El marido bandolero

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Madre: Hija, te has casado con un bandolero
Hija: Madre, yo le quiero

Esta es la historia en Copla de Ciego
De Francisco Ríos González "el Pernales"
Ladrón castigante y amante, para unos
Y para otros, congoja y carne de presidio
Que en zaga no va
A cuantos bandoleros creó la Iberia.
Vivió señalado por los "Arpías"
Agentes de la autoridad
Antojado por esposas y grilletes.
No era muy arbolado, pero sí
Pequeño, sagaz y astuto
Con unos ojos azules plenos de sagacidad
Un verdadero manazas
Que apandillaba la flor de la bandolería.
Fornicaba como ninguno
Y se jugaba a su mujer
A los dados o a las chapas.
También, era armadillo
Que daba dinero a otros
Jornaleros y braceros
Para que no se arrodillaran ante la desgracia
Sonando a campanillas de gloria
Los cinco o seis reales regalados
En sus bolsillos.
Campanillas que despertaban el diente
De los perros cortijeros
Que siempre están de centinela
Inquietando el sueño de caciques
Y la mansedumbre del bracero
Cubriendo y protegiendo a las mancebas
Desde Estepa a Puente Genil
Desde Puente Genil a Lucena
Un vasto campo donde explayarse
Cual atalaya, ladrón arrogante
Atorigando, cogiendo y hurtando
Sin retóricas frases ni lisonjas
Con fusil recortado o navaja limonera
En villas, en cortijos, en aldeas
Mostrando el bandolero su hombría:
"- ¿Qué hace usté aquí, Pernale
Maldito en el corral?
- Los amores de mi amada
Por aquí me hacen rondar"
Con visos de valor y poesía
Dando pruebas manifiestas
De su audacia de algarín
Ladrón de la aceituna.

Nacido en la calle de la Alcoba
En Estepa, diócesis y provincia de Sevilla
Y bautizado en la iglesia parroquial
De santa María de la Asunción la Mayor
Saltando, de pequeño
Tapias y cercados
Como un san Juan de la Cruz
La tapia de conventos de novicias
Ejerciendo de cabrero
Un día, en Puente Genil
Viendo cómo a su padre en el cuartelillo
Le abrían la cabeza
De un fuerte culatazo
Poniéndole las costillas
Como nueces en costal
Juró odio eterno a los "Arpías"
Cumpliendo su deber bueno o malo de vengarlo
Recordando que a la sombra de un pesebre limpio
Le enseñó su padre
Lo que vale un bandolero en todo tiempo
(Un ser humano bien útil
A la raza andaluza, a la raza hispana).
Saliendo con sus ojos avizores
Y cabalgando Relámpago, su caballo
Atravesando los olivares
Soñadores de la recolección
Y la molienda de la aceityuna.

Va bailando a cortijeros y caciques
Atracando a maleantes del público Erario
Ladronzuelos, ladronazos
Que hurtan al jornalero y al bracero
Por el procedimiento del bajamano
Señalándoles con una mano
Mientras que la otra se aprovecha de algo
Ofreciendo éstos su sudor y lágrimas
Al cacique, al Estado
Que exclama:
-" ¡Ay¡ ¿Qué queréis, Pernale?
Dios mío, ¿Qué gente es ésta?
-Venimos a degollar
Si no entregáis la moneda"

Él quería, también, tirarse a la Bartola
Volviendo a sentir del corazón
Su entrañable latido
Y en la casa de la calle de el Toril
Se enamora de María de las Nieves Pilar
Con quien casó y cumplió con maleante amor
Consagrado por la Iglesia
En legítimo matrimonio
Como así dispone de Trento el Santo Concilio
Tocándole obscenamente, tentándola
Palpándola, sobándola
Y de sus manazas brotando hostias como panes
Sobre todo cuando viene mamado
De "bala-rasa", aguardiente malo
Como cuentan de él las beatas de la iglesia
Que dicen le decía puta, marrana
Dándole tal paliza
Que los huesos le descoyuntara
Y si las niñas con sus lloros despertaban
Su siesta de bandolero blasfemo
Con mala sangre y extrema gravedad
Las cogía por las piernas
Bajándoles los vestiditos
Y en su desnudita espalda
Con una moneda de cobre de diez céntimos
Que ha echado en las brasas
Poníales la moneda y su marca
Acompañada de un olor de carne chamuscada
Al grito de:
"¡Toma¡, pa que con motivo yores"
Trocando estos belenes de amores
En desprecio de su víctima
Que obligó a María Nieves abandonar la casa
Y, con sus hijas, huir a los montes de Padiela
Al término de Gilena
Para más tarde, volver a Estepa
Harta de humillaciones
De vergüenza y de lágrimas
Consentidas otrora
Porque fueron bendecidas
Y obligadas por la iglesia.

