Cuba

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Hace ya mucho tiempo que había deseado visitar Cuba, desde la época de la guerrilla fidelista y guevarista, de la que me moría de envidia, cuando, entre ellos dos, para echar al dictador proxeneta de la bella Isla se decían:

-Dame la mano, primo

-Toma la mano primo, que ya nos vemos en la Habana.

También, cuando debiera haber ido al I Festival Internacional de Poesía de La Habana, donde uno de sus actos sería saludar a Fidel, pero no pude, pues no tenía una "pela" y me quedé con las ganas.

Luego, la alegría revolucionaria de su entrada triunfal en la Habana estructurada en metros de Libertad, sintiéndome yo como el segundo cabo entrando en Palacio de O'Reilly 308 e/Habana y Aguiar, La Habana Vieja. Eso de ver a las monjas y curas, y todos sus acólitos ir a besarles las barbas, fue algo grandioso, máxime cuando lo tenían prohibido por el sacro facho colegio Vaticanal.

-Ya vienen el Che y Fidel, no vienen de la guerra heridos, que vienen alegres por entrar a ver y a querer su liberada Habana, decía el pueblo; y una mujer cubana, madre abadesa de un convento, descendiente de gallegos, salida de la Basílica de san Francisco de Asís, calle de los Oficios entre Amargura y Churruca, gritaba:

-¡Fidel y el Che son unos machos ibéricos¡ que nos vienen a curar de nuestras cinco heridas: traición, rechazo, abandono, humillación, injusticia.

Hoy, ocupando lugar en su viaje de vida y muerte por la Ciudad Eterna de la Habana, y del glorioso José Martí, que chispa y sal derrama, me convierto en romero virtual, desgajando su paseo desparramado en mil y una ciudades con una amplísima difusión internacional. Es el Amado de la isla, el Amante que se prodigó como un santo Padre, con sus pecados locales, como todos ¡claro¡ pero que armonizó como García Lorca para con su La Argentinita; él con Nicolás Guillén, poeta y revolucionario de Camagüey, "el poeta nacional cubano", que reivindicó el "color cubano" al son, ritmo y baile típicos de Cuba.

Junto al Museo de Arte Colonial, san Ignacio nº. 61, entre Empedrado y O'Reilly, saboreo ese "Pisto Manchego" de Guillén en plato de "El Camagüeyano". Después, me veo entrar con una recién parida al Cinematógrafo Lumiére, Mercaderes nº 114, entre Obispo y Obrapía; y le pregunto:

-¿Cómo estás Teresa de tu hijo recién parido?

-Yo estoy bien, don Pedro. ¿Tú no vienes malo?

Claro que venía malo y encendido, pues Teresa estaba hermosísima y, más, en nuestra consanguinidad de novios.

Dentro del cinematógrafo, nos solapamos en nuestra área de la versión peliculera, que ni recuerdo cual era, quizás una norteamericana, como siempre. Allí, con alegría y placer, yo expiraba de amor con ella.

En el Centro Hispanoamericano de Cultura, Malecón nº 17, entre Prado y Capdevila, institución adscrita a la Oficina del Historiador de la Ciudad; majestuoso y emblemático palacio, conocido por la "Casa de las Cariátides", en alusión a las singulares columnas que asoman al balcón de la fachada principal, con rostros femeninos en lugar de capiteles y, bajo cuyo balcón, nos besamos antes de entrar, con mucha alegría de mi amiga, la recién parida, porque le digo que la traeré conmigo para España.

Aquí, gracias a ella, saludo a escritores nacionales y extranjeros. Ella, con mucha gracia, me dice que, conmigo, se encuentra como pasando una tarde con Puccini, en la que el tenor Jonas Kauffman canta acompañado por la Orquesta Filarmónica de la Scalla de Milán. ¡Qué maja¡

En la Casa del Alba Cultural de Cuba, Línea nº 566, esquina a D, El Vedado, dejada mi amiga amante en la casa Víctor Hugo, O'Reilly, nº 311, entre Habana y Aguiar, porque dice que ha quedado con una amiga para escuchar un concierto de música electroacústica, leo y releo las historietas de "Fidel el Rebelde", y "Tiempos de Cocuyo". También, la revista "Verde Olivo", edición especial por el 60 Aniversario del Desembarco del Granma.

Al salir a la calle, me encontré con mi amiga ¡Qué divorciada tan guapa¡ ¡Qué cara más linda¡ pero venía algo triste y afligida. Le digo:

-¿Qué ha pasado?

-Que me ha dado plantón mi buena amiga.

-Bueno, no pasa nada; ven conmigo, que nos vamos a ir a la Uneac, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, calle 17, esquina H, fundada por Nicolás Guillen y, con una revista "Unión", que fue mi misal y breviario y la llevaba conmigo hasta en la cocina. Qué gozada, qué maravilla volver a leer a Guillén, a Roberto Fernández Retamar, José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Fayad Jamis, y otros.

- Y, por último, amada mía, aguanta, no te canses, que ya llegamos a la Casa de la Poesía, Muralla, 63 e/Oficios e Inquisidor, la Habana Vieja. Le digo:

-¿Sabes que más de una vez participé en el Premio Casa de las Américas de Poesía, otorgado anualmente por la Casa de las Américas de La Habana, Calle 3ra. esquina G. El Vedado, Plaza de la Revolución?

--¿Y cómo quedaste, mi amor?

-Siempre finalista

Por las calles de La Habana, las campanas, con mucha tristeza, tocan a muerto, y a las gentes se les oía más alto en la Plaza de la Revolución:

--Fidel se ha muerto ¿lo sabías?

-No, Fidel no se ha muerto, que se ha metido en su cuarto, ha corrido las cortinas, y con un puro habano se ha quitado la vida.

Ahora, paseando en pareja por el Malecón, avenida costanera frente al mar, ella me dice:

.-Fidel se va resucitado a la muerte, que fuera antojo de sus últimos días, mientras vuestro rey de España se va de caza, de caza como solía, aunque ahora se le ha visto el plumero por la Isla.

Yo me reí y la besé, también, como solía; bueno, suelo.

-Daniel de Cullá

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