Le he planchado la picha a mi marido

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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La mujer, "mi cariño" como le dice su marido
Sabe que perdió la batalla
Desde el día de su matrimonio.
Ella vive una vida de nazarena
Desde que el sacramento que les contrajo
La declaró vasalla de Pedro de Castilla.
"¡Vaya cruz¡", dice
Mientras la vemos con un pie, el derecho
Mecer la cuna de una niña de tres meses
Y espantar al pequeño y zoquete hijo de cinco años
Que le levanta la falda
Le corre las patas de la tabla de planchar
Y le hace momos y estantiguas.

Ella le grita:
"Memo, no ves que estoy planchando
Retírate y juega con los califas
De Córdoba y de Oriente
Y el rey cristiano, de cartón todo
Que tu padre te ha hecho
Y móntate la batalla de Las Navas de Tolosa".
La mujer es de oficio "sus labores"
Y plancha que te plancha
Se está cagando a diario
En la madre que parió a Pedro, su marido.
En cada planchada
"Me encuentro, se decía
Como un puto párroco con tres parroquias".
La plancha es de hierro
De esas que se calientan con tizones
Y, el marido, apremiado por el hambre
Como los Burros cuando no tienen listo el pienso
Cada vez que llega a casa
La encuentra planchando
Y la cerca, la rodea como un oso erecto
Con sus peludas manazas obligándola a rendirse
Mientras le dice "puta de la selva"
Entrando en ella, como en Moscú
Pedro el Grande de Rusia
O "como Pedro por su casa"
Pensaba con ascos ella
Que ya está de él hasta las tetas.
Este día de autos
La mujer se prometió escarmentar
A este su Pedro, para ella no de Castilla
Sino de la Cerda.
Cuando le vio entrar en casa
En el vestíbulo, bajado el pantalón
Y con la picha bien tiesa hacia ella
Como siempre hacía
Intentando abrazar de su esposa toda su geografía
Y más hincar el pelele o su pica
En el triángulo de entrepierna
Que él llamaba "la mejicana"
Con intención de llegar a la cúpula y la cópula
Él le decía:
"Te la voy a enclavar en número de veintisiete polvos
Hermosa mía, que son dos"
Adelantando la picha en bien de esa cosa
Como puja en subasta de pijota
Ella, ni corta ni perezosa, llevó la plancha ardiente
A los huevos y yema del marido
Aplastándoles con su base candente
Y, al instante, arrojó él un grito de dolor
Ese grito natural que tanto duele
Dejando ella su órgano copulador
Cual rebanada de pan tostado
Empapado en miel de abejas, también tostada
Produciendo en el ambiente
La quemadura de la carne y sus pelos
Un olor a cerdo de matanza chamuscado
Parecido, no hay duda
A ese olor que elevan nuestros antropófagos
Del Euro, las preferentes y el desahucio
Que nada tienen que envidiar
A los de Nueva Guinea y Nueva Irlanda
Nueva Caledonia y Salomón, tan amados.
No obstante, y pese al grito del macho herido
La niña no despertó de su cuna
Eso sí, el niño se quedó asustado
Con una tristeza vaga.

-Daniel de Cullá

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