La siesta es sagrada

"Porque la siesta es mucho más que la siesta, claro. La gran siesta española empezó hace unos tres o cuatro siglos, en el XVII, cuando los reyes y los cortesanos y los escribanos (que no los escritores), decidieron echarse la siesta, nada, sólo un momento, una cabezada, y se les pasaron trescientos años, como al fraile aquel. O va ya para casi cuatrocientos. La siesta, como los toros y el borboneo, es una cosa nacional y barroca. Y digo barroca porque el siglo barroco, el citado XVII, fue el que (sus hombres) diagnosticando la holganza histórica e imperial, el cachondeo espiritual, la siestorra política y universal de España, decidieron llamarlo a aquello, muy cultamente, Decadencia, que pasa a ser ya una categoría mayúscula y lectiva, como el Renacimiento, la Reforma o la Contrarreforma. Llevamos cuatro siglos decayendo de siesta en siesta, que es que las empalmamos, y tras la siesta magna de los Austrias vino la de los Borbones y así nos ponemos en el XIX, que sólo hubo un poco de vida y barullo con el Romanticismo. El Romanticismo, tan declamatorio, no fue más que un desperezo entre siesta y siesta. Luego entramos en la dictadura de Primo, otro siestón de inepcia. A los españoles la Historia es que nos gusta dormirla. La guerra del 36 yo creo, ya desde la Luna, donde estamos estos días, que no fue sino una mala pesadilla en la sempiterna siesta de España".
Francisco Umbral, escritor





































