Mi puta boda

el . Publicado en Monólogos

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El mes que viene tengo que ir a una boda y me da una pereza… Pero es el típico compromiso del que no me puedo escaquear, porque soy la novia.

Aunque mira, si no voy… tampoco pasa nada. Porque yo soy la novia, pero por lo visto la que se casa es mi madre. Lo está eligiendo ella todo… La fecha, la iglesia, el cura, el peinado, el vestido… Dice que para una cosa que me ha dejado elegir a mí, que me he lucido. ¡Sólo eso faltaba, que eligiera ella el novio…!

Pobre Paco, con lo bueno que es… Aunque últimamente, lo mataría… Ha sido decidir casarnos y estamos a bronca diaria. Antes… antes era maravilloso. Parecíamos un vídeo de karaoke. Bebíamos las coca colas entrelazadas, corríamos por el parque a cámara lenta… Hasta hacíamos eso de perseguirnos alrededor de un tronco, asomándonos uno por cada lado, ¡una coordinación…! Si lo pillo ahora, le salgo por su lado y le meto un cabezazo… ¿Pues no quería poner la lista de bodas en una tienda de discos?

Bueno, ¿y para elegir la fecha?

- Mira, cariño, había pensado que el 14 de abril, que es doming…

- Ah, no, no, que el domingo hay fútbol. No me mires así, cielo, no es por mí, yo no soy tan infantil. Es que si hay fútbol, mis amigos no van y si no van mis amigos yo tampoco voy…

Por no hablar del día que fuimos a elegir el menú del banquete. Nos dice el tío: - Miren, éste sale por diez mil pesetas.

- ¿Sólo diez mil? ¿Con todos los que somos? Pues está muy bien.

- Cariño, diez mil el cubierto.

- ¡Ah! ¿El cubierto? ¡Coño! Pues entonces la comida…

No, pero es que es para asustarse: te cobran por todo. Si hasta querían cobrarnos un suplemento por poner las fundas de las sillas a juego con el mantel. ¡Menudos mafiosos…! Me imagino que “el padrino” lo pondrían ellos.

Pero la bronca definitiva fue a la hora de hacer la lista de invitados. Porque, claro, se nos puso en un montón de gente. Y yo le dije:

- Mira Paco, hay demasiada gente, hay que quitar. Mira, yo tacho a mi tía de Murcia, y tú, a tus dos primos de Algete y tu tío el de Bilbao.

- Sí, claro, yo quito tres y tú uno. ¡Qué lista!

- Es que mi tía come por tres, así que tachamos a los cuatro y estamos en paz…

- Ahora entiendo por qué al que se va a casar lo llaman novio: no-vio, no vio lo que se le venía encima.

¡Montamos una! Ahí es cuando mi madre aprovechó para tomar las riendas. Y ahora está haciendo lo que le da la gana. Pero es muy lista, porque consigue que se haga todo lo que ella quiere, por medio del chantaje emocional:

- Sí, hija, ya sé que a ti te gusta la parroquia de San Juan, pero si te casaras en San Saturnino… me harías tan feliz… Sí, ese vestido es precioso, pero si tuviera cola, y las mangas de encaje, me harías tan feliz…

Yo creo que las madres casan a sus hijas como les hubiera gustado casarse a ellas si sus madres las hubieran dejado…

Y alguien tendrá que romper el círculo, digo yo.

Yo lo tengo muy claro, si algún día tengo una hija, va a hacer lo que ella quiera: se va a casar el 14 de abril que ella misma elija, en la parroquia de San Juan Bautista que a ella le guste, y con el vestido sin mangas y abotonado a la espalda que le dé la gana.

Fuente: El Club de la Comedia

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