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Explotación sexual infantil

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Hoy en día, a pesar de la escasez de información y estadísticas existentes, se calcula que existen más de dos millones de menores explotados sexualmente, en el sudeste asiático y América Latina, principalmente de sexo femenino.

Una vez introducido en el mercado del sexo, el menor tiene cada vez mayores problemas para encontrar fuentes de ingreso alternativas, ya que la falta de una formación adecuada, las posibles enfermedades contraídas o el estigma social que implica haber trabajado en el comercio sexual suponen grandes obstáculos parareinsertarse en la sociedad con un trabajo digno.

Esta lacra se ve favorecida no sólo por los clientes procedentes de los conocidos como “paraísos del sexo” sino también por el denominado turismo sexual. En el año 1980, diferentes organizaciones no gubernamentales internacionales comenzaron a utilizar este término para denunciar el tipo de turismo que se estaba desarrollando, principalmente en el sudeste asiático y América Latina, y que promocionaba valores como el hedonismo y el ejercicio de actividades relacionadas con el sexo. Desde entonces, el turismo sexual ha crecido tan rápidamente que ha llegado a convertirse en un negocio lucrativo en el que están involucradas miles de personas. Anualmente, supone una fuerte contribución al empleo y una importante entrada de ingresos en los países donde se desarrolla. Incluso las diferentes autoridades gubernamentales reciben beneficios económicos: unas veces legales, derivados de tasas de licencia e impuestos con los que se gravan hoteles, bares, restaurantes y casas de juego; y otras veces, ilegales, procedentes de sobornos. Pero este beneficio sólo es efectivo a corto plazo, ya que si se permite que parte de la población infantil sufra toda clase de abusos y explotación, ésta verá hipotecado su futuro por falta de formación, oportunidades... lo que a largo plazo repercutirá en el bienestar y la economía del país.

Por otro lado, la fuerte crisis económica y el inminente aumento del desempleo que se vive en los países afectados están fomentando los factores socio-económicos que impulsan la industria del sexo: pobreza, falta de formación, desestructuración familiar...

En definitiva, estamos ante un problema provocado por el propio ser humano, que afecta a menores, personas que no pueden elegir, indefensas ante las estructuras montadas y los intereses implicados en el sector del sexo.

La explotación sexual perjudica seriamente su normal desarrollo y conculca su derecho a disfrutar de una vida digna, feliz, provechosa y socialmente útil. Puede provocar trágicas consecuencias que interfieren en el correcto desarrollo físico, psicológico, espiritual, moral y social de las víctimas. Sus secuelas pueden permanecer presentes durante largo tiempo y necesitarán de ayuda especializada para superarlas con éxito. Gran parte de ellos difícilmente encontrará un trabajo digno o volverá con su familia. Su vuelta a una vida digna y la recuperación de su autoestima resultará muy difícil

Causas de la explotación sexual infantil Generalmente son varios los factores que llevan a que un menor termine siendo víctima del comercio sexual. La pobreza, la desigualdad y los problemas relacionados con las deudas contraídas por los padres siguen siendo las principales causas, aunque no las únicas.

También hay situaciones en las que la víctima es engañada bajo falsas promesas de empleo o es secuestrada por mafias que se dedican al tráfico sexual infantil. En otras ocasiones, la única forma de vida que ha conocido el menor se basa en todo lo que rodea al mundo de la prostitución, ya que su familia vive del mercado del sexo, por lo que sigue su mismo camino, sin tener opción a elegir.

El cambio de valores y actitudes que se está imponiendo -la globalización y el consumismo- ha originado que haya niños que vendan su cuerpo a cambio de artículos de consumo como camisetas, zapatillas de deporte o aparatos electrónicos. La posesión, el tener, se ha convertido en uno de los valores más importantes. El sexo se ve como una forma de libertad, que permite acceder a todas esas comodidades materialistas.

Otras causas son la drogadicción -la prostitución como vía de pago-, la desmembración de la familia... una suma de factores que conducen al menor a las redes de la prostitución. A pesar del estigma y los peligros que conlleva, el trabajo sexual está mejor retribuido que la mayoría de los empleos asequibles para las mujeres jóvenes que, mayoritariamente, carecen de educación y formación.

Sin embargo, esta oferta de menores no tendría razón de ser si no existiera una creciente demanda por parte de un importante número de clientes. Si bien es cierto que gran parte de estos clientes son locales, el problema se ve incrementado por la cantidad de turistas sexuales que, aprovechando su superioridad económica, el anonimato y la impunidad que no encontrarían en sus países de origen, viajan al sudeste asiático y a América Latina con el propósito de mantener relaciones sexuales con menores.

En un intento de evitar que se produzca este tipo de abuso, se está promoviendo el uso de legislaciones de carácter extraterritorial, lo que permite a un gobierno procesar a sus ciudadanos por delitos contra la infancia cometidos en cualquier lugar fuera de su país de origen. Hasta la fecha, al menos 32 países -entre ellos España- han adoptado legislaciones extraterritoriales para combatir delitos contra a la infancia.

