Santojete

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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De la armazón del trapicheo primitivo surgen unos secuaces de las doctrinas del Rabil, manubrio o cigüeña, venidos del glande océano Equinoccial, fundando un pueblo cuyas ruinas dicen que se hallan a los pies de Brieva de Juarros, en Burgos.

Sus habitantes, sus hombres, eran rabicortos, cortos de rabo, y rabicanos, con pelo blanco en la cola. Las mujeres, cortas de falda, parlanchinas en su potorro, anunciando su femineidad a quienes la llevaban.

Hubo, cómo no, un monótono monasterio (canto monótono, discurso monótono, vida monótona, paisaje monótono), a cuyo alrededor crecían Rosolis de hojas redondas, planta medicinal droserácea. A sus monjes se les conocía como los Reznos, larvas de una garrapata de la cual hay sendas especies que viven parásitas sobre el caballo, el buey, el carnero y otros animales.

Se han encontrado, y le dan fama, huesos del Cólon, porción del intestino grueso que desde el ciego se extiende hasta el recto y, también, parte o miembro principal del período.

También, piedras de vesículas de putas reveledas, que ciertamente pretenden haber tenido revelaciones divinas, pasando de un órgano a otro órgano, tomando el hábito de una orden monástica protohistórica.

Se cree y se dice, porque está escrito en las cuestas y elevaciones de tierra con poco declive, que los jefes o señores principales eran rabiosos y mostraban impaciencia y enojo por motivo leve; como el que las mujeres salieran a mear a los balcones de piedra asomados a la Naturaleza y competir por quién de ellas meaba a lo más alto o al más allá.

"Sus coños, como decía su monarca o soberano, la pieza principal del ajedrez, parecen Rabijuncos, cierto pájaro tropical de América, que trajeron al pueblo horquillas en las que se asegura el cabo de la sartén en las trébedes; y Relingas o cabos con que se guarnecen las orillas de las velas".

"Ni rey ni roque, era el saludo que se decían unos a otros al pasar y/o encontrarse"

La moneda corriente era la plasta de vaca seca escuetamente, sin adorno ni pulimento. Se han encontrado muy pocas. Las que quedan hacen o forman rosca, cual larvas enroscadas con facilidad.

Rabihorcados son los miembros masculinos, parecidos a la cabeza y cuello de las tortugas marinas. Relleno es el órgano femenino, el Beo, picadillo de carne para rellenar.

La actividad principal en la Fiesta mayor del pueblo era quitar el cascabillo a la escandada vagina por medio del rabil macho, cierto pájaro místico, que, en vez de cantar, relinchaba. En esta fiesta, todos debían mirar con el rabillo del ojo, sino serían castigados a crueles tormentos.

El himno, que se cantaba y remanece, es muy breve y bello, éste:

"Rabo, peciolo, pedúnculo, cizaña
Mancha negra en los granos del culo
Cuando empieza a padecer
La gramínea anal"

También, como nos dice la historia, el cuento insustancial, el chisme, había un maestro, un Rabadán, mayoral de pastores, un gurú, que interpretaba la escritura que los habitantes del pueblo dibujaban sobre una tapia formada de céspedes, la Gallonada, asentada en un rabanal, terreno plantado de rábanos, con los restos de caca que quedaban en sus dedos al limpiarse el culo después de cagar con rabia, furia, ira y violencia, los hombres; las mujeres, con el ligero jugo de sabor o dejo agrio del chumino al comenzar a picarse.

Todavía pueden verse algunos restos de pared de color caqui rabioso.

A los niños, nada más nacer, se les metía en un Gallundero, red muy recia para pescar cazones, "niotos", especie de tiburones, que se arrojaba a una corriente de agua de gran violencia que provenía de una cueva junto a un rabión, lugar o paraje donde se estrechaba el cauce, que por eso adquiría tal violencia.

La mayorala era Rabirrubia, mujer de cuatro pechos, "la cuatro tetas" la llamaban. Dicen que había venido de las Antillas mucho antes de que Colón cantara. "Metí gallo en su cillero, hízose mi hijo y mi heredero".

