Tea

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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El velaba las primeras horas de la noche junto al fuego. Las teas encendidas, maderas de pino con su resina que, encendidas, alumbran como un hacha y huelen bien, sonaban y mucho.

Ella reía ligeramente viéndole a él atascarse al descorrer su bragueta. Un sonroseo se le subía a ella en el rostro cuando él le susurraba amor y le sacaba rateramente algo por debajo del sitio en que estaba sentada.

Solícito le obligó a ella traer una nueva tea, pero con más resina. Ella es de Casalgordo, en Toledo, y él de San Vicente de la Sonsierra, en Logroño. Con un tonillo irónico en el hablar, él le dijo a ella: -Cariño, aquí huele mucho a Chumino; trae otra tea, pero con más resina.

Ella le respondió:

-Ni por sueño contigo, ni por pienso, ya que yo no cobro pensión alguna, ni remotamente, te voy a traer otra tea. Si me quieres, tendrás que idealizarlo todo y concebir esperanzas, aun con mal olor.

Con somnolencia, un poco tardo y perezoso, él le dijo:

-Bueno, cariño, te aguantaré como los pobres aguantan la comida que les dan en Cáritas. "De la mano a la boca desaparecerá la Chocha", sentenció, sopalancándola, metiéndole como una palanca debajo para levantarla, dándole un sopapeo en las nalgas.

Algo sonó del respiradero de él por donde sale con fuerza el aire de las cavidades subterráneas. -Tienes el muelle flojo, exclamó ella, riendo.

-Sopla mi musa, gritó él, y canta un "Teame" que, cual piedra a que se atribuye la propiedad contraría al imán, mi amor se aparta y desvía el lindo rejón de ti.

-Sí, el Amor se hizo soplillo, especie de bizcocho, exclamó ella, recibiendo una cosa hueca dentro de su concavidad, que, ahora, se presentaba en forma de cono o pirámide por el copete en que remataba su parte superior regada de leche.

-Como cuando lo hicimos, sin que nos viera nadie, junto a la ventana en el claustro antiguo cisterciense de Santa María de la Huerta, en Soria, ¿recuerdas?, exclamó el, sensible y dócil.

-Mira qué de alelada, flaca y doliente ha queda tu hombría, mentecato, le dijo ella, tocando suavemente su concha de figura ondeada, sacándole la lengua.

-Daniel de Cullá

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