Ladrónde eres?

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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-Ladrónde eres?

-Soy d' Hezpaña; y, pa má zeñá de l' Andalusia.

Así se platicaban dos que parecían pastorones ( "pero son popolíticos", como nos dijo una "Moza tan fermosa non vi en la frontera como una vaquera de la Finojosa"), como cantara Iñigo López de Mendoza, de Carrión de los Condes, camarera que nos atendió en un bar de carretera justo al lado de Despeñaperros, desfiladero excavado por el río Despeñaperros, situado en el municipio de santa Elena, provincia de Jaén, al que habíamos llegado no sin antes pasar la vía de Calatraveño a Santa María como hiciera el poeta yendo tras su " vaquera de la Finojosa", con la finalidad de poder saborear las sandeces que hablan y cantan nuestros políticos. Y saber a qué saben estos dioses de barro, que se engañan en lo que piensan y son absurdos en lo que pretenden, pues son de cuello estrecho y manos largas, quienes, parafraseando a Juan de la Encina, poeta salmantino, ahora, uno de ellos canta:

"Más vale trocar
Placer por dolores,
Que estar sin ladrones.
Donde es grasdescido
Es dulce el morir:
Vivir en olvido
Aquel no es vivir;
Mejor es sufrir
Pasión y dolores
Que estar sin ladrones.
Es vida perdida
Vivir sin robar,
Y más es que vida
Saberla emplear:
Mejor es penar
Sufriendo dolores
Que estar sin ladrones."

Calló, y, levantando su mano derecha, la llevó a las narices, donde comenzó a retorcer con su dedo índice y pulgar unos pelillos que sobresalían.

Mi amigo se dirigió a él, y le preguntó, sin ánimo de ofender:

-Cuanto lleva usted cantado es puro cuento.

No contestó él, sino su otro amigo, compañero de otro partido. Por cierto

-Sé que al tratar políticas veraces (se escucharon algunas risas que provenían de la barra del bar), curiosos muy guardados afirman que engañamos a los hombres. No por cierto. Al tratar de políticas me expondría a que en cara me echase un majadero.

-Majadero uzté, le replicó mi amigo. Le veo a uzté, siguió, como un morrocoyo, grueso, rechoncho, muy parecido al galápago de Cuba.

Quiso contestarle el político, pero yo no le dejé, saliendo en defensa de mi amigo, y diciendo:

-La política es esa vela rastrera que largan los jabeques de la Nazión en la punta del botalón cuando el viento es flojo y de popa, como ahora.

-Tú, tú, dijo mi amigo. Tú sí que acabas de elogiar a estos políticos de tres brazos.

-Guarda, Pablo, repliqué yo. Conozco bien el mundo de los bandoleros. Conozco bien al hombre "de bien"· y a sus Jumentos del banco malo. Su instrucción Rebuznal y su talento cargan en la conciencia del Burro que les guía.

Callé yo, y se oyó cuchichear entre los dos popolíticos:

-Razón tiene el hi… de pu… ese", le dijo el uno al otro al oído.

Pero así, como el que no quiere la cosa, uno de ellos empezó a recitar un verso de Juan de Timoneda, poeta valenciano:

"Pastora que en el cayado

Trae pintado su pastor,

Vencida la tiene amor,

Lástima tengo al ganado."

-Y nos ha llamado "·ganado", dice, exaltado, mi amigo Juan Perazules, solamente por saber el mal gusto de estos políticos que , que como diría Baltasar del Alcázar, poeta sevillano, "Si es de tan buena conciencia, que llevara con paciencia, sobre cuernos penitencia, la vez que se les pusieres."

-¿Qué más quieres?, pregunté yo, dirigiendo mi mirada a los dos políticos quienes, como dioses del diablo, se estaban deleitando con dos palominos a la brasa.

Mientras comían, de sus bocas caía un reguerito como de grasa. Uno de ellos, tragando un trozo de palomino como la nota que traga un tenor, dijo, imitando a Vicente Espinel, poeta de Ronda:

-"Ya no quiero más placer,

Porque mientras más descanso

Más me canso"

Uno de ellos se levantó, con prurito de badajo sin campana y mingitorio. El otro, al adivinar dónde iba, le dirigió estos dos versos de Luis de Góngora, poeta cordobés:

-"Buena orina y buen color,

Y tres higas al dolor".

- ¿Sabes, le pregunto yo a mi amigo, que, antes, al orinal llamar se solía "espejo de la salud" porque el vicio o la virtud del humor lo demostraba la orina?

- Pues, como ahora, me respondió.

La camarera, más maja que "aquella vaquera de la Finojosa", venía a cobrarnos la comanda atusándose una teta.

-Daniel de Cullá

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