Mitra

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MITRA, y que cada quién piense lo que quiera

Las primitivas religiones animistas se basaban en los ciclos de la naturaleza y en los acontecimientos astronómicos relacionados con ellas (los solsticios de verano e invierno y los equinoccios de primavera y otoño).

En la noche más larga del año, el solsticio de invierno (en tor­no al 25 de diciembre), conocido como "la puerta de los dioses" se conmemoraba el nacimiento de la luz, del "dios Sol". Era el día en que los druidas celtas celebraban su fiesta anual del fuego. Como explica el historiador de las religiones E. Royston Pike: "Los persas y los egipcios, los fenicios y los sirios, los griegos y los romanos, los aztecas y los incas, los hindúes y otros pueblos, cele­braban en aquel día el parto de la reina de los Cielos, la Virgen ce­lestial, y el nacimiento de su hijo, el dios solar".

Todos estos dioses recibían el apelativo del "Salvador".

En tiempos remotos, en las primeras sociedades agrícolas, el ritual imponía que una doncella escogida para representar a la Diosa Madre, la Virgen, contrajera solemnes nupcias con un doncel denominado el Rey Sagrado. La fecundidad de esa pareja divina determinaba la fecundidad de los cultivos y la de los ani­males que alimentaban a la tribu.

Cuando la Virgen o Diosa Ma­dre quedaba preñada se sacrificaba al Rey Sagrado, como se sacri­fica el grano de la espiga sepultándolo para que al cabo de los meses germine de él la nueva cosecha.

Con el tiempo ese ritual sangriento se suavizó. La muerte del Rey Sagrado se sustituyó por su mera mutilación o por otro tipo de sacrificio. De esta evolución del primitivo rito nacieron los cultos mistéricos que se desarrollaron en el mundo antiguo entre los siglos -VII y -IV (un milenio aproximadamente antes de C.).

Los cultos mistéricos se denominan así porque reservaban ciertos secretos doctrinales y ritos litúrgicos para una minoría de iniciados que ascendían a lo largo de varios grados de conoci­miento.

Cada pueblo de la Antigüedad tuvo su hombre, el dios solar: los egipcios creían en Osiris y en Horus; los griegos, en Dionisos; los frigios de Asia Menor, en Atis; los sirios, en Adonis; los persas, en Mitra; los romanos y otros pueblos itálicos, en Baco; los germanos y escandinavos en Frey.

Estos dioses eran representaciones del Rey Sagrado. Todos ellos sufrían una muerte cruenta y resucitaban. Los fieles del culto mistérico rememoraban la muerte y resurrección del dios mediante ritos que les aseguraban la resurrección y los redimían de la angus­tia de la muerte.

Estos dioses que nacen entre los hombres, sufren muerte cruen­ta y resucitan, ¿no nos recuerdan a Jesús?

Como todos ellos son an­teriores a nuestro Jesús se deduce que, en realidad, la historia de Je­sús, su Pasión, muerte y Resurrección, reproduce fielmente aquellas creencias. Eso piensan muchos estudiosos.

Coinciden hasta los más mínimos detalles: el dios iraní Mitra nace en una cueva en torno al 25 de diciembre (solsticio de invierno), hijo de Dios y de una virgen. Asisten a su nacimiento unos pastores (suelen ser tres, como los reyes magos); sus fieles lo llaman "Salvador" e "Hijo de Dios"; predica el bautismo que simboliza la nueva resurrección del alma; en una boda convierte el agua en vino; entra triunfante en una ciudad montado en una borriquita y aclamado por una mu­chedumbre de seguidores que lo reciben con palmas (me refiero a palmas de palmera, claro, aunque no descarto que también sonaran aplausos entusiastas); muere en primavera para redimir los peca­dos del mundo, y, ya cadaver, desciende de la morada de los muertos pero al tercer día resucita y asciende a los Cielos.

