Bollo preñao

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Después de un concurso de panzas masculinas y femeninas habido en un bar musical de Poesía y Porro a las faldas del Castillo de Burgos, le paso mi mano por el tripón este y, después de felicitarle por haber conseguido el premio consistente en una botella de orujo de café y otra de endrinas, caseros los dos, por delante de una preñada a quien le faltaban siete días para dar a luz, le hablo a su ombligo diciéndole:

-Aquí duerme el niño de las monjas, cargadas de toronjas, no puedan bajar a la trompa, pues se pueden caer en el río de otro amar.

Las monjas son las de la Visitación de Saldaña que, cuando pasan por delante del bar, hablan entre sí diciendo:

-Mirad esos gorrinitos mal peladitos con rastas y tatuajes que se ponen hasta las cejas de espiritual humo de porro, y a esos viejos verdes ya mayorcitos que se ponen a pelar la pava de esa pícara vieja que fue beata de San Gil. ¡Dios nos libre¡

Yo sigo manoseándole el vientre hasta muy cerca de donde crece y se eleva la flor de la pasión, mejor capullo; y le hago la pregunta que le hacen la gran mayora de amigos y amigas, y aun los extraños:

-¿De cuántos meses estás, "Bollo Preñao"? Esconde esa pilila que viene la vieja.

El me responde, no sin antes esconder su pilila, dirigiéndose a ella así:

-Anda, vete a dormir, que no quiero que la vieja venga a por ti.

Delante de nosotros tenemos algunas caras de chicas y chicos, rastas y tatuados, cual monjitas y curillas recién salidos de sus conventos y seminarios, que ya andan pelando gurriatos y chovillas en retahíla de caladas de porro, que nos miran sonriendo y admirados, esperando, confiados, oír lo que dice mi amigo galardonado acerca de su preñez.

Él nos dice:

--Para bucear en los mares de mi panza, era fundamental el ir a la consulta de mi médico de cabecera, en el Ambulatorio de Carrero, a preguntarle el por qué cuando me hago yo un pajón, o me le hacen las masajistas, con final feliz, de a 10 Euros, me corro hacia adentro; lo que me hace engordar, sin duda alguna, el tripón éste hacia los lados y hacia afuera, al igual que la cagada del palomo les hace engordar la panza a las recién preñadas.

Le dije, también, que a una puta madrileña muy maja, que vivía al lado del monasterio de san Felices de Calatrava, en el Barrio de san Cristóbal, le hice llorar, pues después de correrme y ponerme como un energúmeno, como un burro que hace a la liebre subir la cuesta abajo, mordiéndole los labios y pezones, la dejé sin regarle su chocho, lo que le hizo ponerse caliente e irascible al ver y sentir que mi caracol, muy hermoso, entre sus labioso metidos, se encogía, se estiraba, y al pobre no se le caía la baba, obligándome a chupar su flor de la maravilla en estilo oral y bucal, mordiéndole hasta el punto "G", que se encuentra en la Trompa de Falopio.

Le pregunté que si esto tenía que ser así; respondiéndome mi médico:

-Pues sí, esto es así. Los operados de próstata se corren hacia dentro. Y, luego, la corrida la echan por la orina o, y las heces.

Todos los presentes sonreíamos, mientras él seguía:

-Así que, amigo, amiguetes, yo estoy preñado. Soy un bollo preñao permanente; y mi panza sonrosada y morena como el de una costurera no es que se haya alimentado de mil maneras, bien o mal, si no que mi propio esperma me entra a comer y a engordarme, y ya no sale ni a la de tres, por mucho que diga el médico de cabecera, quedando algo dentro que engorda la panza, como esa que luce la preñada debajo de su blanca enagua.

Hizo un silencio, y siguió:

-El niño o niña, el bisexual no nato, que duerme un sueño eterno en un cielo tripudo, se queda dentro y no sale; ¡no puede salir porque fuera acecha el Coco, y su buen amigo, y cabrón, Caco¡

Reímos a más no poder. Una joven, que nos pone a los dos y nos gusta de ella lo mismo, esa su chirla con pelos, se alzó entre los jóvenes y, dirigiéndose a nosotros, cantó cual tortolilla porreta:

-Antón, Antón, no pierdas el son, porque en Fuentes Blancas dicen que hay un hombretón con un camisón, que su polla lleva con prostática mordaza, y tiene la tripa como un tambor, pues las judías que comió anoche no le han hecho la digestión. Ve, y hazle una lavativa, que no una paja.

A esto le contestó mi amigo:

- Y tú a pedorrear, ventosear, Maja, porque me parece que me voy a cagar en la madre que te parió.

Todos reímos a más no poder. La joven vino a nosotros y nos dio un besazo que ensanchó nuestro corazón; diciendo mi amigo que mi picha ya gorgoteaba, la suya, no.

-Daniel de Cullá

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