De tapeo por Burgos

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Juan Perazules con los ojos azules y el culo al revés, que se gasta unas camisas con canesú, y yo, Gordio, de Cangas de Tineo, gordinflón harto y satisfecho de comer, nos hemos parado frente a un escaparate de una tienda y comedor ecológico, viendo, porque está agachada su propietaria, contemplando una carta de menú que se le ha caído, el culo, que lleva puesto un tanga color grana.

Un vejete, el abuelo Luis, la está contemplando, también, como ninguno, con ojillos chistosos, diciendo en voz alta:

-Es la brava María. Donde esté un buen conejo en Monasterio de Rodilla, que se quite todo.

También, hay una pareja mirando, ellos, los productos del escaparate. Están picados del alacrán, poseídos de pasión amorosa. El chico le decía a la chica:

-Debemos probar a comer algo diferente. Va y le mete mano.

La chica le pregunta:

-¿Esto es ecológico?

Responde el chico:

-Claro, cuando pongo el oído en tu labiada concha, oigo el eco de las olas y su espuma.

La chica le dice al oído, en voz alta, porque lo oímos:

-Ojalá te dure dura, amor, toda la vida. Ya sabes que mi cantar haciendo el coito es este:

"No pares, sigue, sigue, no pares, sigue, sigue".

Yo le digo a mi amigo:

-Adivino de esta brava María su cratícula o ventanilla del culo por donde comulgan las monjas.

Nos marchamos en ala, a la par, a la calle Sombrerería, para ver a una preciosa rumana. En el mostrador del bar, nos hemos juntado con una pareja con más encanto que la Catedral. La chica le dice al chico, agarrándole el pene:

-Aúpa el pelele. Luego te voy a masturbar como cuando lo hacía al Burro, como les gusta a los prelados. Luego traeré tu polla caramelizada al chip de mi mejillón con carrilleras glaseadas.

Hace una pausa, y sigue:

-Y tú, amor, ¿Te vas a bajar al pilón como el álabe, o rama de árbol inclinada que besa el suelo?

-¿Yo? Jamás he chupado o comido de esa panceta y seta, replica el chico.

-Ja, ja, le suelta ella. Eres un brasa.

Nosotros dos les aplaudimos cual alabarderos pagados por aplaudir en los teatros.

Nos fuimos para la Flora. Al pasar un pasadizo, vimos unos condones inflados en su punta con alabastro yesoso, los calostros. Junto a la fuente, mi amigo lanza un escupitajo al agua .Yo le increpo y le digo:

-Si serás guarro, majo. No ves que el pollo puede ahogarse.

El arranca unas hojas de una guía de ocio que lleva en el bolsillo. Como si fuera una paleta de tarta de bodas coge el pollo, lo saca y lo lanza hacia el cielo. Creo que le cogió una paloma al vuelo, pues no se le vio caer contra el suelo.

En este instante, pasó una morita preciosa con la que otros días nos habíamos cruzado en el paseo del Espolón junto al Teatro. Mi amigo, sin venir a cuento, le pregunta, haciendo un espacio: -Fátima, ¿usted es puta?

La chica nos lanzó una mirada fría e hiriente como la espada de los yijadistas que cortan cabezas como si fueran peras en la misma lengua arábiga.

Nos fuimos y pasamos por la calle Avellanos donde ayer habíamos quedado con dos putas que, sin ir a su domicilio, crearon amor dando existencia a la cosa, sacándola de la nada de la bragueta. Pasamos por ahí, `por si estaban.

Mirando hacia una tiendita de servicios para perros y gatos, vimos a una no amiga, porque nunca nos había besado, que tiene un culo que más quisiera para sí una condesa del Renacimiento. Le dimos la espalda, y fuimos para la calle La Puebla, agarrados de la mano como dos viejos marranos con certificado de profesionalidad diferente. En un bar de "caña, café o té 1 €" mi amigo no pierde ojo de una camarera de ojos saltones medio azules, que le hacen matarile y le han enamorado.

-Date un respiro, le digo yo. Vete al retrete y pedorrea.

-Y tú ¿cómo tienes la minga?, me espeta.

-Ya sabes, le digo, que yo me corro hacia dentro. Lo que es espléndido y maravilloso, igual, o mejor, que cuando te depilan los huevos con los dientes. Deberías operarte de próstata.

-Tú lo que eres, dice mi amigo, eres un "rococó" algo amariconado, ¿no?

-Quien sabe, le respondo. Porque yo viví en Madrid, calle de Toledo cercana a la plaza Marqués de Vadillo, donde a quien del alacrán está picado, la sombra le espanta.

En este instante, le cojo el brazo y le pellizco, diciéndole preguntando:

-¿A quién quieres más a tu papa, a tu mama o a la yayayay?

-Qué cabrón eres, responde. Y sigue: ¿Sabes? Me gustaría yacer con esa joven y hacer un sexo tan apretado que tuviera que venir Alejandro el Magno a cortar el famoso nudo con su verga en vez de desatarnos.

-Eres más tonto que pipi, le contesté.

-Daniel de Cullá

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