¿Qué tal de ateismo en tu país?

el . Publicado en Infieles

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Phil Zuckerman ha recopilado una impresionante colección de datos sobre el ateísmo en distintas partes del mundo. Su análisis lleva a una serie de conclusiones (traduzco) :

    1. Entre 500 y 750 millones de seres humanos dicen no creer actualmente en Dios. Tales datos invalidan cualquier sugerencia que el teísmo [el hecho de creer en un dios] es innato o basado neurológicamente.
    2. Las naciones con los grados más altos de ateísmo orgánico (el ateísmo no forzado por el Estado a través de regímenes totalitarios sino que emerge naturalmente en sociedades libres) incluyen la mayor parte de las naciones de Europa, así como Canadá, Australia, Nueva Zelandia e Israel. También existen los altos grados del ateísmo en Japón, Vietnam, Corea del norte, y Taiwán. Muchas naciones soviéticas anteriores, tales como Estonia, Ucrania, Kazakhstan, y Belarus también contienen niveles significativos del ateísmo.
  1. El ateísmo es virtualmente inexistente en buena parte del mundo, sin embargo; especialmente en las naciones de mayor población de África, de Suramérica, de el Oriente Medio, y de mucho de Asia.
  2. Los altos niveles del ateísmo orgánico se correlacionan fuertemente con los altos niveles de nivel de vida en la sociedad, en índices como cifras bajas de homicidio, de pobreza, de mortalidad infantil, lo mismo que baja analfabetismo; igualmente el ateísmo se correlaciona con altos niveles de logro académico, renta per capita, e igualdad de oportunidades educativas para hombres y mujeres.
  3. La mayoría de las naciones caracterizadas por altos grados de seguridad individual y social tienen los índices más altos de ateísmo orgánico, e inversamente, las naciones caracterizadas por grados bajos de seguridad individual y social tienen los índices más bajos de ateísmo orgánico.
  4. En algunas sociedades, particularmente en Europa, el ateísmo está creciendo. Sin embargo, a lo largo de buena parte del mundo–particularmente en las naciones con alta natalidad–el ateísmo es apenas discernible.

Por supuesto, como creyente uno se pregunta cómo hay que entender e interpretar esas conclusiones, que vienen respaldadas por años de investigación en prácticamente todo el mundo conocido.

Resulta interesante examinar algunos datos más de cerca. Quiero apoyarme en algunas columnas de la tabla que Zucherman ofrece en su sitio web. Esta es la clasificación general por países, con respecto a agnosticismo/increencia. Los porcentajes corresponden al mínimo y máximo que han reportado los diversos estudios. En algunos casos, como se nota de inmediato, las cifras difieren mucho:

1

Sweden

46-85%

2

Vietnam

81%

3

Denmark

43-80%

4

Norway

31-72%

5

Japan

64-65%

6

Czech Republic

54-61%

7

Finland

28-60%

8

France

43-54%

9

South Korea

30%-52%

10

Estonia

49%

11

Germany

41-49%

12

Russia

24-48%

13

Hungary

32-46%

14

Netherlands

39-44%

15

Britain

31-44%

16

Belgium

42-43%

17

Bulgaria

34-40%

18

Slovenia

35-38%

19

Israel

15-37%

20

Canada

19-30%

21

Latvia

20-29%

22

Slovakia

10-28%

23

Switzerland

17-27%

24

Austria

18-26%

25

Australia

24-25%

26

Taiwan

24%

27

Spain

15-24%

28

Iceland

16-23%

29

New Zealand

20-22%

30

Ukraine

20%

31

Belarus

17%

32

Greece

16%

33

North Korea

15% ( ? )

34

Italy

6-15%

35

Armenia

14%

36

China

8-14% ( ? )

37

Lithuania

13%

38

Singapore

13%

39

Uruguay

12%

40

Kazakhstan

11-12%

41

Estonia

11%

42

Mongolia

9%

43

Portugal

4-9%

44

United States

3-9%

45

Albania

8%

46

Argentina

4-8%

47

Kyrgyzstan

7%

48

Dominican Rep.

