El mundo está loco

El puto negocio del oro en el Congo

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El oro fluye entre Congo y Uganda

Desprovista de un Estado capaz de imponer su autoridad, la República Democrática del Congo soporta que su principal recurso actual, el oro, sea explotado por verdaderos “señores de la guerra”, ante la impotencia de un pequeño destacamento de Naciones Unidas y pese a las denuncias de las organizaciones de derechos humanos internacionales. La sostenida demanda internacional dificulta la solución del conflicto.

La aldea de Mongbwalu, en Ituri, al noreste de la República Democrática del Congo (RDC), parece del Lejano Oeste: una única calle polvorienta bordeada por cafés que parecen saloons; un hotel pulguiento con el cartel abollado; bandas de jóvenes motociclistas que contemplan el ir y venir de los peatones, como si esperaran, de un momento a otro, el comienzo de un duelo. El paralelo no es nada exagerado: aquí, al igual que en las ciudades-hongo de la carrera hacia el oro en Estados Unidos, toda la actividad gira en torno a ese metal precioso.

Ituri está situada en el centro mismo de una de las zonas auríferas más importantes del planeta 1. Varios quintales de oro se extraen cada mes de las minas artesanales diseminadas en torno a la aldea perdida que es Mongbwalu. Luego de ser transportado ilegalmente hacia la vecina Uganda, el metal es exportado a Europa, en particular a Suiza. Las cuantiosas ganancias que genera despiertan múltiples codicias y están en el origen del conflicto que desde 1997 baña de sangre a la RDC y a esta región 2.

Un "escándalo geológico"

El subsuelo colmado de minerales del ex Zaire, ese gigante de África, le ha valido el mote de "escándalo geológico". Mongbwalu se convirtió en una especie de "Klondike tropical" desde que en 1982 el dictador Mobutu Sese Seko liberalizó la extracción del metal precioso en algunas zonas del país. Miles de mineros febriles e improvisados se lanzaron a un "negocio" que nunca se interrumpió, ni siquiera en los momentos más trágicos de la guerra. Cada día, a primera hora de la mañana, esos mineros abandonan la aldea a bordo de 4×4 destartaladas, toman un camino de tierra lleno de baches y se dirigen hacia los predios de explotación. Llegados a destino, se dividen en equipos y comienzan a excavar, conformando una gigantesca colmena en la que cientos de hombres se afanan adentro de unas celdillas de barro. Sumergidos hasta la cintura, algunos excavan a un ritmo desenfrenado y depositan la tierra en cubas de plástico, que otros se van pasando, enganchados a ambos lados del talud, como minúsculos eslabones de una frenética cadena de montaje.

Cada equipo trabaja por su cuenta: el polvo desecado y las piedras llegan sobre un tamiz, encima de un charco de agua. Primero hay que buscar polvo de oro. Luego, con la esperanza de ver aparecer las preciosas vetas, las piedras más prometedoras son pulverizadas a mazazos. "Hay que conocer para saber dónde cavar", comenta Étienne, que pasó al menos diez años en las colinas de Mongbwalu. Lo rodea un grupo de jóvenes obreros que escrutan cuidadosamente pequeños trozos de piedra que quedaron en el tamiz, en busca de algunas pepitas. Prosigue Étienne: "Hoy no tuvimos suerte. Pero estoy seguro de que después nos va a ir mejor. Si damos con un buen pedazo, lograremos ganar cinco dólares cada uno".

En lo alto del talud, se destacan los vestigios de una contrucción metálica: es lo que queda de la "fábrica", la empresa pública dedicada a la extracción de oro de la región de Kilo-Moto, cuya puerta de entrada es Mongbwalu. La actividad estaba en su punto culminante cuando Ituri estaba bajo control del gobierno de Kinshasa, en tiempos de Joseph Mobutu. En esa época, los frutos de la venta iban directo a los bolsillos del dictador zaireño, permitiéndole acumular tranquilamente fortunas en los bancos extranjeros. Fue inmediatamente después de su caída, en 1997, cuando empezaron los enfrentamientos para dominar este riquísimo pedazo de tierra.

La región de Kilo-Moto constituye uno de los más importantes focos de inestabilidad de la región de los Grandes Lagos. Su extraordinario potencial -es la zona aurífera más extendida del continente- suscitó la codicia de los principales actores de la "primera guerra mundial africana" 3: en 1998, tras la invasión del país por Ruanda y Uganda, la región fue ocupada por las fuerzas de Kampala, que transportaban directamente el oro a su país en avión.