El bautismo de los devotos de Mitra se practicaba, en princi­pio, con la sangre del toro sacrificado, identificado con Mitra; des­pués, dada la dificultad de sacrificar toros, que salían carísimos, se cambió la sangre por agua bendita. A la entrada de los mitreos ha­bía una pila de agua bendita para que los fieles se mojaran la frente al penetrar en el recinto sagrado.

La historia de Jesús punto por punto, siglos antes de que Jesús naciera.

¿Acojonante, no?

Indaguemos un poco más en su origen. Para eso retrocedere­mos más de mil añios.

La primera mención histórica de Mitra se encuentra en los Vedas, libro sagrado de la India (unos tres mil quinientos añtos an­tes de Cristo). Mitra era entonces un dios benéfico supeditado al dios máximo Ahura Mazda ("Señor Sabio") del día, de la luz. Su colega y oponente era Varuna, dios de la noche y de la oscuridad. El culto se transmitió de la India a Persia hacia el año -1500.

En el año -1200 nació, ¡de una virgen!, un niño llamado Zara­tustra (o Zoroastro). El portento ocurrió en Bactriana (hoy Afganistan). Las similitudes de Zaratustra con Jesús van más allá del milagro­so nacimiento: lo bautizaron en un río, asombró a los sabios por sus conocimientos, retirado al desierto lo tentó el demonio, recibió una revelación de Dios y predicó una nueva religión (el mazdeísmo) cuyo libro sagrado, el Avesta (la Palabra) explica la existencia de dos dioses enfrentados: Ahura Mazda (el Bien) y Angra Mainyu (el Mal).

Auxiliado por doce discípulos, el profeta Zaratustra predicó el mazdeísmo al tiempo que obraba milagros, curaba a los enfermos y hasta resucitaba a los muertos. Cuando murió, sus fieles lo conme­moraron en banquetes rituales bajo la denominación de "la Palabra hecha carne" (¿no nos recuerda a "el Verbo se hizo carne" del Evan­gelio de San Juan 1, 14?).

El mazdeísmo inspiró sucesivamente a las grandes religiones monoteístas de la humanidad (mitraísmo, judaísmo, cristianis­mo, islamismo).

Los mazdeístas creían en la primera pareja humana, en el Di­luvio Universal, en el Arca que salvó a una pareja de animales de cada especie, en el Cielo, en el Infierno, en la venida a la Tierra de un redentor de la humanidad y en el Juicio Final, tras una batalla entre los demonios de Angra y los ángeles de Ahura Mazda, creían además en la existencia de una Trinidad divina (Ahura Mazda, Mi­tra y Anahita, la esposa de Ahura Mazda y madre de Mitra).

Los adoradores de Mitra reconocían seis niveles de iniciación, por los que el devoto ascendía hasta reintegrarse a Dios. El más alto era el del páter (padre) que cubría la cabeza con un gorro frigio y portaba una vara y un anillo.

Como dicen, el mazdeísmo inspiró el mitraísmo, uno de los cultos mistéricos vigentes en tiempos de Jesús. Hay que reco­nocer que las coincidencias de Zaratustra y Mitra con Jesús son extraordinarias.

Lo que más nos impresiona como católicos es el rito mitraico de comulgar con la carne y la sangre del Dios que se diría directamente inspirado en nuestra santa misa, si no fuera por­que tenemos pruebas fehacientes de que es bastante más antiguo.

¿Por qué apoyó al cristianismo un emperador que toda su vida había sido fiel a Mitra?

Evidentemente por inspiración divina, un milagro. Sin embargo los historiadores hipercríticos prefieren pen­sar que el taimado gobernante se limitó a apostar por el caballo ganador.

¿Por qué llevaba el cristianismo las de ganar? La respuesta se cae de su peso. Al contrario del mitraísmo, que era una religión de hombres, el cristianismo primitivo acogía a las mujeres, especial­mente a las viudas ricas, y las mujeres adoctrinadas por el clero in­fluían sobre sus hijos y maridos. Nadie lo sabía mejor que el propio Constantino, cuya madre, la cristiana santa Elena, le daba la taba­rra a diario:

-Hijo, tendrías que hacerte cristiano, que parece mentira que sigas con lo de Mitra, que eso ya no se lleva.

