Garrulos

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Estoy en un lugar, Arlanzón, en la provincia de Burgos. Lugar ameno y fértil cubierto de vegetación. El viento, el agua del río de su mismo nombre, hacen un ruido continuado. Unos niños y niñas del Instituto Comuneros en Burgos cantan bailando una jotita: "Cásate con un pastor, si quieres vivir tranquila, es el único que hará, con tu madre buenas migas." Voy comiendo unas fresas acabadas de coger. Desde el banco de piedra en que estoy sentado, veo a mi amigo Froila, garrulo, abultado de carnes, de buen comer, cómo hace gimnasia con unos movimientos espontáneos, salto de altura, salto con garrocha, trampolín. Me dice:

- Froilán, amigo, Tú no sabes lo que cuesta mantenerse en forma. Aunque esto no es nada con lo que tuve que hacer en la mili. Allí aprendí a hacer movimientos artificiales y forzados como caballo de saltos, mazas y pesas, escalera horizontal, dorsal, oblicua, tabla de puñales, escala marina, de pistones, cuerdas lisas, percha de amoros, escala de triángulos, escalones, muro de escalar, anillas, polea, paralelas, picas y banco para ejercicio en decúbito.

-Estás tu fresco, le digo yo, si con estos ejercicios piensas que vas a llegar a político. Como no te engañes a ti mismo en lo que piensas, es absurdo lo que pretendes.

-Pues sí, me responde. Ahora estoy andando los surcos que dejan ciertos políticos en la tierra al desovar. Me sé muy bien dónde ponen la pezuña y los huevos, pues el hoyo o señal que hacen es el mismo que el de las aves de montería hozando o escarbando en el erario público. Sé que la política es estiércol y excrementos de estos animales gárrulos.

-Bueno, le digo, si tú lo ves así, no vas por el mal camino. Pero ya sabes que hay que conocer muy bien el cómo echar a los animales, bueyes y borregos que nos habitan y que conforman la sociedad, el estiércol o excremento. Has de saber tronchar y comer las hojas de la Jurisprudencia local y regional después de haber despertado.

-Sí, ya sé, responde, que hay que presentarse con frialdad, con poco interés, con poca vehemencia, aunque con gracia e ingenio para sacarle dinero al constructor o banquero.

-A frías, le grito yo, fríamente.

El se quedó, por un instante, un poco pasmado y contrariado pensando que yo, cansado de la conversación, le mandaba a su pueblo Frías, ciudad de la provincia de Burgos, de donde era él. Dándose cuenta del error, me dice:

-Ah, sí. Ya sé que hay que saber levantar o retorcer los pelillos de la política. Que tiras de cuero, goma, candaos, hay que hacer para que sea perfecto el ajuste de los pueblos.

-Advierto, Froila, que tienes una idea fija y esta idea en ti es como la pieza de la cabeza que ciñe la frente del animal y termina por los lados de las carrilleras. -Aunque gárrulo, me responde sonriente, yo sé hacer frontería, hacer frente a las cosas. Me siento caudillo, y , ¿ves?, cada una de las fajas que se ponen en el serón por la parte de abajo adornan cruzadas mi pectoral. Y sé, también, que la política es el arte de hacer una pieza de piel, hecha a modo de almohadilla a medida, para ponerla en el testuz de los ciudadanos uncidos, para que no se les lastime la coyunda y, sumisos, obedezcan.

-Vaya facha-da que tienes, majo, le contesto yo. Como todas las bestias bautizadas tienes una señal gamada en la frente.

Froila contrajo la piel de la frente próxima a las cejas haciendo producirse en ella arrugas verticales como demostración de enojo y desabrimiento.

-No tergiverses u oscurezcas la verdad, me responde. Este es un intento que deseo llevar a cabo. Yo sé que produciré muchos vástagos y espinas aunque no llegue a la altura del rosal., pero que sacaré fruto de las diligencias que haga, igual o más como queda reflejado en las actuaciones de nuestros gárrulos.

-Tendrás que saber bien decir, jaja bendecir, fu y fa, le respondo. No deberás manifestarte inclinado en un sentido ni en otro en un asunto, pues ya sabes que "en fucia del conde, no mates al hombre", y hacerte amigo de los banqueros opulentos.

El calló, cogiendo un garrancho, ramo quebrado, cortado y desgajado de un carbol, que comenzó a chupar.

Yo empecé a hacer escarabajos con los dedos, letras, rasgos en la hierba. A charnela, a modo de giros análogos al de las tapas de un libro al abrirlo o cerrarlo. Rompo el silencio, y le digo:

-Sí, vale. Tú tienes, Froila, garrones, experiencia en este reino de garullada, gavilla de pícaros, y no serás fácil de engañar. Eres charlatán y embaidor como los curas, que saben vender drogas con agua bendita y proyectos de falsa fe.

-Daniel de Cullá

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