Ante los estragos del temporal en la costa levantina

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Las costas levantinas han sufrido los rigores de lluvias, nieves y temporales persistentes y, ahora, parece que su situación es muy apurada, crítica y dificultosa. Mi amigo, al pasearlas y verlas de cerca, me dice cosas con las que estoy totalmente de acuerdo. Estas:

-Se lo merecen, me dice el amigo madrileño. El ser humanos es cruel, depredador acaparador y criminal de nacimiento y por necesidad, a lo divino, a lo piadoso y a lo tenaz. Es denigrante ver cómo han querido años tras años robarle a al mar lo que es suyo: las playas, las calas, las montañas. El afán de construir por el mero hecho de robar y enriquecerse, hace que el mar a vece, y son pocas, se revuelva contra esta basura depredadora con escenografías de desastres y penas, poniéndonos frente a frente con la aterrada presencia de la Muerte, a quien los marineros conocen de primera mano. Nos lo merecemos.

Hace un silencio y sigue:

-No hay playa en todo territorio que no haya sido sustituida por casas, chalets y hoteles en beneficio del cruel mortal. La mayoría de ellas dan asco, pues son la cruz del mar que no puede traer sus olas y dejar sus besos de espuma a las orillas, ni chocar contra aquel acantilado, ni salir de sus ombrías, encontrándose siempre con la basura humana y las construcciones de unos depredadores de mala enconía. El mar tiene su propio dios y castiga, pero estima más sus playas que al dios y la santa María de los pescadores, de la gente falsa, rabiosa y embustera.

Hace otro silencio, y sigue:

-De vez en cuando, por temporadas, no aguanta más, no se puede detener y muestra a los humanos los más hondos infiernos que la antigua orden monástica militar llamada del Templo, y toda la Cristiandad temen y temían. Las puertas del infierno que va a ser su Paraíso eterno, por mucho que construyan muros, chalets y hoteles de pacotilla, porque antes del tiempo que los charlatanes nos anuncien, el temporal se aparece con tenazas para sujetarnos de las orejas, echándonos aldabillas para agarrarnos y lanzarnos contra él.

Le corto yo, y le digo:

-Es igual que los cauces delos ríos que han sido robados a los manantiales y las lluvias, para construir casas y edificios, insistiendo y porfiando con pertinacia. Normal que, de vez en cuando, dispongan de un instrumento tormentoso de modo que produzca los daños con el tono y timbre debidos a su furia natural , sin contenerse ni moderarse, pues el ser humano lo tiene merecido.

Hago un silencio, trago saliva, y sigo:

-La peste medieval no fue una plaga evangélica, ni mucho menos; la plaga medieval es el mismo ser humano por mucho que se solape con el triste romance de El Enamorado y la Peste. ¡Somos la Peste¡

-Daniel de Culla

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