7%

49

Cuba

7% ( ? )

50

Croatia

7%

Aquí quiero yo anotar varias cosas:

  1. Como dice Alister McGrath en The Twilight of Atheism. The Rise and Fall of Disbelief in the Modern Wolrd (Rider, London, 2004) [El Crepúsculo del Ateísmo. Ascenso y Caída de la Increencia en el Mundo Moderno], es un error metodológico juntar agnosticismo con ateísmo. Una cosa es afirmar que la cuestión religiosa no puede ser decidida y otra decir que hay una respuesta y que esa respuesta es negativa. Si se hace la pregunta: “¿Ud. está seguro de que existe un Dios?” uno está juntando agnósticos con ateos; pero si uno pregunta: “¿Ud. está seguro de que no existe un Dios?” ¡los agnósticos sumarían cifras con los creyentes! En esto hay una falla de método, que, por cierto, podría ayudar a entender por qué algunos estudios dicen que el 45% y otros que el 85% de los suecos no creen en Dios.
  2. Un concepto que es clave para Zucherman pero que resulta muy problemático es aquel del ateísmo orgánico, que el define como “ateísmo que no es forzado por el Estado a través de regímenes totalitarios sino que emerge naturalmente en sociedades libres” (”atheism which is not state-enforced through totalitarian regimes but emerges naturally among free societies”). Hay tres cuestiones ideológicas complejas ahí: (a) ¿Cuándo y de qué maneras fuerza o no un Estado a que la gente crea o no crea en Dios?; (b) ¿Qué es emerger naturalmente?; (c) ¿Qué son sociedades libres? Sin entrar en excesivas consideraciones metafísicas, yo creo que cuando en una sociedad se empiezan a repetir los mismos patrones de conducta en toda un área de la población cabe sospechar que hay algún condicionante. Y esa clase de patrones abundan en el mundo consumista occidental; cosas como la edad de las primeras relaciones sexuales, el porcentaje de abortos voluntarios, el uso de drogas y sustancias psicotrópicas, las estadísticas de suicidio o vandalismo. Ciertamente el Estado no está mandando que eso se haga pero el hecho de que todo eso suceda apunta a que consideremos otras fuerzas de ingeniería social que seguramente están incidiendo, como por ejemplo, el casi omnipotente Mercado.
  3. Por supuesto, como católico, me llama la atención que Zucherman no analiza la relación, por demás obvia, entre pasado protestante y presente ateo. De hecho, se puede argumentar que, aparte de los países donde el ateísmo ha sido impuesto por el Estado, los únicos lugares donde el ateísmo florece es aquellos en los que el protestantismo tiene siglos de preeminencia. A menos que uno quiera decir que la razón por la que las naciones “libres” y “socialmente en buena salud” se vuelven ateas es porque el protestantismo las ha vuelto primero libres y saludables. Pero por supuesto eso no está demostrado por Zucherman y tratar de explicarlo implica de hecho una serie de cuestiones históricas complejas. Ciñéndonos a los hechos, sin embargo, lo que hay que decir es sencillo: hay una línea que une “yo fundo mi iglesia,” “yo puedo creer en Cristo sin pertenecer a ninguna iglesia” y “yo no necesito creer para ser plenamente humano.” Si esto es correcto, y parece bien sensato afirmarlo, el protestantismo es la raíz del ateísmo europeo. Y de la concepción vital que ha nacido de ahí, es decir, de ese cristianismo secularizado, ha brotado la idea de que se pueden sostener algunos de los valores centrales que el cristianismo trajo a Europa pero ya sin su raíz. Tal idea ha pasado después a los países de mayoría católica, como Italia o España.

En otro sentido, alabo la honestidad de Zucherman cuando reconoce, con las cifras por delante, que el ateísmo como tal no está creciendo sino retrocediendo en el mundo. Es la misma conclusión a que llegan otros autores como el ya citado McGrath. Pero Zucherman va más allá cuando dice, hacia el final: “a lo largo de buena parte del mundo–particularmente en las naciones con alta natalidad–el ateísmo es apenas discernible.” Eso es bien cierto. He aquí otra cosa interesante para estudiar: las sociedades saludables y libres se vuelven ateas y a la vez disminuyen de tal modo sus tasas de nacimiento que pronto empiezan a depender de fenómenos de migración. Hay así un doble movimiento: desde las sociedades fuertes, liberales y educadas del Norte y del Occidente nace una corriente de ateísmo y agnosticismo que primero las baña a ellas y luego se desborda hacia el Sur y el Oriente; a la vez, del Oriente han venido y vienen los movimientos espirituales que seducen a los materialistas super-desarrollados del Occidente, y del Sur emigran las masas creyentes que buscan entrar, como sea, a acceder a las posibilidades de las que han estado privados. ¿Qué dirá de Dios? ¿No será que “el que habita el en el Cielo sonríe”?

Fuente: Fray Nelson

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