Bandoleros, parásitos y sus veedores

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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En una Península, cual grano en el culo del mundo, malamente convivían dos Ordenes Dípteras del Buen Romance del Culo Tradicional, la una místico fascista, la otra, cojonera. La místico fascista tiene tintes bien trágicos como su nombre lo indica; la cojonera estaba para acometer a la otra siempre, presentándola al auditorio como lo que era: la más cruel y merecedora del mismo castigo que infringía e infringió a los cojoneros.

Los místicos fascistas salían por la noche con disimulo y se desahogaban el culo en cunetas, fosas comunes y loberas, donde dejaban sus larvas y pupas cual insecticidas rociados sobre los cadáveres de muertos salvajemente asesinados. Eran las moscas azules, moscas sacras negras, conocidas, también, en Australia, como "moscas de las cunetas bajo palio".

Los conocidos vulgarmente como "moscas cojoneras" se daban besos y abrazos soñando en echar de sus tierras a estos místicos fascistas que estudian en escuelas de mamporreros, meapilas y chivatos la carrera de bandoleros y parásitos. Estos dípteros cojoneros son bien pícaros. Pícaro el padre, pícara la madre, y el perrito que les ladre. A ellos solo, porque llevan los pies descalzos por no poder comprarse zapatos, les pican las pulgas, sobre todo en playas.

Los veedores era todo el auditorio, población de insectos que recolectan basuras almacenando sanitarios de la basura; gente de la plebe de uno y otro bando que tienen lengua bien perrera, que se esconden tras de las puertas, viendo cómo la lengua cortada a sus semejantes, para que no hablen y puedan juzgar, es servida entre dos platos, como si fueran pan y quesito, a los bandoleros y parásitos que siempre tienen rica cena, tripeando a tope, brincando en gregoriano facha, mientras los cojoneros pasan escasez y hambre cantando en ateo gregoriano, cuando pueden.

A las hembras grávidas, completamente hinchadas por el volumen de huevos almacenados en sus bajo vientres, devotas las unas y de bota las otras, en galerías excavadas en la piel, les siguen los machos de uno y otro bando con cabeza de cabrito a quienes solo les falta la lengua, pero no el pijo bastante pequeño de 1 a 4 mm de longitud, con el que se ponen a joder cogiéndolas por los cabellos, arrastrándolas por la escaleras.

La mujer adúltera siempre es mujer, tanto la Musca doméstica o beata de brazos y pies cortos, pelo largo, tórax curvado dorsalmente con pelos finos, los cuales pueden ser negros, blancos, plateados amarillos o naranjas en el Chumino, como la Musca marginal, cuyos ojos son más grandes que en los machos, también curvadas, con nalgas cortas y anchas con venas muy desarrolladas por su mala leche alcanzada en el saneamiento del medio y su protesta contra los bandoleros y parásitos que observan al ganado, que es la plebe, con ese tubo retráctil por el que depositan sus huevos, cuando no han encontrado resistencia.

- Daniel de Culla

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