Ruanda contra Uganda

Cuando en 2003 las tropas extranjeras tuvieron que abandonar el país, tras los acuerdos de Sun City (Sudáfrica), la región se convirtió en escenario de violentos combates entre la Unión de los Patriotas Congoleños (UPC), apoyada por Ruanda, y el Frente de los Nacionalistas e Integracionistas (FNI), vinculado a Uganda. Los enfrentamientos habrían causado 60.000 muertos, a pesar de las tímidas intervenciones de la Misión de Naciones Unidas en el Congo (MONUC), presente en el lugar desde 1999. La mina había caído en manos de la UPC y luego fue recuperada por el FNI, que sigue considerándola su feudo.

Entre otras cosas, los milicianos están acusados de someter a los obreros a trabajos forzados. Según un reciente informe de la ONG Human Rights Watch, el FNI se quedaría con una parte del oro extraído y exigiría de los mineros un dólar por día para poder trabajar en las minas 4. Los combatientes lo niegan terminantemente: "La paz es un hecho, nuestros hombres depusieron las armas. Todos los obreros trabajan por su propia cuenta y para el bienestar general del país", afirma Iribi Pitchou Kasamba. Pequeño pero fornido, se ha convertido en el jefe del movimiento luego de que el presidente del partido, Floribert Ndjabu, fuera detenido en marzo de 2005 en Kinshasa, acusado de haber ordenado la muerte de nueve cascos azules bangladeshíes asesinados en Ituri en febrero de 2005. Rodeado por sus "lugartenientes" en los accesos al predio de explotación, Kasamba, que inspira en los mineros una mezcla de miedo y respeto, califica las acusaciones de la ONG estadounidense como "naderías". "El único dinero que recibimos -agrega-, son los 8.000 dólares que AngloGold Ashanti nos entregó de un modo completamente voluntario." La gran empresa sudafricana, que consiguió los derechos de extracción sobre una concesión de 10.000 kilómetros cuadrados alrededor de Mongbwalu, fue acusada recientemente de haber coimeado a los rebeldes.

No obstante, desde 2003, el embargo dispuesto por Naciones Unidas prohíbe todo apoyo a los grupos armados en la RDC 5. Los dirigentes de la empresa afirman haber sido obligados a cometer esta infracción para garantizar la seguridad de sus empleados. Pero el escándalo opacó aun más la reputación de la empresa que alardea, además, de una política "ética" inspirada en la "responsabilidad empresaria" 6. De todos modos, AngloGold Ashanti todavía no inició el trabajo de extracción en su concesión. Y la explotación se está realizando hoy artesanalmente, con la ayuda de palas y tamices.

Los compradores

Cerca del predio, una multitud de hombres equipados con balanzas de mano se prepara para comprar. A su alrededor se apiñan los buscadores de oro más afortunados, que con una sonrisa en los labios aprietan en sus manos el pequeño botín. Empieza la transacción: el polvo de oro se coloca sobre un calentador de carbón y se mezcla con ácido nítrico para que se desprendan las impurezas. Una vez terminada esta operación, el oro que queda se pesa y se compra. El precio ronda los 10 dólares el gramo. La cotización varía según el mercado y aumenta a medida que nos alejamos de la zona de extracción. En Bunia, capital de Ituri, el oro vale 11,5 dólares el gramo. Los pequeños compradores que esperan en el predio, así como las decenas de otros compradores que se apiñan en la calle principal de Mongbwalu, trabajan para intermediarios instalados en Bunia y Butembo, en la provincia vecina de Kivu del Norte.

Una multitud de pequeños oficios se insertan en la explotación de la mina: mujeres que venden frutas, papas y arroz; motociclistas que trasladan pasajeros entre el predio de extracción y el centro de Mongbwalu; un grupo abigarrado de músicos, que parecen saber manejar mejor el fusil que la guitarra, vigila abiertamente las idas y venidas. El sistema de gestión de la facturación parece bien aceitado: en efecto, el FNI recibe aparentemente un diezmo sobre las ventas. Pero esto resulta difícil de probar: la simple presencia del presidente del partido, Iribi Pitchou Kasamba, constituye un eficaz método de disuasión. Nadie dice una palabra.

Sólo más tarde, y a condición de preservar su anonimato, un poblador de Mongbwalu aceptará darnos su propia versión: "En la fábrica y en las otras minas situadas cerca de la aldea el FNI se limita a ejercer un tímido control. Desde la llegada de los cascos azules los milicianos tuvieron que ponerse más discretos. Pero basta alejarse unos kilómetros para volver a encontrar las viejas prácticas: trabajo forzado, confiscación del oro, hostigamiento".

