Una visita al zoo de Orwell

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Junto a la casita del moro, en Aranjuez, de Madrid, que ahora llaman del Príncipe, arqueada como la quilla de una nave, hay un zoo que ya quisiéramos por acá, por allá y por acullá.

Mozas sirvientas, azafatas y mozos de jardines venidos de alta mares, a quienes sólo les quedan los brazos, trabajan en los oficios que no quieren para ellos los del lugar. Al estilo del cordel cuando se tira del canuto, están colocadas las jaulas. En una serie de ellas se anillan sus eslabones, para que no se escapen, los curas, los gurús, los adivinos y teólogos del culo, todos esos que han hecho que los seres humanos sean cada día más analfabetos, más cafres y más inhumanos, y que las poblaciones doblen el espinazo, contentas de ser despreciadas y pisoteadas por sus mandamases y caciques.

Los monos, los, osos, las aves zancudas, las jirafas, el ñu, el águila, el quebranta huesos y todas las carroñeras, la tortuga, el carey, y otros, vienen con sus hijitos a tirarles a la cara carbones de caramelo, bolas de cristal o canicas, y huevos, también, de caramelo, de esos de Casa Paco, en Madrid. A los monos les hemos escuchado pedir: "a los curas tirárselos a los huevos".

En otra hilera están las jaulas de los asesinos y criminales señores de las guerras. Están césares enanos, militares golpistas, reyes felones, trabajando los barrotes con oficios de asesinos ingenieros, que, cuando las gallinas, los patos, las aves zancudas, el cocodrilo y las focas con sus hijos vienen a tirarles puñales, agujas y alfileres con el fin de clavárselos en las sienes, cantan:" tengo un hermano mío en La Habana y me ha dicho que vaya para allí, cuando me rajes".

En otra hilera de jaulas, se encuentran los violadores, los asesinos de mujeres lesbianas, y maricones. Están revueltos con los curas pedófilos, los bandoleros y piratas que esconden los tesoros robados al Erario público en paraísos fiscales, a quienes los animales salvajes: el león, el tigre, las hienas y otros tiran ladrillos cara vista y adoquines para partirles la cara. A una hiena, con dos palos con velas al tercio, se le ha oído decir: "No se quiebra Clerecía por delgados, sino por gordos y mal follados".

Las entradas, para visitar el zoo, son hostias de milano, que causan una sensación muy picante en la boca, que controla y distribuye un oso pardo, con un quépis o gorra militar en la cabeza, con inflamación de las córneas transparentes de los ojos, y que tiene demasiado saliente y caliente una cosa, "que da quemazón y gustillo en el paladar", como dice una zorra muy querenciosa.

En los niños, en los padres, en los tíos, en los abuelos no hay lástima, conmiseración o piedad por toda esta fauna de criminales, bandoleros, ladrones banqueros, que tienen comisión bancaria por un guiño o una mamada en cueros, felones y teólogos del culo. Y esto es bueno, pues aquí se rompe una cosa, se doblan o tuercen los cuerpos y se viola la eterna ley de duelos y quebrantos para el pueblo, "que si no se relaja, contrae una hernia", como ha dicho una Jumenta flamenca de la misma figura por la popa que por la proa, o queda como siempre, en quedada, como en el juego de billar, en situación desventajosa y eterna, dejando sus bolas en disposición favorable a sus contrarios.

Lo cierto es que todos: animales, especies y humanos salen todos del zoo riendo, sin sufrir ni experimentar las consecuencias de un acto punible, haciendo alarde de ello.

-Daniel de Cullá

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