Yo amo mi órgano

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Yo amo mi órgano, desde chiquito. Cuando los reyes magos, mis papas, pusieron en mis zapatillas este "tesoro de Guarrazar", como le llamó mi madre, que era muy culta, me alegré tanto, que me puse a cantar como un cantante de ópera ligero. Antes, mis padres, los únicos reyes magos que de verdad existen, nos ponían en nuestras zapatillas, a mí y mis hermanas, una naranja grandota de Washi, cinco cacahuetes y cuatro higos, con una pesetilla. Pesetilla que me hacía gracia, pues mi madre, al lavar a mis hermanas el culete, siempre terminaba besándole y diciendo: "ay, mi pesetilla", y les echaba polvetes de talco. Cuando me lavaba a mí, al terminar, decía: "ay, mi pirulí de la Habana", y me echaba, también, talco.

Mi órgano, así le llamaron mis padres, cuando les pregunté "qué era este regalo tan bonito", que yo, con mis siete años, desconocía. Era un instrumento músico poco complicado y de tamaño pequeño, que coges con las dos manos, abriéndole y cerrándole al paso del aire impulsado por un único fuelle que sonaba sólo como: "fun, fun" y "refunfun". ¡Cuánto me encantó este pequeño órgano¡ Siempre le tocaba y hacía sonar cuando cantábamos el Carrascal en todas las navidades y reyes:

Carrascal, carrascal, que bonita serenata
carrascal, carrascal, que me estás dando la lata.
Fun, fun, refunfun
Una abuela se cagó
debajo de una higuera
y los higos le caían
al son de la pedorrera.
Fun, fun, refunfun
Las chicas de este pueblo
llevan bragas de hojalata
pero sus madres no saben
que llevamos abrelatas.
Fun, fun, refunfun
Los ratones de mi casa
tienen la fea costumbre
de rascarse los cojones
con el gancho de la lumbre.
Fun, fun, refunfun
Una vieja muy revieja
más vieja que San Antón
se echaba la teta al hombro
y le arrastraba el pezón.
Fun, fun, refunfun
Una vieja muy revieja
se lo miraba y decía:
que seco te estás quedando
saca perras vida mía.
Fun, fun, refunfun

En mi puerta planté un pino
creyendo que me querías
y ahora que ya no me quieres
no puedo sacar el tractor.
Fun, fun, refunfun

Qué de risas. Qué alegría más sana. Entonces, yo dejaba de sonar mi "fun, fun, refunfun", y les rogaba callar, porque quería cantar unas coplillas que me había dado "Culo roto", el hijo de los hojalateros, amigos de mis padres. Ellos me dejaban, porque yo era "su niño", mientras mis hermanas reían, suavemente gritando: "ay, mi niño":

Una monja iba corriendo
Por el claustro de un convento
Y el abad le iba detrás
Con un palmo de instrumento.
Si tienes el pito malo
Úntatelo con aceite
Que si no se pone bueno
Se te pone reluciente.
Una niña muy bonita
Por muy bonita que sea
Los pelos de su chumino
Se le mojan cuando mea.

Y, dirigiéndome a mis padres, cantaba este poemita, entrecortado con risitas:

Si quieres ver Lotería
Bájame los pantalones
Que verás salir el gordo
Y dos aproximaciones.
A la puerta de la iglesia
Está el cura meando
Ha llegado un gato negro
Y le ha estirado del rabo.

Qué alegría, qué familia tan feliz. Más siempre tiene que suceder algo que empañe la paz y la armonía. Unos de estos días de fin de año, un año, recibimos un telegrama anunciando que había muerto de una bronconeumonía un tío nuestro "el tío Calavera", quien estaba calvo y su cabeza era una calavera viviente, de quien años más tarde supe que fue un putero bebedor y jugador, que pegaba a mi tía; moda que han tenido siempre, y siguen teniendo, los hombres perversos, malos, que tienen cabeza de zoquete y sesos de criminal.

Menos mal que sólo irían al funeral mis padres, dejándonos sólos a los demás. ¡Qué maravilla poder hacer de las nuestras¡

Todavía, guardo mi órgano pequeño; y, a veces, me miro "el pirulón de la Habana", y le digo: "Qué pene de pena, tan falto de carrascal y de palabra amena".

-Daniel de Culla

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