Desde ese instante "el Pernales"
Más duro que un canto
Vivió al margen de la ley
Bailando en la cuerda floja cual perdulario
Huyendo de un lado para otro
Montando su caballo Relámpago
Acariciando los olivares a su paso
Cuyas trémulas sombras del ramaje
Se agitaban a la luz de su cuchillo
Llenando los campos de sangrientas luces
Como las que iluminan Peñarrubia
Estepa y Aguadulce
Y estos otros "Santos Lugares"
De Marinaleda, Matarredonda y el Rubio
En cuyas tabernas y mancebías regala
Los costales de Aceitunas robados
una borrega abocada a parir
Y un marrano
Cogidos en las cuadras y corrales
Esta vez, con sonoros versos cantados
En pollinales metros
Pues ahora siente enamorado
Su asinino plectro
Y hará que su amor alcance hasta el cielo
Pues se muere de amor por Concha, "Conchuela"
De El Rubio, eligiendo su destino
Una linda mocita de poco más de veinte años
Alta, esbelta, de correctos modales
Pelo largo y labios encendidos
Con las virtudes con que sueñan
Las zagalas y muchachas casaderas
Pues sabe bordar, planchar y coser
Sabe, también, guisar
Y la tabla de multiplicar
O, como dice su padre
"es trabajaora, modosita y mu desente"
A quien la leyenda del bandido
Con aromas de recia montaracía
La convertirá en amante de héroe de novela
Que les hace ser, por ello, la bella y la bestia
Porque el azar ha colocado a esta hermosura
En las manazas de un criminal amor
Que, por desgracia
A Ella, sin culpa,
Llevaran los "Arpías" a un final irremediable
De cárcel y represión
Llena de cadenas hasta el corazón
Tan sólo por amar
Que por eso las gentes cantaban
"-¿Quién ha sido el asesino
Quién ha sido el criminal
Que ha apresado a la más bella
Sin que nunca hiciera mal?"
Siempre, orgulloso, "el Pernales" decía:
-"Este sí que es mi amor glande y verdadero
No como el de Romeo y Julieta
O los Amantes de Teruel
Que no fueron más que amores fulleros".

El Pernales, olvidado de su mujer e hijas
Despreciando, también, a su amante María
"la Negra", y a otras mancebas
Que ha regalado a "el Niño de la Gloria"
Y a otros bandoleros
Entre los Ojuelos y Marchena
Le da su mayor cariño
Haciendo amor con Conchuela
Resguardados entre los olivos
Escondidos en una choza
En quiebra del terreno
Prometiéndose amor eterno
En Palma del Río
Siendo aplaudidos por braceros y gañanes
Que están en la parte afuera
Gente humilde que alaba
El robo a los ricos
Y sus muestras de humillar al poderoso
Recitando la felicidad de "el Pernales"
Cuando canta:
-"Mira si será guapa
Mira si será bella
Que hasta el mismo Cortijero
Se ha enamorado de ella
Más cuidado, que voy yo
Y la garganta le cerceno".

Su predilección por su caballo Relámpago
Es extraordinaria
Pues, para él, su caballo es más
Que los caballos de todos los héroes de leyenda
Es más rápido en giros y bello
Que Babieca de el Cid
O el caballo blanco de Santiago
Mucho más parecido a Rocinante
El caballo de Don Quijote
Por sus modales de justicia social
Y de ayuda a los pobres de la tierra
Siendo como él y Rucio
El Asno de Sancho, el más hábil
Pues se acuesta en un sitio
Levantándose en otro
Como cuando los "Arpías"
Le corren en un punto
Apareciendo él en otro.

Cuadrillas de segadores de Aguilar, Ecija y Herrera
Saben de sus hazañas
Y las cantan a los cuatro vientos
Como su amor por Conchuela
La de el Rubio
Amor tormentoso y de altos vuelos
Definido con pelos y señales
Por los gentes del pueblo
Que unos lo aceptan
Y otros lo callan por miedo
Y muchos lo envidian
Como ese anciano, ese mozo, ese cura y fraile
Ese sacristán y paisano
Todos ellos temerosos de la "carabina de Ambrosio"·
La de "el Pernales"
Escopeta de dos cañones
Fuego central de retroceso
Para unos, bien bueno
Para otros, mucho malo
Que ahora marcha al garbanzal
Donde Conchilla siega garbanzos
De un cortijo del término de Ecija
Pues los amantes han quedado conchabados
Junto al pretil de un pozo
Para montar él a su amada
A lomos de su caballo
Sobre una manta jerezana
Que les llevará a consumar el Acto
En un caserío del término de Puebla de Cazalla
Materia de una leyenda más
Nacida en la cumbre de los Morricos
Término de Villaverde
Sobre una manta encarnada
Con estribos y corra.

-Daniel de Cullá

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