-¡Madre, mujer, no me acoses, que tú no sabes lo que pesa administrar un Imperio en franca decadencia!

-¡El peso de la púrpura, hijo mío! Si fueras cristiano, notarías el alivio.

Teodosio (379-394), el sucesor de Constantino, profundizó en la misma política, declaró al cristianismo religión oficial del Im­perio y prohibió la práctica del mitraísmo.

Las nuevas iglesias se construyeron sobre los mitreos, los textos sagra­dos del mitraísmo se incineraron.

El cristianismo se organizó con sagacidad e inteligencia (sin duda inspiradas por Dios): copió la estructura religiosa del mitraís­mo y la estructura política del Imperio romano.

Al principio se las arregló sin sacerdotes: todos los fieles podían hablar en la asamblea en términos de igualdad, moderados por uno de ellos, el que goza­ra de más prestigio.

Fuente: Tellagorri

Mitra

Durante el Imperio romano, el culto a Mitra se desarrolló como una religión mistérica, y se organizaba en sociedades secretas, exclusivamente masculinas, de carácter esotérico e iniciático. Gozó de especial popularidad en ambientes militares. Obligaba a la honestidad, pureza y coraje entre sus adeptos.

Las excavaciones iniciadas en 1857 bajo la iglesia de San Clemente, en Roma, mostraron que estaba construida sobre una iglesia paleocristiana del siglo IV, y esta a su vez sobre un templo dedicado a Mitra. Por los hallazgos arqueológicos se sabe que es una religión de origen persa, adoptada por los romanos en el año 62 a. C., que compitió con el cristianismo hasta el siglo IV.

De acuerdo a lo que argumentan algunos autores cristianos, los textos más antiguos encontrados acerca del mitraísmo datan del siglo II, siendo tardíos respecto a los del Nuevo Testamento, por lo que la hipótesis de que los relatos evangélicos fueron copiados de los del mitraísmo no tendría fundamento historiográfico. Sostienen que mientras no se encuentren documentos "mitraístas" más antiguos, los existentes hasta el momento sugieren que el mitraísmo adoptó algunos de los mitos del cristianismo mientras coexistieron. (En el artículo "mitraísmo" se sitúa el origen de esta religión en el segundo milenio antes de Cristo)

Sin embargo el erudito musulmán contemporáneo Yousuf Saleem Chishti en su libro "Qué es el Cristianismo", escribe: "La doctrina Cristiana de la expiación fue grandemente colorida por la influencia de las religiones del misterio, especialmente el Mitraísmo, el cual tuvo a su propio hijo de Dios y la Madre virgen, y su crucifixión y su resurrección después de expiar los pecados del género humano y finalmente su ascensión al 7mo cielo.

…Si usted estudia las enseñanzas del Mitraísmo una al lado de la otra con aquellas del Cristianismo, de seguro usted se quedará asombrado de la afinidad cercana que es visible entre ellas, tanto que muchos críticos están constreñidos a concluir que el Cristianismo es el facsímil o la segunda edición del Mitraismo". (Citando a Norman Geisler S Baker Encyclopedia of Christian Apologetics Pg. 490, y su cita de Y.S. Chishti, ¿Qué es el Cristianismo?, Pg. 87.)

Fuente: Wikipedia

Cristo y Mitra

Por Daniel Iglesias Grèzes

Una de las múltiples objeciones esgrimidas por los críticos anticristianos en contra de la fe de la Iglesia se basa en el supuesto influjo del mitraísmo sobre el cristianismo. La tesis que queremos analizar y refutar aquí es ésta: El cristianismo ha surgido fundamentalmente del mito de Mitra, transmutado mediante algún proceso psicosociológico en el Cristo de la fe.

