La viuda negra y el separado petardo

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Por los aires que lleva, el separado es un verdadero petardo. Tiene empleo fijo en una empresa de industrias cárnicas. Es trolero como lo son los de Burgos. Tiene el sexo en la lengua, pues sólo habla de él, y no se come una rosca.

Desde que le dejó su mujer, perdida la custodia de sus dos hijas, anda como un ermitaño pajillero. Esta semana santa ha salido de penitente "tan sólo por frotar mi cirio en el culo de alguna beata", como él mismo dijo. Sobre todo a la viuda negra, de la que está locamente enamorado, cuando le va por detrás a comulgar.

Sigue a los puteros, sus amigos, "entre los que hay algún cura", como él mismo refiere, que van a putas, y les dice que está, a más no poder, por la viuda negra porque el día que le vio el chumino, ese terreno de culo de mona le recordó a su madre, lugar de donde él había venido. Y su sueño es poner sus pelotas en esa tierra y su picha al viento.

"El chumino de mi viuda negra es como un buñuelo de caramelo negro", dice. Él se lo quiere llevar a la boca, pero reconoce que, en ese instante, se le acabará el cuento de pensar ella, y soñarla, pues lo más odioso que pudo ver en su exmujer fue el verla en cueros y cagando; que por eso la dejó, y la echó al perro galgo, a buscarse el pene del lagarto.

Hace una pausa, y prosigue, pues su historia se va corriendo, como en su meditación, un místico de la noche del sentido. Él está, ahora, amasando leche y requesón de sus huevos. Todo, para su amada, con la que ha quedado en Urrez, junto a su iglesia, un pueblecillo de Burgos, donde ella le ha prometido quitarse el negro, y dársele en carnal blanco. Allí comerán pollo de corral, ella disfrutará de su cresta y curcusilla.

¿Vamos a Urrez? Vamos.

A él le ha crecido un poco la barba, a ella, los pelos del Chumino. Beata ella, dicen las malas lenguas mujeriles que ha envenenado a su marido, que era sacristán barbero. Ahora, se acerca contenta hasta Urrez. Si ponéis el oído en una mierda de vaca seca la oiréis que se está acercando. Él lo hace. Está tan contento, que se le sale del pene una gota de polvo de yeso.

"Deo gracias", dice el separado, escondiendo su pene erecto. Ya viene mi viuda negra, ya se acerca. Ya se siente él pastor de su borrega. "Soy un macho", exclama, y, cuando despierta el majadero (se había quedado dormido en una escalinata de la iglesia), ve que entre sus piernas tiene una graja, a quien le ha deshecho las plumas y le ha llenado de sexo. "Mira que es grande la graja a quien se la he metido pelo a pelo".

Después de despertar de su sexual sueño, se puso a recitar estos versos, su pene contra la piedra eclesial puesto:

"Tengo un pene tan lindo
Que una vez que por mis manos
Pasa especie o ave
Si se le meto, por ejemplo, a una graja
Se le quitará el negro
Y jamás le volverá a salir en el culo
Un pelo negro".

-Daniel de Cullá

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