Pura sangre que se mece

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Estamos en los pinares de Chatún, localidad en la provincia de Segovia, en una cuexca o casa hecha de artesilla de madera como en la que amasan el yeso los albañiles, unos primos hermanos con el tío Cucufate, que dice se casó con una mujer de san Cugát de Sasgarrigas, en la provincia de Barcelona, y a quien le gusta estar rodeado de niños, en especial niñas, como un cristo verbenero, o el obispo Petrocorio de la Valencia de clerecía pedófila. Entre las niñas hay colegialas que se encargan de cuidar a los más pequeños.

Solícito y diligente, el tío Cucufate pone diligencia y atención en poner sobre sus rodillas a las niñas. A veces una, y otras veces dos o tres al mismo tiempo, poniendo mucho cuido en mover y hacer saltar las piernas para abrazar las posaderas de las niñas como en baile de san Vito, en su "sillita del rey" o garita donde el palomero acecha el movimiento de las palomas, "donde el palomo está alto a un tiempo gordo y caliente, como volando dentro sin salir de la bragueta y como empujando el tío con su vientre un coche de niño, abrazando a la una, a las dos o a las tres fuertemente por el pecho", como dijo una colegiala, "llevando su cosa a la posición más elevada que puede tener, pasando el astro por el meridiano superior del "culombio", cierta unidad de medida erótica, siendo una el culo del fraile".

Excesivamente mordaz y encoñado, "vis cómica", hace muecas cara a culo, frotándose contra ellas e intentando arrancar liga de coger pájaras en los órganos del amor, dejándose llevar de la imaginación, por su fantasía exaltada, llevando a la niña o a las niñas al monte Viso, monte altísimo de los Alpes Cotianos, donde tiene el Po sus manantiales, por donde, por cierto, se dice pasó Aníbal beneficiándose de los cartagineses y jodiendo a los romanos en la segunda guerra púnica, haciendo él de las niñas cuja, bolsa o estuche pendiente de la silla del caballo para meter el cuento de la lanza entre los muslos, golpeando el miembro con las asentaderas."

"El tío Cucufate suele correrse hacia el anochecer", como dijo otra colegiala. El resplandor del sol queda prendido en el pelo de las niñas, mientras la masturbación intensa del tío que se anda a la flor del berro y hace cabriolas, recorre sus braguitas como el polen que dan las alas de los abejorros a las corolas de las flores, o como Roger de Flor, caballero templario catalán, hizo con el rey Fadrique de Sicilia y el emperador de Oriente Andrónico entre colmeneros, tiempo que dura una flor.

Hay aromos y culantrillos sobre la tierra de pinares. También, escaramujos y púas de los pinos. En una lobera cercana se ve una tela de araña con su bastidor donde se halla el bicho. Un lagarto de tejadillo se asombra de ver este atardecer por sus formas y colores. Los padres, confiados, han ido a pescar, a cielo abierto, al río Cega. Al regresar a la choza, recogerán piñatas y algunas astillas resineras para la lumbre o estufa. El pinar tiene pinos piñoneros y pinos resineros.

Las pinochas, hojas del pino, resuenan. La colegiala o colegialas se precipitan hacia su nacimiento por culpa de las gotas o partículas líquidas por las cuales conocen, o mejor sienten, de qué palo son, sin descubrirlo del todo. "El tío Cucufafate es un sujeto pinto, rabón y mocho", dijo otra colegiala, mientras se le subía algo como un gorgorito del culo a la garganta, como ella misma dijo. Con galanteos, el tío ha bajado de sus rodillas a la colegiala o colegialas. Estas, extremadamente inteligentes, astutas, se miran y sonríen nada más ver que el pantalón del tío está meado, alejándose de él hasta dejar de ser visibles por la distancia.

-Daniel de Cullá

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