milímetros situada en la pared anterior de la vagina, a unos 5 centímetros de la apertura vaginal.

Pero no todos los estudiosos opinan igual: por ejemplo, Masters y Johnson afirman que sólo un 5% de las mujeres lo han encontrado. Hoy se cree que es posible que exista este punto, pero que quizás no lo tengan todas las mujeres. Además, su ubicación puede ser variable en cada caso.

Hacer el coito es malo durante la menstruación.

En la cultura occidental se ha creído que la sangre del período era impura y sinónimo de enfermedad; por ello se evitaban las relaciones sexuales durante estos días, aunque lo cierto es que no existe ninguna razón de salud o higiene que lo desaconseje. Es más, en muchos casos contribuye a aliviar los dolores y molestias que se producen durante la menstruación. También algunas mujeres sufren un aumento de deseo en los días anteriores a la menstruación y durante la misma.

Las grandes mentiras del sexo también afectan a las parejas. Muchas son consecuencia de una sexualidad mal entendida a nivel individual que provoca miedos y tabúes que posteriormente, al no haberse superado, se proyectan de modo inevitable sobre el compañero sexual.

Cuanto más tiempo dure el coito, más gratificante será.

El humano es el animal que más tiempo puede tardar en culminar el coito, aunque según afirma Berta Diamante, "en el hombre no suele haber demasiadas variaciones". Las distintas encuestas realizadas hasta el momento por P. H. Gebhard, y H. Hunt, coinciden en señalar que un coito oscila entre 12 y 15 minutos en las parejas estables y que lo realizan habitualmente.

Una pareja ideal consigue el orgasmo al mismo tiempo.

Que ocurra esto se debe más a una coincidencia que a la plenitud sexual de ambos. Además, según aseguran Master y Johnson, el 15% de las mujeres pueden disfrutar de varios orgasmos seguidos sin periodos refractarios, algo que prácticamente no le ocurre nunca a los hombres; aunque a lo largo de toda una vida sexual ellos tienen mayor número de orgasmos.

Tener fantasías sexuales es sinónimo de infidelidad.

Los estudios sobre emociones elaborados por la psiquiatra N. Frijda afirman que es normal, aun teniendo una relación estable, fantasear con otra persona. "Lo único negativo es que vivimos en una sociedad monoteísta que no acepta la infidelidad aunque sea de pensamiento", afirma Berta Diamante. "Biológicamente todos nos sentimos atraídos por alguien más que la propia pareja, y esto no tiene porque significar nada negativo", concluye.

Tragarse el semen es malo.

Si el hombre no tiene ninguna infección o alteración seminal, la ingesta de semen no es dañina. Los espermatozoides son un exudado estéril sin valor nutritivo: no engordan ni alimentan. Las enzimas gastrointestinales lo eliminan totalmente.

La masturbación no se debe practicar nunca en el matrimonio.

El informe del norteamericano H. Hunt desveló que el 72% de los hombres casados y el 68% de las mujeres (de entre 20 y 40 años), se masturbaban 24 veces al año (ellos) y 10 veces al año (ellas)

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