De sonetos, leyes y Quijotes
Por BERNALDO BARRENA

Calma total. La SGAE lleva una semana con la patita en harina, mientras el Gobierno dora la píldora a nacionalistas y populares para aprobar la Ley Sinde. Años después de insultar a los internautas, medrar para imponer el canon e intentar recaudar derechos de autor en obras benéficas, la sociedad promete novedades como transparencia, cuentas claras o no denunciar a los usuarios que descarguen sin lucrarse. Y la paz en el mundo.
Casi al mismo tiempo, Ángeles Gonzalez-Sinde cita el Quijote y un trámite legal de 1604 para razonar sobre la regulación de las descargas en el siglo XXI, mientras recuerda que la red es una colección de jóvenes hastiados y señoras de Facebook de vida insatisfecha y vacío en los corazones. Todo preparado para violar la separación de poderes, resucitando la ley zombi que estaba de parranda.
La cultura es don que no encarna bien en billetera o tarjeta de crédito; no es propiedad de mercados, sino de corazones. La copia, esa palabrota tan obscena que ulcera a los artistas de cartón, es el pulmón que ha insuflado vida a todas las artes.
La industria siempre querrá más entrañas, así que hagan carpe diem como en el Soneto XXIII de Garcilaso: “coged de vuestra alegre primavera/el dulce fruto antes que’l tiempo airado/cubra de nieve la hermosa cumbre”. Y si lo quieren más carnal, prueben a Góngora y gocen “cuello, cabello, labio y frente”, antes de que todo se vuelva “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”. No era plagio, era cultura de la inspiración. Panda de copietas.


