Menú a grillos

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Hoy, que nuestros cocineros nos quieren traer la moda de los países del Asia y la India de comer insectos y otras hierbas, me viene al recuerdo, cuando niño, que iba yo con una amiguita a los campos de Fuentepelayo, en Segovia, a jugar con nuestros garapito y chirimía, buscando insectos de la tierra, sin saber de los menuses de las Indias o las Asias. Ahora, de mayorcito, siempre me parecieron el Fausto de Goethe y El Retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde un plato de insectos; o, al menos se inspiraron en ellos.

Recuerdo que salíamos todas las tardes y mañanas que hacíamos novillos en la escuela y, entre hongos y plantas que florecen, íbamos en silencio recorriendo agujeros donde anidan grillos, escarabajos, abejorros. La chiquita amiga iba sin bragas, que era lo normal en ellas, y yo con el culo del pantalón roto, invento y comodidad de nuestras madres para poder hacer cacas si el vientre nos lo exigía.

Nos acercábamos a un nido de grillo en tierra y me sacaba el cirulín y orinaba para que saliera. Ella, con una pajita de cereal, hurgaba el agujero y el grillo salía. Así, íbamos haciendo con los demás agujeros, como el del abejorro que anida en agujeros de ratón abandonados.

Si se nos aparecían saltamontes, mantis religiosas, gusanos de las moreras, les cogíamos.

Los dos nos sentíamos como dos piratas cargados de oro y plata con el grillo ruidoso, con el saltamontes verdoncho, la mantis religiosa, los gusanos de la morera, los abejorros. Los dos, ella con el chichi al aire y yo con la pilila fuera, jugábamos con ellos como si esclavos fueran. Cantábamos:

Chichiribí, chichiribaina
El gurriato está malo
Y la chovilla está mala.
-¿Qué quieres tú, pililo
Que tan tiesecito me llamas?
¿Qué quieres tú chochina
Cantarillo de leche mamada?

Yo cogía el grillo, el saltamontes, al abejorro, la mantis religiosa, los gusanos de seda y se les ponía en la rajita, riendo ella con ganas, diciendo:

-¡Ay¡ ay, que regustín. Trae la tuya que está larguita, mirándome con gana.

Más un día, con muy buena suerte, ella encontró un escarabajo jirafa. Fue buenísimo que ella encontrara este escarabajo jirafa. Ella me dijo que era igual que el de Madagascar, siguiendo:

-Caballero, si usted quiere de mi hermosura gozar.

De repente, ella me puso el escarabajo jirafa en el glande o capullo, creyendo yo que me iba a desvirgar. Le cogí con rabia sana y se le coloqué en el chichi de tal modo que sus gorgojos enrollaban sus ninfas, y su boquita mordía su exótico y hermosito clitorito, rompiendo un hilo que enfilaba la rajita en labios separados multicolores por la luz, cobrando vida propia el grillo, el saltamontes, la mantis religiosa, el abejorro amarillo negro, y el abejorro jirafa, echando a volar con bailes de guitarra de chicharra y pandereta por las cuatro esquinas del campo.

Reímos los dos a gusto y nos abrazamos. Al rozarle mi pirulí su chichi, le quise picar con ganas, pero ello me dijo:

-No me da la gana.

Al volver al pueblo, pisamos unos sombreretes venenosos de la Amanita Faloides. No sé por qué ella sonrió. A mí me gustaba más pisar los Cuescos de Lobo soltando las esporas. Le dije a ella:

-Mira, como mi padre del culo.

-Daniel de Cullá

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