Sin embargo, resulta muy complicado probar que un ciudadano ha mantenido relaciones sexuales con menores durante unas supuestas vacaciones. Un obstáculo legal en el que continúan escudándose miles de depravados.

Los destinos de los turistas que explotan sexualmente a niños y niñas varían constantemente. Así, en caso de que un país decida combatir activamente esta atrocidad, los explotadores viajarán a otro más permisivo con sus pretensiones. Tailandia es un claro ejemplo de esta nueva tendencia. Los turistas que habitualmente viajaban a este país, ante la reciente aplicación de leyes que protegen a los menores, tienden ahora a desplazarse a la vecina Camboya, menos restrictiva en este aspecto.

El miedo al sida es otro de los factores que ha provocado un aumento de la explotación sexual infantil. Para evitar -en lo posible- el riesgo a contraer la temida enfermedad, cada vez se reclaman chicos y chicas más jóvenes y, a ser posible, vírgenes. Una idea equivocada, ya que los menores tienen mucho más riesgo de contagiarse que una persona adulta porque sus organismos son más vulnerables, tienen un menor acceso a la información sobre los riesgos, medios de prevención y consecuencias del sida, además de no tener capacidad para negociar prácticas sexuales menos peligrosas con los clientes

Situación en el Sudeste Asiático y en Sudamérica

Sudeste asiático

El impago de las deudas económicas adquiridas por sus padres suele ser el motivo que empuja a muchas niñas del sudeste asiático a entrar en el mundo de la prostitución. Los proxenetas ofrecen préstamos a las familias, principalmente del medio rural. Si no pueden hacer frente a los pagos, deberán hacerlo las hijas en su lugar. Sometidas a una situación crítica, tardarán muchos años en conseguir eldinero suficiente para ganarse su libertad, ya que la deuda se ve incrementada al añadir los gastos de alojamiento, comida, transporte...

Por otro lado, la pobreza, la falta de formación y -por tanto- de oportunidades para los menores, la ancestral tradición de entregar a las niñas a cambio de dinero, unida a la reciente llegada del progreso y consumismo al medio rural, ha llevado a muchos padres a vender a sus hijas directamente a mafias que trafican sexualmente con menores, por cantidades que no suelen superar los 100 Euros.

Se estima que en torno a 650.000 menores son explotados en Filipinas, 400.000 en la India, 200.000 en Tailandia... y la lista continúa. En Tailandia, la prostitución factura el 15% del Producto Interior Bruto (PIB), y se calcula que un tercio de las mujeres que se dedican a esta actividad son menores de edad. En Camboya y Vietnam las cifras se repiten.

El tráfico de menores con propósitos sexuales, se produce siempre bajo un denominador común: el país de origen es más pobre que el de destino. Así, Nepal, Bangladesh, China, Vietnam y Camboya exportan menores a la India, Tailandia, Filipinas... quienes a su vez hacen lo propio a Japón, Australia y Estados Unidos. Estos niños se encuentran entonces en un país extranjero, donde no conocen las leyes ni el idioma, sin documentación y, por lo tanto, indefensos

Sudamérica

La situación de precariedad económica que padece buena parte de la sociedad latinoamericana es la principal causa de esta problemática. La miseria en la que se halla sumido el 43% de la población, deriva en una carencia de oportunidades que, en ocasiones, lleva a la desesperación a quienes la padecen. El problema se ve agravado por la cantidad de menores que han sido abandonados por sus padres, que han huido de su hogar debido a los malos tratos y abusos recibidos, que se han quedado huérfanos... Como consecuencia de esta realidad, más de 40 millones de ellos tienen como único hogar la calle. Esta situación de precariedad es aprovechada por las mafias que trafican con menores, que se fijan en los llamados “niños de la calle” para captar a sus víctimas. Por lo tanto, parte de estos niños se dedican a la prostitución, para conseguir dinero y alimentos; y consumen drogas, en un intento de evadirse de su sufrimiento.

Asimismo, se ha detectado una relación directa entre el trabajo doméstico y la explotación sexual infantil. Las ofertas de empleo en el servicio doméstico son a menudo utilizadas como tapadera para captar niños y adolescentes que, posteriormente, serán forzados a prostituirse.

Al igual que ocurre en el sudeste asiático, el flujo de tráfico sexual de estos menores tiene como origen los países más pobres de América Latina y como destino los más prósperos. Estos, a su vez, exportan menores a Europa y Estados Unidos.

Hasta ahora, la lucha por parte de los gobiernos contra la explotación sexual infantil no es todo lo contundente que debiera. De hecho, únicamente 4 países (Argentina, Brasil, la República Dominicana y El Salvador) han elaborado planes nacionales de lucha contra la explotación sexual infantil

Fuente del texto: Avizora

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