Gerineldo por la orilla del mar

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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-Federico, Federico, ¿qué tienes que no te alegras?
Le dice Dalí a Federico
-Es que me marea tu bigote y el ritmo de tu cadera
Le responde Federico
Estando yo desnudo como un romance
Ante un típico espejo recubierto de soldadura
Contemplando mi alegre erección
Cual soldadito de plomo entre dos enfermeras
El mismo soldadito con cara de ángel y bigote
Que marchó a Nueva York con el Poeta
Para, después, cruzar un océano de mar
Y perderse por Granada entre humos de calderas

Mientras los arpías de casa en casa, para engrillarle
Iban enseñando su fotografía bella
Contando las gentes que un ciego de la popular poesía
Cantaba en la Alhambra, hoy amortajada:
"Un capitán del demonio, de alta graduación
Que era hijo de un fraile, de esos que vuelan
Se enamoró de él, al ver la fotografía
Exclamando, excitado: "este será mía
O le meteré cuatro balazos en su sesera".
-Soldadito, soldadito, le dije a mi pene en pena
Después de que me estuve corriendo
A dos manos, con perlas finas
Apenado, y creyente de lo que decía la abuela:
"Una masturbación es la pérdida de un diente o una muela"
Por lo que le di espuelas a mi Burro y me vestí
Porque llamaron a la puerta
Mirando por la mirilla a ver quién era.
Era mi vecina, al mismo tiempo cura y molinera
Por quien me hice bastantes malditas pajas
Pero por perder, y gustarme, ¡vaya¡ tanta savia de los huesos
Nunca me casaría con ella
Pues me encuentro ante una hermosa mujer
Que es todo un caballero
Y mis hilos no alcanzan para bordarle paños
A la abuela.

-Daniel de Cullá

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