Cordel de cura

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Hoy voy a cantar los intentos por conseguir mi Lujuria por mis amigos los curas, cuando yo era un niño que a los doce años no llegaba. Ellos, en la semana de ejercicios espirituales, cuando en la noche de los sentidos se les ponía erecta la polla, nos cogían en brazos para llevarnos a la séptima morada, diciéndonos de esta manera:

-Dime, niño quién de tu casa sale, dime quien en tu casa entra.

El que me tocó a mí, por la gracia de dios, como me dijeron, sabía, gracias al confesor, que no tenía que contarlo, pero que lo cuenta todo, que yo estaba liado con un amigo del pueblo con el que jugaba a alférez, y hacíamos esgrima con nuestras pililas.

Yo le contestaba aposta, para ponérsela más rabiosa y tiesa:

-El me da besitos y abrazos como si usted mismo fuera.

Entonces, él me agarraba de los pelos y me hacía mirar al crucifijo que colgaba encima de su catre. Me hacía sacar la lengua a la fuerza para besar el otro crucifijo que de su tripa cuelga. Me cogía la picha, la metía en un libro de romances: "El seductor de su cuñada", y me la apretaba hasta que yo lloraba.

Yo le respondía gritando:

-Se lo voy a decir a mis padres.

Entonces, él se retorcía y me daba palmetazos con una patena en las nalgas, diciéndome:

-Como se lo digas a tus padres, te cortaré esa maldita lengua.

Yo le respondía:

-Y yo, cuando esté en Filosofía, sea mayorcito y no me crea vuestros embustes y patrañas, pues si hubiera dios ya os hubiera arrancado los escrotos a cuajo y os hubiera manado a la mierda, vendré con unas enormes tijeras, le cortaré la picha y se la daré a merendar al arzobispo.

El, el muy hijo juta, para castigarme y hacerme daño de otra manera, y porque yo era mal estudiante en lenguas muertas, me decía:

-Cuídate porque le voy a decir a tu profesorado que no te aprueben ni una asignatura, que te hagan repetir hasta que te vayas del seminario con el rabo entre las piernas.

Yo, furioso le contestaba:

-Pues yo se lo voy a decir al padre espiritual ese, del que cuentan que se apena porque le dio mandanga de la buena a su abuela, que es su amante, a quien, por cierto, también le he de cortar la polla.

El, airado, me hacía vestir, me echaba de su habitación y me mandaba al patio.

En el patio, cuando me veían mis amigos con la lengua fuera, y con ojos llenos de esperma, me decían de esta manera:

-¿De dónde vienes, capullo, que parece que has barrido la capilla del seminario con tus guedejas?

Yo les respondía:

-Vengo de estar con un grajo que come de nuestra polla bella; me ha cogido de los pelos, y a Cristo ha barrido con ellos, pues lleno de polvo le tenía, me ha sacado la lengua y, con ella, ha limpiado el otro crucifijo que de su tripa en cordel cuelga; se ha asomado al ventanillo de mi ojete, pues dice que, entre nuestras nalgas de imberbes, hay cuatro demonios que dos cirios en volandas llevan, que el uno echa pez, el otro echa cera, y los otros echan fuego para que nuestros culos ardan de veras.

-Daniel de Cullá

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