Escalofríos

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Al servicio iba, y mi madre lloraba porque tenía ladillas. Le dije que una morenaza me las pegó. Ella me dijo: -Pero qué tonto, podías haber salido con la Juanita, que es casta y pura y dice que te quiere, porque te ha visto bañar en el patio con la manguera de agua.

Yo le digo: Mamá, resalada, ahora que me voy a la mili, me harán aprender y, cuando termine, me casaré y tendré hijos, para que seas abuela.

Lerén, lerén, mi madre me quito las ladillas, y yo me quedé dormido como un lirón, soñando que estaba en la guerra de Cuba. Había muchos muertos de uno y otro bando, todos matados a traición. Yo me fui a socorrer a un insurrecto, porque siempre, en los tebeos de la vida, me gustaron los insurrectos.

Era una mujer preñada llamada Paz, matada a tiros por la espalda, con la fiebre amarilla y el vómito negro. Quien, a medio morir, me agarró de la picha, diciéndome: -Mis padres eran de Melilla, y yo perdí la virginidad en La Habana. Diles a los soldados de España que el sargento Gómez lleva las cartucheras llenitas de sangre para inyectarla a sus coronarias, porque aquí, en el campo de batalla no ha podido encontrar la vía.

Esta Paz me había agarrado con tanta fuerza la picha que tuve que cortármela con el machete del sargento Gómez, y unos sanitaros, yo no sé de qué bando me metieron en la camilla, y me llevaron al hospital. Allí los médicos se decían entre ellos: -Que no me podían curar, que lo único factible sería que cada cual diera un poco de su pene, y construyeran uno, pues mi pene se había podrido en el camino.

Como no iban a hacer eso de cortarse un poco de pene cada uno y hacer uno nuevo para mí, me regalaron una pistola para que yo mismo me pegara cuatro tiros. Lo que hice, no sin antes pedirles a los doctores que me cortaran los huevos, y se los llevaran a mi novia que tenía enfrente, la enferma Paz, ¡qué coincidencia¡, malherida, con dos brazos partidos, tumbada en cama como si fuera una difunta, a quien las enfermeras y un médico cochino, pues llevaba la picha colgando de la bata afuera, la animaban quitándoles los escalofríos y el sudor de la frente, diciéndole: - El que te preñó ayer, que debía mutilarse, ha muerto como un héroe, que la Historia tumbará sobre el papel impreso, bajo el sol agosteño de Cuba.

Al despertar, unas lesbianas y otros maricas, a compás de corro y comba, me cantaban:

-Venga, maricón, que mañana serás soldado.

-Daniel de Culla

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