Acaso vino de la calva

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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-¿Por qué todos los calvorotas tienen suerte? me preguntas, y yo te respondo: -Porque su cabeza es como un capullo de cola.

-¿Cómo? ¡Un capullo de cola¡ me replicas.

-Pues sí; te explico, majete: La calavera de un calvorota está contaminada por el ambiente melifluo y dulzón de la vida. Todas estas cabezas son como huevos de enamorados, huevos de la pasión, por eso los que la soportan sobre sus cuellos, enamoran y se llevan a las tías de calle, y dan nota en una entrevista para el trabajo.

Como bien sabes, y lo hemos visto, los calvorotas de imponentes tamaños se enseñorean de seguratas en administraciones públicas y locales, y locales, valga la redundancia, de garitos y bailes.

Como recordarás, a todos los bailes que vamos con amigos calvorotas, ellos siempre pillan cacho. Se les rifan en las televisiones; y todo porque presentan una facies amorosa y otra recordatoria del capullo.

Más de una vez oíste, como yo, a nuestra común amiga Nazaria gritarle a su esposo, cuando llega a casa: "¿A qué vienes tan pronto cara cola, putero de mierda?"

-Esta mujer es un enredo de lujuria y catecismo, me dices.

-Desde luego, contesto; y sigo:

-Es que aguantar a un tío así, tiene bemoles. Abre surco en toda tía que encuentra. Da por culo a los naipes de la baraja española, y se gasta las pelas en el bingo y, más, en adoctrinar putas con la picha ¡Menudo calvario tiene la Nazaria¡

Callo, respiro, y sigo:

-Acuérdate, majete, cuando fuimos a la inauguración de una exposición sobre el canto del arado y las piezas que lo componen, en el Palacio Ducal de Lerma, en Burgos, en la que, en su poca mayoría, todos los visitantes eran calvos, y aquello parecía un cesto anchote de huevos y, a su corro, perfectas costureras que les reían las gracias con ojos llenos de esperma.

-Sí, sí, a mí me recordaron los huevos de la costura, como esos con los que mi madre cosía los rotos y los tomates de los calcetines, me corta el amigo.

-Por otra parte, sigo yo, si vas a visitar monasterios o cartujas, siempre sus santos son calvos, pues despiertan al sentimiento la serenidad del alma hecha peonza, además de que siempre sobre sus cabezas se ve como un rocío bienhechor del pecado de lujuria en santidad. ¡Cuerpos floridos de capullos¡

Nos reímos. Mi amigo dice:

-Pues nada, tío, mañana me corto el pelo al cero, y que me afeiten la cabeza, a ver si el capullo de mi testa compone mi viejo pito que, ahora, parece de palo.

-Verás como sí, respondo. Tu calva marfileña será sayal de putas mendicantes.

-Acaso vino de la calva.

-Daniel de Cullá

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