Mamá no ama el mango, ¿o si?

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Mi papá es Alderamo, pantorrilludo, que tiene gruesas las pantorrillas, nombre que eligió para él mi abuelo porque jugó un gran papel de matachín en la historia de la Cruzada, además de que mi tatarabuelo estuvo, salvándose por los pelos en la guerra de Cuba, gracias a los mambís, partidarios de su independencia, que le protegieron.

Él me contaba muchas historias y leyendas, todas falsas; pues como él me decía "la Historia como la Vida misma son una pantomima, una falsedad". Otro día, me dijo que su tatatarabuelo había conocido a la manceba de Luis XIV Atenaida de Rochechouart, madre de varios bastardos, ¿quizás uno él?

A mí me dice "pintamonas" cuando él es un mamado, un simple y bobo como todos los casados. Se pone unas plumas en sus partes para que el cuerno parezca un pájaro en las fiestas de Navidad y, mirándose al espejo, ríe él solo. Yo y mi hermana, cuando le vimos por primera vez, lloramos.

Mi madre decía que había dado inversión indebida a caudales de su amor. Para ella, el amor de mi padre era pura maloja como el maíz sembrado muy espeso para que no grane y sólo sirva de follaje.

Sí que era mi padre algo malo y nocivo; pero buenín. Quizás porque había nacido de esa herida, úlcera de la guerra fratricida que nos presentan los vencedores con un carácter pernicioso y sacro malparió. Siempre me decía: "Malo vendrá, que bueno te hará"; y "más vale malo conocido, que bueno por conocer".

Un día, que se hallaba en mala disposición, me atreví a preguntarle "Mamá no ama el mango, ¿o sí? El me clavó unos ojos piadosos y, removiendo con sus dos manos el pelo de su cabeza haciendo remolinos como esos que hace el mar cerca de las islas noruegas de Lofoden (yo pensé "lo joden"), que yo en persona vi, seis u ocho cadejos de pelo, ni más ni menos, me habló como el pastor que habla a las cabras, diciendo:

-Holgazán, no creas que me ofendes, ni menoscabas. Para los culos piadosos, el mango es como hierba medicinal, un calmante; para los culos malvados, es mango muy dulce y fragante. Y, para las dos, malloto, mazo con que se bate el papel de amor.

Hizo una pausa, y siguió:

-Aunque me veas así, no creas que soy un simulacro de hombre. A veces, parezco serlo. Pero esto lo hago porque es conveniente guardar la carne el tiempo suficiente para que se ponga más tierna.

-Pero tú, padre, te dejas gobernar por el capricho ajeno. Así lo veo yo, le dije.

El cogió un manjelín, peso usado en el Indostán para apreciar los diamantes, que equivale a 254 milígramos y colocó su miembro; ¡delante de mí¡ Exclamó:

-Mira, hijo, descárgate de dudas. Esto que ves aquí, en el peso, es una especie de estafa. Cuando seas mayor, lo verás. A la mano derecha del río hay un olivar; debajo del olivo un almirez y un mazo de amar para moler o machacar. No lo olvides.

-No lo olvidaré, padre, le prometí.

-Daniel de Cullá

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