Rabadán era el mayoral del pueblo, como queda dicho. Rabisalsero concubino, sujeto entrometido, aunque listo e inteligente, que quiere dirigirlo y gobernarlo todo.

En todas las puertas de las casas colgaba la cola de un animal. El pájaro que más se conocía era el "rabo de junco", pájaro de Nueva Guinea. Lo que más se sembraba para el sustento diario era el "rabo de zorra", carricera o planta gramínea.

Volviendo a la Fiesta mayor del pueblo, leamos lo que quedó inscrito en una plasta de vaca disecada, dentro de una escala como de notas musicales de un zorongopopo, que más tarde recogiera García Lorca:

"El Mayoral dice en su Bando: El que sólo come su rabo, sólo ensilla su caballo. Que no se diga, ciudadanos y ciudadanas, que queda o falta en la fiesta el rabo por desollar. El muerto al hoyo y el vivo al bollo" ¡A retozar¡"

Este mayoral, antes de anunciar un bando, daba una rabotada, golpe dado con el rabo de forma atrevida e injuriosa con ademanes groseros, y siempre aparecía en su balcón de piedra llevando colgado al cuello, a partir de la nuez, un rosario del que colgaban por separado la extremidad superior de la caña de pescar; el rabo de un cohete; el extremo de una trenza cortada a una virgen puta; el mango de un arma; la punta saliente de un bajo o escollo submarino; y la extremidad de barlovento de una nube de turbonada.

Sus partes las cubría con una falda rabona, más corta de lo debido.

En los juegos infantiles, los niños jugaban a rabosear, tocarse el rabo, y las niñas a chafarse, deslucir o rozar levemente el chumino en las partes desflecadas a orillas o extremidad de los labios.

Los perros guardianes del sistema vigilaban desde la copa de los árboles que se contaban por maderos. Todos sufrían la enfermedad que padecen los garbanzos por efecto del rocío o la lluvia.

En los bailes, pardales y pardalas del pueblo servían una bebida parecida al Rabazuz, zumo de regaliz cocido, reducido a arrope con la consistencia de jarabe. Las parejas, soñando la rabera, lo que queda sin apurar del sexo después de advientado y cribado, bailaban con una caña y su bordón y una vejiga inflada entre ellos.

Dice la tradición, la anécdota, el cuento, el chisme, que por aquí pasó Francisco Rabelais, célebre escritor por sus obras satíricas, pues se encontraron páginas ilegibles de su "Gargantúa y Pantagruel" pegadas a plastas de vaca disecadas. Incluso en una se lee, quizás de él, "Los funcionarios en sus puestos de trabajo rabean, sólo se menean el rabo".

El manjar obligatorio festivo era el constituido por polvos de varias frutas como bellotas, cacao, arroz, azúcar, parecido o igual al "racahut" de los beduinos.

Para los ancianos, su fiesta consistía en ponerse un aro de madera, hierro, cuerda o cordel de estopa poco torcida como la que se usa para juntar las tablas de las pipas, con el que sujetaban la verga, y las mujeres, riendo a más ni poder, la subían y bajaban.

Los hombres y mujeres más jóvenes y mayores, bailaban a lo tonto, para después retirarse y rebuscar la racima en las partes de ellas, con el fin de coger el grano de uva correspondiente que sobresale de las labiadas ramillas y rabillos casi iguales más largos que la misma flor.

Dicen las crónicas que "los rabiatados machos, atados por el rabo, se corrían que rabiaban, y las hembras rabiaban de tontas". Todavía se lee en una plasta de vaca: "¡Ay, quitar el cascabillo a la escanda por medio del rabil¡" .

El Mayoral sabía hacer las cosas. Sabía poner el embudo en las bocas de las vasijas tanto como hacer entrar la caza en paraje cercado.

La escuela embrutecía, entorpecía y casi privaba a los niños del uso de la razón. Los maestros, que siempre eran gurús, les enseñaban a llevar bien la cabeza y obedecer a la rienda. La felicidad y causa de ella era el Rebuznar, cordón de seda, con pelo por un canto.

-Daniel de Cullá

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