Guarda la olla, Flores

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Habían empezado a jugar a papás y mamás. Sacaban prendas y sin embargos de debajo de las sábanas, avivando un pájaro de cuenta con huevos y un nido para ver quién prendía de lo mejor.

Ella hablaba y hablaba como queriendo llevar una polla a degollar, y él tomaba dilaciones abriendo los labios de la concha, pues a ella la llamaban "la Concha", aunque se llamaba Flores.

Ella quería verse enseguida libre de sujeción y de penetración por detrás, preguntándole a él desde su inclinación estilo perro:

-¿Qué tal hace por ahí?

El respondiendo como podía entre jadeos, decía:

- H..a ce os.. cu..ro y huele…aaaaa pedoooo.

- Hágale aire, mi amor, que está cocido y avente, que ya coció el puchero, ji, ji, ji.

Cuando él creyó que la tenía bien sazonada y satisfecha, se bajó de la borrica y, aun derrengados como estaban, comenzaron a recordar, prontos en trazas y todo para sus gustos, cuando atravesaban la villa de Espinosa de los Monteros en Burgos, marchando a las eras a hervir la olla y cocer la cebolla, poniéndole él a ella mirando hacia Carrión de los Condes, en Palencia.

Antes de comenzar, y porque "la Concha" era algo puta y vidente, y le gustaba hacer conjuros haciendo pajas, dijo:

-Virgen del pilar, déjame cagar, y con el papel de limpiar quita de la Nazión este gobierno que hace mal.

Ellos dos rieron como tontos que ven salido al papa. Más él exclamó:

-Si ahora te atrevieses y pedieses, mi amor. Ya sabes que a mí me gusta la música de tus pedos en la mi boca, que son melodía mística y celestial en tu culo gregoriano.

-Para, para, "Miguel de Vergas", y sigamos, respondió ella. Ahora te toca a ti. Vamos.

-Sí. Iba camino adelante, con dos mocosos muertos de hambre, cagándose en la hostia de milano, cuando se le apareció un abejorro multicolor, algo mariquita, que le dijo como cantando:

-Hombre, no pares, sigue, sigue.

-Abejorro, no podemos.

-¿Por qué?

-Por preferentes, desahucios y bandoleros que tenemos

-Señálales con el dedo tercio hacia arriba, los otros hacia abajo y se desharán como pedos de lobo al viento. -¿Puedo, podemos? Mira.

Iba a hablar ella, pero él no la dejó. Y siguió:

-Iba un elefante, de esos que se libraron de muerte real, también camino adelante, cuando se encontró con una plasta de vaca, de esas secas y venerables, de verdad, y cogiéndola con la trompa, se la llevó a un cazador para que, a brasas la asase y la llevase a palacio real y que, cuando la degustasen, el elefante empezara a cantar : "que no haya en el mundo cazador alguno y ningún criminal".

Casi no había terminado, cuando "la Concha", le dijo:

-Ahora me toca a mí. Y saca ese tu dedo mierdoso de mi ojete, cerdo putero, maricón de playa. Y empezó:

-Apolonio tiene un dolor de muelas que no le deja dormir, ni velar, ni joder, ni soñar, y se queja. Su amiga Bonita, hinchada de vientre, con la matriz caída y la vagina infantil, le dice:

-Tócate las pelotas, amado, tres veces siete que no te ha de doler ni muela ni diente.

Rieron a cual más. Ella siguió. Ella, que era bastante atea y republicana:

-Divina pastora que al mundo viniste a aparecerte a bobos de baba, a tontas y a locas, quita el gobierno a quien diste mayoría, y rómpele el candado que tiene al pueblo triste y amierdado. Rieron más. Ella siguió:

-Popeye se fue a trabajar, la Betibó, putina de "el Batán", en la Casa de Campo de Madrid, fue a llevarle de almorzar.

-Popeye, ¿con que se cura este mi mal?

-Con alcohol de quemar y con sal, le respondió

Ella, sacando una navaja robaperas, le espetó:

-Hijo puta, cabrón amado, con esta navaja te cortaré el nabo.

-Espera, espera, le suplicó él. Recordemos cuando, de novios, fuimos a la ermita de san Antonio en La Florida de Madrid a dejar nuestro ramo, y amor prometernos.

Ella abrió sus ojazos y cerró los muslos que hasta ahora habían estado abiertos de par en par, atentamente escuchando:

"Los novios, a la ermita de san Antonio van
Su ramo de flores dejando
Y, arrodillados, rezar:
"Una clueca vamos a echar, Antonio divino
Con la bendición de dios
Y, dentro de nueve meses, lo que salga
Si es polla o gallo, ¡qué más da¡
Por fa, que sepa cantar
Que sepa dividir, sumar y restar
Que sepa la tabla de multiplicar.

Ya se habían dormido, cuando se escuchó un pedazo señorial por la ventana del quinto piso izquierda en un edificio de la calle Ortega y Gasset (Lista), en el Barrio de Salamanca en Madrid, escuchándose un grito:

-Cierra la ventana, cacho guarro.

-Daniel de Cullá

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