Taberna Culo de Gloria

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

0
0
0
s2sdefault

Nada tiene que ver esta taberna que visitamos, tienda o casa pública donde se vende vino por menor, con el Patio de las Muñecas ni el de las Doncellas en el Alcázar de Sevilla, aunque las dos camareras, Panonia y Java son tan bellas como las dos hermanas del Bar Bowery de Burgos, que nada tienen que envidiar a las más bellas estrellas de Play Boy.

Junto a la barra, como adorno, hay un esterio con un metro cúbico de leña. Detrás de la barra, toda la botellería, y los dos caños de cerveza. En las paredes de los lados, a izquierda y derecha, hay recuerdos antiguos: una romana, una balanza de platillo, un transportador, un metro plegado, y una cadena de agrimensor.

También, a la entrada, vemos una jaula de caucho con un jilguero, Sirguero, que pía como si fuera en una antigua lengua semítica, mirando hacia una estrella, una carta grande de naipes con un As de Oros o culo reflejado, que cuelga brillante y parecida a la de la constelación del Can Mayor.

Serventesio y Jaloque están tratando un asunto o materia cualquiera en que se tropieza, se pierde el tino y se fracasa, como es el hablar sobre Política o Religión. Jaloque dice que los sisadores se encuentran en los dos estamentos, donde se mueven como pez en el agua.

Serventesio, mientras hablaba, le siseaba, emitiendo rápidamente el sonido inarticulado de la ese en señal de desaprobación o desagrado.

Me caguen Sisebuto, le gritó a Jaloque.

Las jóvenes camareras les miraron como temblando, fijándose con cierto temor en las oscilaciones y sacudimientos de Jaloque. La una se parecía a Esther en presencia de Asuero; la otra a Saba con Salomón.

Serventesio se tomó la taba, cogiendo la palabra. Pero, antes de soltar prenda, calló, mirando la mesa sobre la que estaban apoyados y que veía tabacosa, manchada con tabaco, alzando la vista hacía un señor que entraba en la taberna y traía una especie de barril ancho y de poco fondo en que suelen venir envasadas las sardinas, los arenques, el bacalao y otras cosas. Este, con un golpe fuerte, se sentó violentamente en una silla, golpeando, al mismo tiempo, con los dedos la mesa, imitando el toque del tambor, repiqueteando con los dedos.

Todos los presentes le miramos, esperando que nos dijera algo. El dijo, hablando con pesadez y largamente:

Estoy hasta los cojones. Ya está bien que de invierno a invierno el dinero de nuestro trabajo sea para el gobierno. Este gobierno es un tábano que nos molesta y roba, y lo único que nos da es tabarra con el fútbol y su política rastrera, falsamente santa. Este gobierno está tábido, podrido, corrompido.

Calló, cogió un vaso, creo de Serventesio, y bebió dos sorbos. Prosiguió: Tenemos un gobierno tarugo, petimetre, currutaco, que nos gobierna con embuste, trampas y engaños, y que vive de gorra, de puta madre. Y el pueblo que no escarmienta.

Serventesio le quitó de la mano su baso, y le dijo, con asentimiento de los demás:

Mi alma y mi vida, ¿qué quiere que le diga?

En este instante, entró una gansa en la taberna, una mujer llamada Gansa, famosa en la villa porque le salía al Lobo al camino, al señor cura párroco, apellidado Lobo, y todos callamos.

Daniel de Cullá

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

UK betting sites, view full information www.gbetting.co.uk bookamkers