En primer lugar se debe notar que las "soluciones mitológicas" al problema de Jesucristo son muy numerosas: Hay quienes sostienen que las primitivas comunidades cristianas transfirieron a Jesús "su fe en un mito solar (Dupuis), o las creencias del alegorismo alejandrino (Bauer) o un culto oriental de la crucifixión como acto litúrgico (Du Jardin). O, no es sino la caricatura del dios indio Agni o del héroe babilónico Gilgamesh o del dios del sol de Canaán" (Vittorio Messori, Hipótesis sobre Jesús, Ediciones Mensajero, Bilbao 1978, p. 90). Agrego que otros "expertos" sostienen que Jesús fue un extraterrestre o un hongo alucinógeno o un fakir formado en la India o… mil disparates más.

En segundo lugar subrayo que, a pesar de que todas esas soluciones mitológicas son incompatibles entre sí, sus proponentes las presentan habitualmente como resultados definitivos de la investigación científica. He aquí un caso flagrante de deshonestidad intelectual… Alfred Loisy (famoso teólogo católico disidente de principios del siglo XX) ironizó sobre las "alborotadas conjeturas de los mitólogos" y escribió: "Las presuntas conclusiones definitivas de estos señores no hay necesidad de tomarlas muy a lo trágico" (o.c. pp. 105 y 97). Y Loisy era uno de ellos…

Veamos ahora qué se sabe con respecto al mitraísmo. Fue un culto al dios solar Mitra que floreció en Roma y en otras partes del Imperio Romano en los siglos II y III DC (¡después de Cristo!). No se conoce ningún texto sagrado de esta religión, por lo cual lo poco que se sabe de ella proviene de hallazgos arqueológicos o de indicios aislados. El origen de este culto es muy discutido entre los estudiosos. Dado que en las antiguas religiones de Persia y de la India existieron dioses de nombres parecidos (Mithra, Mithras, etc.) algunos han postulado una relación genética entre el mitraísmo y una de estas religiones. En particular el belga Cumont propuso la hipótesis de un origen persa. Su obra tiene algunas debilidades y continúa siendo debatida. De todos modos no es posible probar que las características propias del culto romano de Mitra provengan de la antigüedad persa. Mitra (o un dios de nombre semejante) era una deidad inferior en el panteón persa (y en el hindú) y al parecer no recibió ningún culto litúrgico especial en Persia. El mitraísmo romano fue una de las muchas "religiones de misterios" que proliferaron en el Imperio por esa misma época. No fue sino uno de los muchos cultos que compitieron con el cristianismo. Además de la religión pagana oficial de Roma, existían los cultos mistéricos de Osiris, Isis, Adonis, Cibeles, etc. Todos estos cultos mistéricos eran "religiones esotéricas", es decir sectas cerradas reservadas a relativamente pocos iniciados en los misterios respectivos. El culto de Mitra excluía a las mujeres, pero no prohibía la pertenencia simultánea del iniciado a otra religión. Mitra era adorado en pequeños templos con forma de cueva, presididos por una estatua que representaba a Mitra sacrificando un toro. El sentido de este sacrificio es discutido; probablemente tiene relación con la astrología. En esos templos los fieles realizaban sus ritos, entre los cuales se destacaban los ritos de iniciación y los banquetes sagrados.

