El rey Ro

el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Un rey, Ro, rey de las Hespérides, uno de los nombres de las islas Canarias en la antigüedad, y que dicen engendrado en la constelación de las Cabrillas, gobernaba su pueblo rilando, ventoseando y diciendo unos tacos, regüeldos o eructos que imitaban las campanas de la iglesia parroquial. No había un pueblo tan adormecido como éste Solía bajar al río mintiendo, porque ocultaba al pueblo alguna cosa sin astillar, de la que no quería dar parte. Llevaba consigo un rulo o cartucho de perdigones, que hacía sonar para ahuyentar al pedo, mientras sus sornadores robaban objetos y otras cosas al pueblo sin sentido.

Cuando se dirigía al pueblo y se tiraba el primer pedo, la gente excitada cantaba:

"Ay va, qué pedazo"; a lo que el rey respondía:

"No sufráis, querido pueblo, de este os daré un cacho".

El era un Ro, marido, esposo a quien le gustaba y mucho ir a la Charda de Rodeo, feria de ganado. Para él, su consorte era una tarra, vieja. El era un Ron, hombre a quien le gustaban las mujeres más que a los chotos la leche. Fue criado por una rollona, niñera, con la que había ido creciendo, y a quien le cantaba día a día:

"Cuando era pequeñito, me dormías, mi criada
Ahora que soy mayorcito, ¿por qué no quieres, condenada?"

Cuando ya la hizo suya, y ella conoció la cópula real, le cantaba:

"Sandunga, burra de leche, ama de cría:
Cuando era chiquito
Me dabas la leche en bote
Ahora que soy mayorcito
Me la sacas del cipote, sandunguera".

"Este rey, según sus nobles, tenía un rosco, corazón invertido, como todos los reyes que en el mundo han habido". Tenía un ruiseñor, ganzúa, del que se servía para entrar cual salterio, bandolero, en la habitación de las tres damas, tres hermanas dueñas de un jardín lleno de manzanas, con las que flirteaba andando al salto a la hora de la tarde, o sea, cuando el planeta Venus se deja ver por Occidente poco después de la puesta del Sol, y cantando:

"Rosa, Flor, Flete
Rují, Rujé, Romi
Hoy voy a echar tres fletes"

Ellas, al verle venir, decían:

"¡San Silvela¡,¡chiton¡, ¡silencio¡
Aquí llega el sano de Castilla
Ladrón disimulado
Soñarrero, descuidero
De trenes y de fondas
Cual carterista que hace corte
Para sacar la cartera.
Que él nos roba el tesoro más preciado
La peseta Floriana que cohabita
Con el rey de Oros

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