La hucha cerdita

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Mi amigo me cuenta que, cuando niño, tenía una hucha cerdita con un guzpataro, agujero, tapado con un tapón de goma negra, y una raja para meter las monedas. Que era de porcelana blanca con salteadas manchas rosas. Tenía un rabito en espiral. Que siempre la recuerda, cuando se va con falsas putas que sólo sirven para dar sexo en los alardes, examen periódico, por lo regular quincenal, que les hacían los médicos, a la manceba del rey Alfonso XI, Leonor Núñez, que conoció en los libros de la Historia de España.

-Aunque, ahora, el habar de Cabra se secó lloviendo, me dice, cuando voy a gozar con trabajadoras del sexo, me encanta meter cinco euros en dos menadas de a dos y una de uno, pues se me aparece la hucha cerdita entre el herbaje de su prado o dehesa de entrepierna.

Hace una pausa y sigue:

-¡Qué hucha más bonita era¡ La hendidura o rajadura era relativamente larga en un cuerpo tan pequeño. Al mismo tiempo que iba llenándola de monedas quería meterla mis sentimientos e, inocentemente, jugaba con penetrarla más o menos profundamente en su interior con mi pilila más o menos larga.

-Atravesaba una bala la cerámica como hiende un barco el agua.

-Un día que me puse tonto y caprichoso del culo, lo digo porque mi padre al enterarse que había roto la hucha, que ellos me habían regalado por mi Comunión, con la pilila, me dijo: "niño, tú eres tonto del culo", le lancé como una cuchillada carnal de alto a bajo, y la rompí.

-Mi padre me sobó la masa con los puños, que me dio un puñetazo, ¡vaya¡

-Ya, ya, le respondí, cortándole. ¡Ah¡, recuerda que mañana, por la tarde, hemos quedado en ir al putiferio del Monte de la Abadesa; que tengo un gran deseo de ver cómo te entras de hoz y coz en una trabajadora del sexo y le introduces con consideración y con gran empeño los cinco euros en su Raja .Esto no me lo pierdo.-

-Encantado de que me veas, me contesto. Además, así verás lo bien que follo.

-No, le repliqué. Si te lo digo, porque a mí siempre me ha gustado, con quien se deja, ¡claro¡ lanzarle algunas monedas desde cierta distancia a su Chumino colocado sobre el lecho, como en el juego de la Rana, o como en el del Hoyuelo, aquel juego que jugábamos. ¿Recuerdas?

-Ah, sí, es verdad. Pero es que a mí, además, como te he dicho, me recuerda mi hucha cerdita, que tiene el señorío de una cerdita novicia del Monasterio de las Huelgas.

Reímos los dos.

-Pues para mí el Chumino, le digo, es como la Huaca, sepultura de los santiguos peruanos donde se guarda el guajo o bejuco, tallo trepador y rastrero, bello y hermoso; y uno lanza unas monedas para ganar indulgencias.

-Sí, de tonto, sandio, Sancho Mamolín.

-Pues como tú, Alonso Salado. Ya sabes, "guájete por guájete". Tonto por tonto.

-Daniel de Cullá

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