Un coñilinguo

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Estamos hablando mi amigo, salido de un colegio de agustinos recoletos, y yo, salido de un seminario conciliar, de la edad presente que se muestra igual de cafre e hijo puta que en la antigua edad.

-Y lo mismo será en la venidera, afirma mi amigo.

Yo le pido que me cuente de su aventura con una puta en Cabo de Creus, con otra del Finisterre, otra de Cantabria y otra del Estrecho de Gibraltar, que es algo digno de recordar en los Anales del Asno y sus lametazos ínclitos resuenen en los libros de Amor.

Con poco de hacerse de rogar, mi amigo comienza:

-Este recordatorio de las cuatro se puede resumir en uno, pues los ecos Rebuznantes de mis lametazos, en el cielo del paladar de sus Vaginas, fue siempre igual y el mismo.

Como un hispano puto, con mis dedos separaba los pelillos, cerquillos y chorretes de esos labios cual galones y esas ninfas coronadas por un clítoris que, al lamerle ellas Rebuznaban muy facultativas y expertas.

Se dejaban hacer y yo lamía adivinando la envidia de los Asnos con togas, mitras, coronas y alzacuellos, y me lanzaba, como un loco, intentando lamer y morder hasta ese punto G por el que lucharon los caballeros Templarios.

Apretada mi boca a ella como la de un Asno a una Jumenta, lanzaba mi lengua hacia adelante, venga y venga, dale y dale, deseando desprender las grasillas.

Con estas cuatro putas me pasó siempre lo mismo: que mi lengua sufrió una artrosis lo mismo que mi cuello; quedando mi lengua atrapada en la puerta de un corral y mi cabeza como la de un tonto de capirote mirando hacia el santo de su devoción, la mía hacia la cercana alcoba del sexo.

¡Qué dolor de cuello¡ ¡Que no dolor de lengua atrapada con éxito feliz en tan bella y asquerosa prenda¡ Mi Rebuznar era dolorante, repleto de dolor. Estas santas y divinas putas no sabían qué hacer con mi cabeza atrapada en una artrosis cervical, y mi lengua incrustada en su vagina, y al revés.

Aunque les procuraba el bien de que no les entrase el frío y el humo de todos esos catetos del culo que esperaban su turno, yo les gritaba, entre dolores de mi cuello malo:

-Amiga, aunqne rabie y rabie, saca mi lengua de tu Chumino, e intenta retirar mi cabeza de forma buena o mala, de la forma que prefieras, dedicándola, después, de todos modos, unos buenos masajes calientes con tus tetas.

-Qué envidia me das, majete, le dije yo, cortándole. Y te entiendo: porque eso de la artrosis cervical duele un huevo y más. Eres un tío grande. Un ilustre Asno de mi tierra. Ojalá yo, algún día, pueda sentir lo mismo al practicarlo.

-Daniel de Culla

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