Esta postal

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Esta fotografía fue causa de mi infortunio. Estaba yo en Segovia, cuando entré en su Seminario Conciliar a la más tierna edad. No era infrecuente ver algunas de estas fotografías que llevábamos escondidas en nuestros misales o libros de vida de vírgenes y santos. Esta, por ejemplo, me la pasó un amigo compañero de un curso superior, antes de que le pillaran unas cuantas en un libro de fray Luis de Granada, "Guía de Pecadores", durante unos ejercicios espirituales.

De este mi amigo aprendí que Luis de Sarria, hijo de unos humildes y pobres panaderos de Lugo, instalados en Granada, fue atraído por el conde de Tendilla, al estilo del Sacamantecas, ofreciéndole unos dulces, para que fuera paje y paja de uno de sus hijos, Diego Hurtado, famoso por su alcurnia, fama y presencia histórica bisexual bien comprobada.

En el convento dominico de santa Cruz la Real, ya le descubrieron que se había tatuado, debajo de la muñeca de la mano izquierda un "Amo a Erasmo", por lo que fue enviado al colegio de san Gregorio en Valladolid, donde conoció a fray Melchor Cano, que le quiso sodomizar, y al no dejarse el de Granada, le cogió una tirria infernal, sobre todo desde su puesto de Gran Inquisidor criminal y asesino por la gracia de dios.

De este odio de Melchor y porque su amigo el arzobispo Carranza, que se daba más a las Angélicas, estuvo interesado por él para darle por detrás, tris tras, intentó partir como misionero a América. Intento fallido, cobijándose en los brazos de Juan de Avila, que adoraba a la mística alemana Hildegarda de Bingen, en el convento de Escalaceli, en Córdoba.

Abro mi libro "Vida y Obras de San Juan de la Cruz" por el mismo sitio en que dejé la fotografía, una vez que se la quité al padre prior mientras dormía, en mitad de las páginas 746, Cántico A, y 747, Canción 2ª. "salí tras ti clamando, y eras ido", la primera. Qué frutos sabrosísimos son para el alma estos frutos de amor, me decía. No quiero desasirme de esta fotografía, pues ella me hace salir de mí y entrar en dios. Correrme como el mismo santo pidiendo medicina que me la levante. Ir tras dios y entrar en él, besando estos pechos y soñando ese toque mío en su herida de amor, algún día.

En la segunda página:

"Pastores, los que fuerdes
Allá, por las majadas al otero:
Si por ventura vierdes
Aquel que yo más quiero,
Decilde que adolezco, peno y muero"

Canción suplicante del alma para encontrarse y retozar con el Amado, o la amada, por el conocido vate que poetiza amor de una manera maravillosa. Y yo peneando, penando, por asirme a esta Bella, con arrimo soñado, al igual que la esposa llama a su Amado en los Cantares: "Levantarme he y rodearé la ciudad; por los arrabales y las plazas buscaré al que ama mi ánima; busquéle y no le hallé" (3.2).

Y no la hallé, no. Pues, cuando estaba besando los pechos de esta belleza como un necio que va a una casa de citas, no advertí la presencia del padre superior que arrancó de mis manos la fotografía y me quedé vacío y desasido de todo por ella, y me cagué en la madre que le parió a lo alto y por lo bajo, lo cual me costó la expulsión del seminario, que es la paga que recibe uno en la misma moneda, pues ellos sí que pueden hacer de las suyas, porque creen que nuestros deseos, afectos y gemidos son propiedad de ellos, que ellos son los que apacientan y aplaceran los corderos.

Yo sentí sobre mi costado un pene muy gordo, como morcilla caliente, cuando se acercó a mí el padre superior por la espalda. Un pene "bien dispuesto para dios", como me dijo un día el padre espiritual. Me levanté muy rápido, muy gracioso y con la lengua sacada, haciendo burlas. Con el cuerpo limpio y sano, y la dulzura de estos besos dados a la fotografía, me marché, sabiendo lo inefable que es la lujuria y sus dulces inspiraciones, dándole gracias a Ella que me librara de los lobos pedófilos, que son los verdaderos demonios; y de la foto saliendo una voz que me decía:" No temas, Zacarías, porque siento tu eyaculación"-A mí me ha pasado lo mismo que a mi amigo Mateo, o el pícaro Guzmán de Alfarache por vérsele follar con su parienta la Pícara Justina, a quienes todavía persigue la Inquisición de escasas luces poéticas pero de una maldad inaudita y asesina con reclamos que crujen en las bisagras de los Siglos de Oro, de lo que cagó el moro.

-Daniel de Cullá

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