El mundo está loco

En Libia hay que proteger a la población civil

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La tensión sigue escalando en Libia y la situación de la población civil sigue siendo preocupante. Los disturbios y la represión ya han ocasionando cientos de víctimas y miles de personas han tratado de abandonar el país. La resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobada el pasado 17 de marzo hace un gran énfasis en la protección de la población civil y ésta debe ser la prioridad de todas las fuerzas en el conflicto, tanto las libias como las fuerzas internacionales.

Cientos de personas ya han perdido la vida en las últimas semanas en Libia por la represión y la violencia. Ahora, además, ante la intervención militar de las fuerzas internacionales, Amnistía Internacional pide a todas las partes en el conflicto que respeten las leyes de la guerra para que la violencia en Libia no siga ocasionando más víctimas entre la población civil. La población libia debe ser su máxima prioridad y debe ser protegida por encima de cualquier otra consideración, sus vidas no deben ser puestas en riesgo. Además hay que garantizar que quienes deseen salir de Libia puedan cruzar las fronteras sin riesgos y sin discriminación, ya que son especialmente preocupantes las informaciones que han llegado de migrantes originarios del África Subsahariana, a quienes se les ha negado la oportunidad de abandonar el país.

Además es importante hacer saber a las autoridades libias y a todos los causantes de la crisis humanitaria que las violaciones de derechos humanos no quedarán impunes; que se les hará rendir cuentas, y que se les obligará a afrontar las consecuencias de sus actos. La comunidad internacional debe hacer todo lo posible para que los responsables de la violencia y la represión sean llevados ante la justicia además de ofrecer todo su apoyo a quienes deseen salir del país.

Ayúdanos a que el gobierno de España tenga en cuenta estas consideraciones en lo que concierne a su postura sobre la situación en Libia.

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Familias libias relatan la pesadilla que están viviendo

Donatella Rovera, investigadora de Amnistía Internacional para la situación de crisis. - Bengasi (Libia), 18 de marzo de 2011

Ayer conseguí hablar por teléfono con una familia a la que conocí la semana pasada, cuando estuve en Ajdabya, población situada a unos 160 km al oeste de Bengasi atacada por las fuerzas militares del coronel Gadafi en los últimos días. La ofensiva continuaba aún, las líneas telefónicas habían estado cortadas y había sido imposible contactar con nadie de la ciudad.

La familia me dijo que se habían refugiado en el desierto, a unos 40 km al este de Ajdabya. Estaban muy afectados y asustados. Dijeron que las fuerzas del coronel Gadafi habían estado bombardeando con intensidad y que no sabían si su casa seguía en pie.

También dijeron que cuando huían de la ciudad habían visto cadáveres en las calles.

Lo mismo me contaron otras familias que habían huido. Aunque no he tenido la posibilidad de verificar estos relatos de forma independiente, sin duda son convincentes. Tampoco se puede saber si los cadáveres pertenecían a combatientes contrarios al coronel Gadafi o a residentes fallecidos a pesar de que no participaban en ningún combate.

Conocí a la familia que ahora está refugiada en el desierto hace dos semanas, en uno de los hospitales de Bengasi, donde atendían a su hijo de 17 años, Yousef, que cursa el último año de secundaria. Las fuerzas de seguridad del coronel Gadafi habían disparado a Yousef en la cabeza en el centro de Ajdabya hacia las 16.30 del 17 de febrero, primer día que hubo manifestaciones por las libertades civiles, las reformas políticas y la democracia en muchas ciudades de Libia, inspiradas sin duda por las recientes protestas populares de los vecinos Túnez y Egipto.

El médico del hospital que atendía a Yousef explicó:

"La bala entró por la parte posterior de la cabeza, por el lado derecho, justo encima de la oreja, y salió por la frente. Ha tenido mucha suerte porque la bala ha pasado justo por encima del tallo cerebral; si hubiera penetrado sólo unos milímetros más, probablemente no habría sobrevivido. La lesión en sí se ha curado bien; sin embargo, la herida estaba en una zona muy delicada y quedan síntomas psicológicos: tiene delirios y no puede dormir. Todavía no sabemos cómo se va a recuperar."

El padre de Yousef estaba junto a él y sentía una comprensible preocupación por su estado:

"Cursaba el último año de secundaria y le iba muy bien en los estudios; ahora está muy mal, tiene delirios y no puede dormir. No sé si se recuperará. ¿Qué le depara el futuro? No sé qué se puede hacer para curarlo. Quizá si fuera posible enviarlo al extranjero, a un lugar donde tuvieran un tratamiento más desarrollado que pudiera ayudarle, pero yo no tengo medios para hacer eso."

También conocí a otra familia ayer que había huido hacia dos días de su casa en Besher, un pequeño pueblo situado a unos 12-15 km al oeste de Al Breiqa.

La semana pasada, los alrededores de Al Breiqa, a unos 40 km al oeste de Ajdabya, y de Ras al Anouf, a otros 100 km más hacia el oeste, fueron escenario de intensos combates entre las fuerzas que avanzaban, leales al coronel Gadafi, y quienes habían tomado las armas para oponerse a él.

La mayoría de los habitantes de estas zonas se han visto obligados a abandonar sus casas y buscar refugio en otro lugar.

Algunas personas que consiguieron llegar a Bengasi viven en casas de amigos o familiares o han sido acogidas temporalmente en un centro gestionado por la Sociedad Libia de la Media Luna Roja.

Muchas más están refugiadas en el desierto, al oeste de Ajdabya.

La familia del pueblo de Besher también dijo que habían visto cadáveres en las calles, pero ha sido imposible llegar hasta ellos sin riesgos debido al constante bombardeo.

Ayer por la tarde las líneas telefónicas locales dejaron de funcionar y ahora es imposible contactar con los médicos del hospital de Ajdabya para obtener información actualizada de lo que está sucediendo ahí, del número de víctimas y de cómo están arreglándoselas a medida que evoluciona esta situación de pesadilla; o conseguir información de nadie que esté ahí.

La única forma de comunicarse ahora mismo es por teléfono vía satélite, una opción de la que disponen muy pocas personas.

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