Misión de la ONU

Los 140 soldados paquistaníes de la MONUC 7 llegados en abril de 2005 y encargados del desarme de los milicianos pretenden ser aun más discretos que los combatientes. Permanecen confinados en su campamento a la salida de la aldea y se limitan a efectuar algunas patrullas. Uno de los responsables del contingente confiesa, por lo demás, "no saber muy bien qué pasa allá en las minas".

En la sede de Bunia nos confirman sin esfuerzo esta situación: "En teoría, la MONUC podría vigilar el tráfico de los recursos -estima Karin Volkner, "funcionaria de asuntos políticos" de la Misión-, pero en realidad no tenemos los medios materiales para ejercer tal control. En Mongbwalu sólo hay un contingente militar. Tenemos la intención de enviar un grupo de civiles, pero por el momento sólo hemos realizado misiones exploratorias". Involucrados a veces en operaciones brutales, y en el apoyo al proceso electoral que se supone debe poner fin al período de transición 8, los hombres de la MONUC no se ocupan mucho del tráfico, que sin embargo se desarrolla ante sus narices.

Es que en Bunia el polvo de oro se vende a plena luz del día. En esta ciudad devastada por la guerra y la miseria, donde miles de refugiados siguen amontonándose en un campo cercano al aeropuerto, el comercio del metal amarillo constituye la única actividad económica posible. En los dos mercados locales, casi todo el mundo parece entregarse a él. Algunos lo hacen ostensiblemente; sus pequeñas tiendas llevan carteles: "Aquí compra de oro". Otros se muestran más discretos. Sin embargo, la presencia de una balanza de mano y una botella de ácido nítrico permite adivinar la realidad.

Según el código minero congoleño adoptado en 2002, hay que tener una autorización, emitida por las autoridades centrales, para cualquier compra de oro al por menor 9. Pero en esta región, donde el Estado no existe, nadie parece hacerse problema por eso. "Ituri padece la falta de instituciones -deplora Volkner-. El gobierno de Kinshasa, que está muy lejos, siempre se preocupó poco por las poblaciones del Este. Por encima del mercado, algunos ministros están directamente implicados en el tráfico de materias primas y no tienen ningún interés en instaurar la paz en la región."

El circuito del oro

Todo el comercio descansa sobre un circuito bien organizado de mineros artesanales, compradores e intermediarios. Un puñado de hombres de negocios compra el oro de los comerciantes de la ciudad, y se encarga de transportarlo a escondidas a Kampala. El contrabando utiliza los medios más diversos (camiones; 4×4; motos; piraguas que cruzan el lago Albert), apostando a la ausencia casi total de controles en la frontera congoleña. Paulatinamente, la cantidad de actores implicados se reduce. En la capital ugandesa, sólo tres empresas, cuyos administradores son de origen indio, se ocupan de la compra de oro. La más importante de ellas, la Uganda Commercial Impex Ltd. (UCI) 10, tiene su sede en el suburbio de Kamutckia, a una media hora en auto del centro de la ciudad.

Dice el propietario, Jamnadas Vasanji Lodhia: "Nosotros compramos cerca de 350 kilos de oro por mes, por un total de 5 millones de dólares. Y nuestros proveedores son siempre los mismos: seis o siete congoleños, de Bunia y Butembo". El más conocido de ellos es sin duda Kambala Kisoni, propietario de la Congocom Trading House y de un pequeño avión Antonov que, bajo la enseña de "Butembo Airlines", asegura una conexión casi diaria entre Mongbwalu y Butembo. Naciones Unidas lo acusa de haber violado el embargo reiteradamente: según los expertos de la ONU, habría facilitado el transporte de armas y personal del FNI a Mongbwalu 11. Contactado telefónicamente, Kisoni rechaza toda acusación: "Nos consideran cómplices de los rebeldes. En realidad, somos rehenes de los integrantes del FNI, que actúan como dueños absolutos de la región. Nos obligan a pagar 60 dólares por cada aterrizaje en Mongbwalu. Esperamos que las fuerzas armadas congoleñas puedan recuperar el control de la región y restablecer el orden".

