Donde se juntan las aguas

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Me bañaba yo en la misma piscina en Ampuriabrava, entidad del municipio de Castellón de Ampurias, en el Alto Ampurdán de Gerona, y no podía menos que bucear cerca de ella y sacar la cabeza por detrás con pelillos de su Sexo por un canto que me bordaban y guarnecían la nariz y los labios.

El agua estaba afeminada, pues ella se hacía pis, y las olas bajo ella por convencionalismo de su orina privaba al agua de su color azul, haciéndole coger a mi pene amperios por esa corriente eléctrica que ella producía cayendo de su columbio o culo por segundos, lo que me excitaba en demasía.

Por momentos, sentí que esta agua era zumo o esencia producida por la expresión y destilación de esa fruta que me sabía, por haber sacado la lengua y chupar el agua, a veces a pera recién lavada con cloro, a veces a chirla hecha retorcer con zumo de limón. En estado elevado, el espíritu de mi pene era llevado sobre las aguas hacia ella; aguas que son diferentes e incapaces de mezclarse, como las aguas del Atlántico cuando se juntan con las del Mediterráneo en el estrecho de Gibraltar.

Los juegos y visos que hacía al luz al reflejar su culo en el agua hacían una especie de frontera natural entre el chichi salado de ella y la pared de la piscina por donde salía el agua por un caño, o vía de agua, que le besaba el clítoris de su sexo vivo por el agujero y hendija.

Ella hacía aguas, meaba, viéndose la disolución salina de su orina después de cristalizada la sustancia orgánica de su zumo, pensando yo que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Mis sentidos estaban metidos en agua. Por eso, sorteando las dificultades, me llegué y arrimé a las dos orillas de su hermoso culo, y, para ennoblecer mi pene, le cubrí de su orín, buceando yo de espalda y con el pito fuera, sin darse cuenta ella.

Este su río Orín, que nace en el Monte de Venus, puso a mi eyaculación precoz en comunicación con Omán, nombre del principio del bien en la religión de Zoroastro cuyos espermatozoos degustaba Arimán, el opuesto a Omán, entre sus grandes y pequeños labios, yéndome corrido y buceando por donde había venido, por si acaso, cogido del pene por un joven algo mayor que yo, quien me dijo ser profesor de ciencias oceánicas, a quien rocé su picha tiesa en un remolino.

-Daniel de Cullá

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