Pasemos ahora a las supuestas influencias del mitraísmo sobre el cristianismo. De todas las supuestas semejanzas enumeradas por los partidarios del origen "mitrano" del cristianismo, sólo una parece tener un plausible sustento histórico: La referida a la fecha de celebración de la Navidad. La fecha exacta del nacimiento de Jesús es desconocida. Los evangelios no dan ningún dato preciso al respecto. Desde el siglo II se comenzó a celebrar la Navidad el 6 de enero. La mayoría de las iglesias de Oriente continúan celebrándola ese día, de lo cual se deduce que la fecha exacta de la Navidad no afecta a la esencia del cristianismo. Durante el siglo IV un Papa determinó que la Navidad se celebrara el 25 de diciembre. Es bastante probable que la motivación principal de este cambio de fecha fuera el deseo de competir con el culto pagano y el culto de Mitra, que celebraban ese mismo día (debido al solsticio de invierno) la fiesta del nacimiento del Sol invicto. Cronológicamente el 25 de diciembre fue en Roma primero una fiesta pagana, adoptada luego por los fieles de Mitra y luego por la Iglesia católica. La celebración de la Navidad el 25 de diciembre se extendió pronto a todo Occidente y a Oriente. ¿Tiene algún sentido hablar aquí de un "plagio"? Este concepto es totalmente inaplicable en este contexto. Ni el paganismo ni (menos aún) el mitraísmo tenían ningún derecho monopólico sobre esa fecha. El cambio de fecha de la Navidad fue una decisión legítima y conveniente de la autoridad eclesiástica. Éste es un caso notable del "poder de asimilación" del cristianismo, que el gran teólogo del siglo XIX John Henry Newman consideró una de las siete notas que permiten distinguir un desarrollo auténtico de la doctrina cristiana de una corrupción de la misma (en su célebre "Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana").

El resto de las supuestas semejanzas entre mitraísmo y cristianismo cabe en alguna de estas tres categorías:

1. Semejanzas inexistentes (frutos de la imaginación de algún autor).

En este rubro podríamos ubicar la supuesta utilización en los banquetes sagrados "mitranos" de las palabras de Jesús en la Última Cena (la institución de la eucaristía). Este desvarío se puede encontrar en algunos de los muchos sitios web anticristianos que recurren a la "hipótesis mitológico-mitrana".

2. Semejanzas como resultado de desarrollos independientes (frutos de la universal tendencia religiosa del ser humano).

En este rubro podríamos ubicar la existencia en ambos cultos de procesos de iniciación (muy diferentes entre sí), de ritos de purificación con agua (con significados muy diferentes), de sacrificios o banquetes rituales (la Santa Misa es un sacrificio-banquete sumamente diferente de los respectivos ritos "mitranos"), etc.

3. Semejanzas como resultado de influencias en sentido inverso (es decir, del cristianismo al mitraísmo).

En este rubro podríamos ubicar la adoración de los pastores y de los magos en el nacimiento de Mitra. No incluyo aquí el supuesto nacimiento de Mitra de una virgen sólo porque, según mis modestas investigaciones, Mitra no nació de una virgen sino de una roca (!!).

Más allá de estos gruesos errores históricos, la tesis que estamos analizando adolece de una grave falencia lógica. La estructura general del argumento "mitológico-mitrano" tiene la forma siguiente:

Premisa 1: Existen analogías entre el cristianismo y el mitraísmo.

Premisa 2: El mitraísmo es una religión esencialmente falsa.

Conclusión: El cristianismo es una religión esencialmente falsa.

Aunque diéramos por buenas ambas premisas, es evidente que en este razonamiento hay algo que no funciona. En este "silogismo rengo" falta una conexión lógica, ya que la conclusión no se deduce de las premisas.

Dos cosas son análogas cuando entre ellas existen semejanzas y desemejanzas. Para que el razonamiento fuera correcto habría que demostrar que la semejanza se da en un elemento esencial a ambas religiones y que el tal elemento resulta falso en el mitraísmo. Pero en el argumento "mitológico-mitrano" falta esa demostración.

No sólo no está probado que Cristo es un mito semejante al de Mitra, sino que está probado precisamente lo contrario: Que Jesucristo pertenece a la historia y no al mito.

Por lo demás, en la perspectiva cristiana no resulta en modo alguno preocupante que existan analogías entre el cristianismo y otras religiones (antiguas o modernas). Todo lo que en éstas hay de verdadero y bueno resulta ser una providencial preparación al Evangelio de Jesucristo; lo que en ellas hay de erróneo o malo es resultado de la limitación y el pecado del hombre.