Kisoni no niega que exporta oro sin autorización del Ministerio de las Minas de Kinshasa, pero se justifica: "Se ha vuelto peligroso exportar con licencia. Teniendo en cuenta la corrupción de los aparatos del Estado, corremos el riesgo de perder todo. Hace tiempo teníamos una licencia, pero nos robaron tres veces nuestro cargamento de oro. Y sabemos que los ladrones estaban vinculados al gobierno". Según el empresario congoleño, Congocom no es más que un banco informal: "Aquí el oro es una moneda de cambio. Con el de nuestros clientes, compramos mercancías que ellos después venderán al Congo. Los compradores de Kampala, como Uganda Commercial Impex, se ocupan de abrir las líneas de crédito en las grandes empresas que proveen los productos a nuestros clientes. Nosotros nos limitamos a trabajar como intermediarios entre los comerciantes del Congo oriental y las sociedades ugandesas".

En Kampala, el oro que compra la UCI es fundido en la sede de la compañía. Los pequeños lingotes son enviados después una vez por mes a la Metalor Technologies S.A. de Neuchâtel (Suiza), una de las principales empresas europeas de metalurgia preciosa. Así y todo, desde junio de 2005 el mercado parece bloqueado: luego de la publicación del informe de Human Rights Watch, la compañía suiza decidió detener las importaciones. El dueño de Uganda Commercial Impex, furioso, no mide sus palabras: "Este comercio existe hace un siglo. Me cuesta entender por qué hacen tanta historia con esto. Nos acusan de violar las riquezas del Congo, pero nuestros proveedores no dejan de ser congoleños, que con el dinero que les damos compran mercaderías para revender en su país, donde no hay nada. No compran armas sino azúcar, café, mantas y ropa. ¿Para qué comprarlas, por otra parte? El Congo está lleno de armas. Económicamente, es lo que menos rinde".

Contrabando legalizado

Lodhia dice no saber nada sobre los presuntos vínculos de sus proveedores con los grupos armados de Ituri. Afirma conocer Bunia y Butembo, pero no haber ido nunca a Mongbwalu. "Una que otra vez he ido a ver a nuestros clientes del este del país -asegura- pero nunca visité las minas." Nos muestra los libros de su compañía, donde están registrados los millones de dólares de transacciones efectuadas con sus clientes congoleños: el dinero está en gran parte colocado en cuentas bancarias off-shore en la isla Mauricio o en Hong-Kong. "Nuestros proveedores no confían para nada en los bancos locales -explica-. Ponemos el dinero en las cuentas que ellos nos indican. Lo cual es conforme a la ley."

En efecto, este comercio es totalmente legal: el Estado ugandés no exige certificados de origen. Se limita a percibir un derecho del 0,5% sobre las exportaciones de oro y una contribución de 1.200 dólares por año por una licencia. En teoría, el metal importado del exterior debería ser declarado cuando entra al país. Pero es tan fácil cruzar la frontera ugando-congoleña que nadie se toma el trabajo de pasar por la aduana.

Las cifras delatan la magnitud del tráfico: en 2003, el valor de la producción aurífera local se elevaba a 23.000 dólares, el oro oficialmente importado a 2.000 dólares y el exportado… a 45 millones de dólares. Según los mismos datos provistos por el Ministerio de Energía y Desarrollo Minero de Kampala, Uganda produjo, ese mismo año, 40 kilos de oro y exportó… más de cuatro toneladas. En 2002, la producción oficial se elevaba a 2,6 kilos, para una exportación de 7,6 toneladas 12.

Debido a esta gigantesca operación de contrabando legalizado, el oro es la segunda fuente de exportación ugandesa, después del café. "¡Es un secreto de pacotilla!", se enfurece Lodhia. "Todo el mundo sabe que el oro de Kampala viene del Congo. Además, en el ex Zaire, sobre todo en el este, el Estado no existe y no hay ningún control. Siempre ha sido así, desde la época de Mobutu." Efectivamente, Uganda se convirtió en el pivote del oro congoleño desde 1994, cuando el gobierno de Kampala decidió quitar al Banco Central el monopolio de compra del metal precioso, eliminar los elevados derechos de exportación (entre el 3 y el 5%), y flexibilizar la reglamentación impuesta hasta ese momento a las sociedades comerciales. Anteriormente, el oro de Ituri transitaba por Kenya, donde el comercio ya había sido liberalizado. El mismo Lodhia admite haber pasado de Nairobi a Kampala. "Desde el punto de vista logístico, es mucho más simple trabajar desde Uganda: está más cerca de la RDC y además las condiciones de seguridad son excelentes aquí", explica el empresario indio.

