Oileo

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Sí, hoy leo de Oileo, rey de los locrios de Lócrida, antigua nación helénica que suicidaron los argonautas expedicionarios a la conquista del vellocino de oro en la fábula Ilíada de Homero, como es el hoy, ahora, en que recuerdo a dos suicidados, en especial al suicidado por la banca en Logroño, quien, cuando van a robarle su casa, no sabemos qué mal royo le cruzó todo el cuerpo, ni qué cable se le ha cruzado, para que, en vez de envalentonarse y recibir a los esbirros bancarios y represores armados a hostia limpia, por ejemplo, no salió a defender su casa, como cantan en las legiones militares o sectarias , "como hace un buen Legionario de Cristo y de España", haciéndose el tonto y sometiéndose a su propia muerte ordenada, ofreciendo su cabeza al ave rapaz que recorre los raíles de esta tierra de fútbol y pandereta, de pandero, culo, al traqueteo de las ruedas en sucusumucu, taimadamente.

-Ya no hay valientes, sólo burros, me dijo una hetaria de la calle Fuencarral en Madrid, un día.

Y es verdad. ¿Dónde están Roberto Alcázar y Pedrín, dónde el Jabato, el Guerrero del Antifaz, héroes de dulce de yema y puño cerrado? ¿Dónde están el Capitán Trueno, los caballeros del Regimiento de los morados, los fusileros, los del regimiento de los verdes viejos y viejos verdes, los del fijo de Sicilia, los granaderos de los colorados, los guardias alabarderos, los azules, negros y encarnados, escarmentados que defendían al pueblo? En ningún lado. Quizás, están en ceniceros de despachos de banqueros y fulleros institucionalizados.

Luego, este otro suicidado, amigo de mi amigo de Burgos, quien sufrió un brusco cambio al ver aparecer en sus sienes ante el espejo que le brotaban los cuernos, porque era bueno, bobo y lerdo por parte de padre, "un santo en cueros y cagando", como decía su amada esposa, el cual marchó a la vía del tren que pasa por la Milanera, ofreciendo su cabeza, que iba a ser decapitada, en honor de san Amaro, en cuya ermita aún hoy en día cuentan sus beatas que "el santo en su tumba ríe y mea sin echar gota".

Napoleón, si hoy por acá anduviera, les daría el título a los dos de duques de la Ribera. Que sus dos cabezas son magnolias mirando al sudeste, sudoeste, etc. Que ellos, en vez de gritar y luchar por la república independiente de su casa, el uno, y el otro, celoso, arrojar al amante de la esposa por la ventana, o asestarle una trapera puñalada, ceden, se rinden, se someten a la muerte sin hacer nada.

-Qué cadáver más exquisito, jugoso, sabroso y nutritivo, dicen que dijo uno de la sucursal bancaria.

- Yo creo, me dice mi amigo, su amigo , que estuvo viendo el cadáver una vez decapitado, a quien antes, en el bar Jesús cercano, le había convidado a una café con leche y pincho de tortilla, que se fue a las vías rascándose el culo, que su amigo suicidado se tiró a las vías del tren porque vio en la máquina de hierro que le iba a degollar un súcubo o diablo en forma de mujer o banco, burro o burra en la que él iba a pelear su batalla de Ayacucho, gritando "Allá, chucho", en traqueteo de ruedas de hierro con sonido chuquisaca.

La muerte sobreviene en su lugar especialmente cuando un suceso desfavorable trastoca los sentidos. Si en este suicida de Burgos influyó el desamor, en el de Logroño influyó la banca. Ojala el amor y la banca pudieran dar solución a la muerte. Pero, no. Cual sochantres, directores de coro en los oficios divinos, entran una persona o cosa y se aferran a ella como lapas hasta entrar en la posesión de sus bienes, derechos, cargos, cerebro, etc.

Y no les basta con mandar a la hipoteca de amor o de vivienda a flirtear con la muerte, teniendo o sosteniendo el hilo de sus vidas en un mismo circo. El tren sacó astillas del cuerpo de los suicidas, quienes, como un rajá soberano indio, que hace el indio, quisieron hacer con su cuerpo una valentía que resultó ser en los raíles de las vías una gran mentira como la vida misma. El tren tiró rayas debajo de sus cabezas suicidas recalcando el acento o tono sobre sus cuerpos que se dice como para llamar la atención sobre ellos o reclamar el sentido de socorro en los viajeros que pasar a velocidad de largo, como el que cuelga en cruz en los cuellos de los cardenales de Roma, y que no hace nada., porque la fe no llama más que a las beatas sin sentido.

Dice mi amigo:

-Por la cueva o canal de la tierra, por donde se sumen las aguas, van las almas de los suicidados y la de los esclavos asesinados que construyeron las iglesias, las catedrales y los palacios. Que es mentira que el suicida se quite violenta y voluntariamente la vida. Que esto no es más que un mandado. Pues sus vidas estuvieron en un sumario de histeria, de rapiña, que se ejecuta en arrebato, usurpando la propiedad y el alma matando.

-Daniel de Cullá

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