Concluyo con una cita de Jean Guitton: "Los historiadores del tercer milenio, que lleguen a descubrir una breve biografía de Napoleón salvada casualmente de una catástrofe atómica, si emplean los mismos métodos que se han seguido con Jesús, demostrarán que la epopeya napoleónica no es más que un mito. Una leyenda en la que los hombres del lejano siglo XIX han encarnado la idea preexistente del "Genial Caudillo". Las expediciones en el desierto y entre las nieves, su nacimiento y muerte en una isla, su mismo nombre, su caída, su resurgimiento, su recaída bajo los golpes de la envidia y de la reacción, el exilio en medio del océano. "De todo esto resulta evidente que Napoleón nunca existió. Se trata del eterno mito del Emperador; acaso es la misma idea de Francia a la que un desconocido grupo de fanáticos patriotas ha dado un nombre, una existencia y una empresa fantásticas a comienzos del siglo XIX", dirán infinitos expertos. Es decir, los sucesores de esos especialistas que aplican ese método al problema de Jesús de Nazaret" (o.c. p. 157).

Fuente: Fé y Razón

Un niño parecido a Jesucristo

Mitra era el dios indo-iraní de la justicia y el mitraísmo fue una de las religiones más populares del antiguo Imperio Romano, sobre todo entre los soldados. La historia de Jesucristo tiene tantas cosas en común con la de Mitra, que se llegó a sospechar que el cristianismo era un derivado de la fe persa. Han llegado hasta nosotros muy pocos documentos sobre el mitraísmo, así que lo que se sabe se ha extraído de las pinturas sagradas encontradas en los mitreos, que eran los templos donde se rendía culto al dios Mitra.

— Mitra nació el 25 de diciembre, en una cueva oscura y los pastores fueron los primeros que le encontraron y le adoraron.

— Le trajeron regalos, oro y esencias.

— Su madre era una virgen, llamada Madre de Dios.

— Mitra era un lazo de unión entre Dios y la gente. Era un representante de Ahura Mazda en la Tierra.

— Después de enseñar en la Tierra, Mitra ascendió a los cielos.

— Fue enviado por el Padre para que se cumplieran sus deseos en la Tierra, y su sacrificio tiene como finalidad la redención del género humano.

— El transitus (viaje de Mitra con el toro sobre los hombros) recuerda al Via Crucis del Evangelio.

— Los mitraístas creían en la resurrección, en la comunión con pan y vino, en el cielo y en el infierno.

— Mitra recibía apelativos de La Luz, el Buen Pastor, La Verdad.

— El día sagrado del mitraísmo era el domingo.

— El mitraísmo se representa con una cruz en un círculo, que simboliza el sol. Las cuatro esquinas de la cruz representan el año solar. En el Cristianismo, la cruz representa el sufrimiento.

A finales del siglo III, se fundió la religión mitraica con el culto al sol y cristalizaron en la nueva religión del Sol Invictus. El emperador Aureliano la hizo oficial en el año 274, y cada 25 de diciembre se celebraba el festival del Natalis Solis Invicti (el nacimiento del sol invencible).

Mitra, cuyos orígenes son muy anteriores al cristianismo, nació en la noche más larga del año. Simbolizaba el nacimiento de la luz y la esperanza y la renovación de la naturaleza. El nacimiento de Cristo se situó en la misma fecha del calendario solar.

A finales del siglo III, comenzó a decaer el mitraísmo. La fuerte competencia del cristianismo, apoyado por Constantino I El Grande, le robó adeptos. Además, el mitraísmo excluía a las mujeres que sí tenían derecho a participar en el cristianismo.

El cristianismo desplazó al mitraísmo en el siglo IV, hasta convertirse en la única religión oficial del imperio con Teodosio (379-394). El mitraísmo se prohibió oficialmente en el año 391, aunque se mantuvo su práctica clandestina durante algún tiempo.

Los mítreos, una especie de cuevas donde cavían unas 30 o 40 personas acabaron siendo las criptas de muchas iglesias cristianas.

Fuente: Kindsein

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