En el trayecto que lleva desde las ciudades congoleñas a la capital ugandesa, el valor del oro aumenta: la Uganda Commercial Impex lo compra a 13,5 dólares el gramo. El precio de venta en el exterior varía según las oscilaciones de los mercados internacionales. "Pero nosotros trabajamos sobre la base de un margen de beneficio del 0,5%", precisa Lodhia. Y agrega: "La explotación del oro es el modo de ganarse el pan de miles de personas del este del Congo. Esos militantes de Human Rights Watch se esfuerzan en presionar para detenerla, pero se inspiran en una ideología que acaba por atacar precisamente los intereses de las personas que querrían defender. Yo pierdo dinero, pero no me muero de hambre. Si los suizos no compran más y no encuentro otras salidas, en poco tiempo voy a tener que dejar de comprar."

La solución ideal

Desde los mineros artesanales de Mongbwalu hasta los grandes comerciantes de Kampala, pasando por los intermediarios de Bunia y Butembo, efectivamente son miles los actores implicados en este tráfico. Si bien es indiscutible que la explotación del oro ha sustentado -y sigue sustentando- a los grupos armados del este de la RDC, sería difícil ponerle fin mediante embargos o prácticas de ese tipo. Más aun porque cuesta imaginar quién se haría cargo de la aplicación de esas medidas. Un grupo de expertos de la ONU considera por otra parte que "dada la superficie del país, una prohibición total de la exportación de los recursos naturales de la RDC sería una medida extremadamente costosa y difícil de aplicar" 13. Según ellos, la solución ideal sería un sistema de "trazabilidad" que permita detener el contrabando hacia Uganda. Pero semejante mecanismo, aplicado para los diamantes con el proceso Kimberley 14, todavía no ha sido implementado para el oro.

Según Enrico Carisch, experto financiero de Naciones Unidas, "el único modo de impedir que los señores de la guerra se lleven sus ganancias sería presionar a los gobiernos de la región para que pongan término al régimen de impunidad; en particular, los ugandeses deberían normalizar el comercio bilateral con el Congo. De todos modos, para hacerlo es necesario que el gobierno de Kinshasa recupere, con la ayuda de la comunidad internacional, el control del este del país". En una región donde el Estado está ausente y donde el oro sigue siendo la única fuente de ingresos para la mayoría de la gente, no es fácil imaginar que puedan modificarse así nomás los mecanismos de explotación, teniendo en cuenta, además, que existe una demanda internacional sostenida.

  1. La Constitución de 2005 (artículo 2) prevé que las 11 regiones actuales de la República Democrática del Congo se dividirán en 26 provincias. Ituri, que hoy forma parte de la región de Kivu del Norte, se convierte en una provincia con plenos derechos, con Bunia como capital.
  2. Colette Braeckman, Les Nouveaux Prédateurs. Politique des puissances en Afrique centrale, Fayard, París, 2003, y "Guerre sans vainqueurs en République démocratique du Congo", Le Monde diplomatique, París, abril de 2001.
  3. Mwayila Tshiyembé, "Dura transición en el Congo", Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2003.
  4. Human Rights Watch (HRW), Democratic Republic of Congo. The Curse of Gold, 2005.
  5. "Gold group admits militia cash ‘errors’", The Financial Times, Londres, 2-6-05.
  6. www.ashantigold.com
  7. El efectivo total de la MONUC, al 30-6-05, es de alrededor de 15.490 soldados, 703 observadores militares, 231 policías civiles, 747 "personal civil internacional", 1.209 "personal civil local" y 436 voluntarios de la ONU. El mandato de la misión, que debía terminar el 1-10-05, se prorrogó hasta el 30-9-06.
  8. Las elecciones generales previstas para el 30-6-05, que debían marcar el fin de la transición, fueron postergadas y con seguridad no tendrán lugar antes de junio de 2006.
  9. Human Rights Watch, op. cit., págs. 98-99.
  10. Las otras empresas son Machanga Ltd. y Bhimji Ltd.
  11. Informe del grupo de expertos sobre la República Democrática del Congo, Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Nueva York, 25-1-05.
  12. Cifras provistas por el Ugandan Bureau of Statistic, mencionadas en "Banks ‘handling smuggled gold proceeds’", The Financial Times, Londres, 2-6-05, así como en HRW, op. cit.
  13. Informe del grupo de expertos sobre la RDC, Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Nueva York, 26-7-05.
  14. El sistema de certificación del Proceso Kimberley, lanzado en 2003, obliga a todo Estado productor a emitir un certificado de origen de sus diamantes.

Autor: Stefano Celiberti

Fuente del texto: Insumisos

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