Tolón

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Don Tolón tiene un pelillo en el cogote que le sale de un tolondro o chichón de resultas de un golpe que le han dado con un escálamo o palo corto y grueso. Su esposa es Tolometa, sufrible, llevadera.

Mi amigo y yo nos hemos sentado junto a ellos en un banco que está en El Parral, un lugar de paseo y ocio vallado, muy cerca del geriátrico en el que están los dos, justo al lado del Monasterio de las Huelgas, en Burgos.

Al hombre, sin darse cuenta, se le sale medio pene o algo parecido de la bragueta. La mujer sufre del estómago y, en un momento, se le escucha como un ruido músico parecido al bajón, y marcha a todo correr hasta el Albergue de Peregrinos del Camino de Santiago a hacer de vientre.

Antes de esto, ellos dos estaban hablando del tolerantismo, diciendo y opinando que debe permitirse el uso libre de todo culto religioso, y las cosas no lícitas, lo que nos pareció bien y de interés. Ella le llama a él "Melenas Repugnante", porque está calvo y sólo tiene un pelo en el chichón que le ha salido. Él le llama a ella "Olor Bienaventurado", por el tufo que se desprende de su nocivo y contrahecho Chumino.

El hombre, a topa tolondro, sin reflexión, reparo o advertencia, una vez que hubo marchado la mujer, nos contó que él tenía un pene, gracias a dios, de dos varas o seis pies de rey. Al mirar hacia su bragueta, dándose cuenta que asomaba el capullo, con mano temblorosa de alzhéimer, le escondió dentro del pantalón, cerrando la bragueta como pudo.

Nosotros nos reímos y él nos hizo callar, pues como nos dijo "tenía una pena muy grande". Hizo un silencio y, de seguido, nos empezó a contar "que su hijo, cuando era un mancebo de quince o dieciséis años, ya hacía grandes conquistas de jóvenes muchachas, a las que pasaba por encima y no quería, pues él quería, sobre todo, a una muchachita llamada Leovigilda, de quien estaba locamente enamorado, pero ella no le quería, pues festejaba con otro muchacho".

"Mi hijo decía: "Padre, yo amo a Leovigilda, pero ella no me quiere". Hizo el hombre un silencio, y siguió: "Yo le he visto muchas veces coger una foto de ella y besarla, atravesarla con una paja, llorando de alegría; lo que a mí me parecía que estaba desplumando una tojosa, paloma cubana. Esto me causaba mucha pena".

"Lo que yo no pensaba es que un día perdido en el Páramo de Masa, comarca natural en el Norte de la provincia de Burgos, entre las localidades de Masa y Poza de la Sal, donde mi hijo vino a buscar setas, se encontró con Leovigilda, quien se había separado del grupo de chicos y chicas del Instituto, donde estudiaba, con los que había venido para conocer la comarca".

Tosió y siguió: "Era mediodía. La setas estaban en cama, no aparecían, pero mi hijo se tumbó en el suelo lo largo que era, cara al cielo, cubriéndose de brezo rubio, brecina, gayuba y tomillo, dejando al descubierto tan solo su picha tiesa, intentando eyacular a la fuerza vital del Sol. Ella, Leovigilda, que vio el sitio ideal para hacer pis, por eso se había retirado del grupo, sin darse cuenta se colocó en cuclillas encima del pene de él, haciéndole gracia, pues, según dijo ella más tarde, "pensó que ponía su seta encima de un hongo genital". Al terminar de orinar y sentir el roce del hongo genital, se sentó encima de él, chillando a grito de alegría, pues, al entrarle el hongo, en su garganta sentía como golpes de gargajos que se rompían".

Al levantarse mi hijo y salir del brezo y tomillo, ella gritó: "¡Pero dios mío ¿qué he hecho? He yacido con el que no quería, tirándose al suelo, haciéndose la muerta con los restos del pene dentro, y diciendo: "Estos polvos que son para la tierra me les he comido".

"Me quiero morir, le gritó mi hijo. Y ella, con todo descaro, le respondió: espérate que ya te morirás cuando me veas parir a tu hijo; sacando, al instante, una navaja roñosa, con rotura y hendimiento, de cortar los tallos de las setas, diciéndole: "Si eres tan hombre, tan machote, y tanto me quieres, córtate el pijo". Mi hijo, ni corto ni perezoso, se le cortó, diciéndole a ella: "Por ti muero", el muy lerdo. Y murió como dando respuesta a un Oráculo o Destino, o a una cruenta oración gramatical del verbo Amar, como les pasó a Apolo, en Delfos, a Jupiter, en Dodona, a Alejandro Magno, en Libia, y a mi hijo, en Masa".

Vimos acercarse a su mujer, y él calló. Nosotros nos despedimos de él y nos fuimos hacia el bar La Gloria, en San Amaro, muy cerca de su ermita con exvotos, ofrendas hechas al santo como recuerdo de alguna gracia o favor recibido (allí vimos colgados de las cuatro paredes pelos púbicos, estatuillas sólo moldeadas por el frente, con las caras de los agraciados, coletas, esternones, fémures, estampitas y religiosos poemas, fotos de enermos y moribundos, amuletos de marfil, colgantes de collares de vidrio, piedra y hierro, anillos de metal, sortijas con la inscripción del cristianismo, hojas de afeitar, brazaletes de metal, tenazas de cobre, colgante de marfil con la figura de un perro corriente, pendientes de oro, agujas para hacer labores, que causaban horror y aversión), donde nos esperaban dos estudiantas, que dicen son muy ligeras, que sacan sobresalientes.

-Daniel de Cullá

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