Vello bello

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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--Voila ¡gritó el joven que jugaba a la taba para detener su volada, significando que no valía aquella tirada.

- A mí me gusta más el Volado, el juego de cara y cruz, me dijo al oído una joven que miraba con devoción, algo salida, al chico de la taba y entre dientes susurraba: "Culo, culo, culo", pues quería que dejase de jugar aunque ganasen los apostantes.

La chica estaba sentada en un taburete y enseñaba en su entrepierna, pues no llevaba braga, cierto bejuco y su fruto comestible semejante a la papa o patata.

Lo que más admiré yo fue ese vello bello, pelo delgado y fino cercano a sus labios grandes, cual pelusilla de frutas, que le hacían levitar del taburete como si volara suspendida en el aire y que se movía fácilmente a su impulso, pues no hacía asiento, sobresaliente y asomando la pepita, esa "picha de las chicas, como la llama "el Chotillo", parecida, en miniatura, a la muela giratoria del molino de trigo o la tableta delgada que entra en el rebajo y por entre los listones de la galera de imprenta.

"Quien tira la Taba, no besa Culo", se oía en el ambiente, mientras yo me sentía como el Gedeón de la sagrada escritura a la caza del semifabuloso vellocino de oro, en este caso, la "picha de la chica" que me hizo verla como ese trocito de corcho emplumado con el que jugábamos cuando niños en el juego del "Volante" en el que, con otro niño o niña puestos frente a frente, nos le lanzábamos y devolvíamos alternativamente por medio de una raqueta.

El joven tabero me estampó una colleja al ver que yo le sacaba la lengua estrecha y larga a su chica haciéndole el gesto de lamer.

-¿Qué pasa contigo, tío?, me gritó a volapié, medio andando.

Yo, que le conocía de vista, le respondí;

- Taba, Carne, Culo, Barato, de nuevo la taba sobre el mantel. El pájaro está para salir a volar, ¿qué quieres? Mi barato no tiene dinero para apostar.

Estas palabras le volaron a él, pues se dio la vuelta y siguió jugando.

Las horas pasaban volando. Mientras, la Vulva de la chica me pareció que estaba a una vara fuera de sus muslos.

Me hubiera gustado soltarle mi ave de cetrería, pero el perro del dueño del bar que se le acercaba con deseos de oler y lamer, le hizo a ésta taparse, y a mí se me fueron corriendo las ideas.

Aunque pensé: cómo me hubiera gustado ser el volatero ladrón de la Serranía de Ronda que hurtaba arrojándose a la carrera sobre su presa.

El mucho fuego a la violencia del ardor se transformó en gases, pues me vi moviendo ligeramente como andando por el aire hasta los servicios del bar. La taza del retrete se me pareció como una de las setenta bocas del mar Caspio recibiendo el río más grande y caudaloso de Europa, el Volga.

Al volver a la mesa tabera, qué grata sorpresa, y no estaba fumado, ¿eh? Vi como a un Pedro Bembo, cardenal veneciano que rigió un soberbio mausoleo al Dante, tirando la taba y suplicando "Carne, carne, carne", pero le salió Culo, lo que no le hizo perder los estribos, pues exclamó: "Al pedófilo múdale el juego".

Ido el perro, la Chica volvió a enseñar su vulva y, a pesar de su beldad, era boba, tonta del culo. Su Chocha graciosa, para mí, no era más que un sainete escrito en la concha petrificada de Judea, de forma cónica muy prolongada.

Distraído del juego, no penséis mal, yo me tocaba el hueso de la rodilla.

-Daniel de Cullá

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