Salía a la calle, iba por el monte, descendía el valle, entraba en las casas y le daban algo de comer. Mirábanle como a un manso galgo. Un día, Francisco se ausento. Y el lobo dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo, desapareció, torno a la montaña, y recomenzaron su aullido y su saña. Otra vez sintiose el temor, la alarma entre los vecinos y entre los pastores; colmaba de espanto los alrededores, de nada servían el valor y el arma, pues la bestia fiera no dio treguas a su furor jamás, como si tuviera fuegos de Moloch y de Satanás.


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El abandono del pensamiento crítico

Escrito por Tahar Ben Jelloun. Posted in Bailando con lobos

Cuando el pensamiento crítico abandona la partida, dejando el campo libre a todas las extravagancias, y cuando la duda, sea metódica o estratégica, se ausenta, es el individuo el que renuncia a su condición de tal, se pierde en la muchedumbre y se convierte en elemento insignificante, ahogado y no reconocido.

El integrismo ideológico, de carácter religioso o político, o ambos a la vez, incluye en su funcionamiento el rechazo del diálogo. El Otro sólo existe en la medida en que entra en la ciudadela de las certidumbres y no se le ocurre salir de ellas y menos aun expresar un rechazo o denunciar un error. La sociedad es un bloque monolítico, cuyas salidas están cerradas ante el presentimiento de un peligro, de una amenaza venida del exterior y canalizada por elementos extraviados.

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Nuestros hijos los brujos

Escrito por Maldito Insolente. Posted in Bailando con lobos

HABÍA una vez un niño de cuatro años, absolutamente normal, que veía y hablaba con alguien a quien los demás no alcanzaban a ver ni oír.

Sentado en el suelo, frente a un sillón vacío, parecía entablar divertidas conversaciones con la nada.

El personaje quizá inexistente debía conocer muchos chistes, y sin duda tenía mucha gracia para contarlos, ya que el pequeño se desmadejaba de la risa. Y, como siempre que un niño se ríe sin motivo aparente, los envidiosos mayores empezaron a preocuparse por lo que tomaron como una recurrente fantasía. Y lo llevaron a una psicóloga.

No se trata de un cuento para niños, sino de un hecho misterioso, pero verdadero, cuya moraleja encierra una lección de humildad para los mayores:

El padre, la madre y la abuela paterna del niño se presentaron con el pequeño en el despacho que la psicóloga Irene María Bueno tiene en la plaza de San Francisco de Zaragoza.

La psicóloga le pidió al niño que describiese al personaje con quien hablaba.

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La tragedia de Romand

Escrito por Octavi Martí. Posted in Bailando con lobos

Jean-Claude Romand, un tranquilo funcionario cuarentón de la  Organización Mundial de la Salud (OMS), se levanta aquel 9 de  enero de 1993 más temprano que de costumbre. En vez de inspeccionar el césped que rodea su casita en Gex, una pequeña localidad  situada a 17 kilómetros de la frontera suiza y a muy pocos más de Ginebra, mata a su esposa Florence y a sus hijos Aritoine y Caroline, de tres y siete años. Luego va a  la casa vecina, la de sus padres, y  también acaba con ellos. El perro  tampoco escapa a la exigencia asesina del funcionario, que hoy, por una vez, no marcha puntual hacia la oficina, sino que prende fuego a las casas después de ingerir  todos los somníferos que quedaban en un tubo.

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El aciago Demiurgo

Escrito por E.M. Cioran. Posted in Bailando con lobos

Pensamientos extrangulados

Se está acabado, se es un muerto en vida, no cuando se deja de amar, sino de odiar.

El odio conserva: en él, en su química, reside el "misterio" de la vida.

Por algo es el mejor tónico nunca encontrado, tolerado además por cualquier organismo, por débil que sea.

El refinamiento es signo de vitalidad deficiente, en arte, en amor y en todo.

Lo que corresponde a quien se ha rebelado demasiado es no tener ya energía más que para la decepción.

Ante ese insecto, del tamaño de un punto, que corría por mi mesa, mi primera reacción fue caritativa: aplastarle, pero después decidí abandonarle a su alocamiento.

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Somos injustos con el diablo

Escrito por Maldito Insolente. Posted in Bailando con lobos

Un día el Diablo le dijo a Dios:

"¿Qué es esto? ¡Qué injusto! Haga lo que haga la gente, siempre que ocurre algo malo me echan la culpa a mí. ¿Qué culpa tengo yo? ¡Soy inocente! Mira, te mostraré como me culpan por todo".

Había un fuerte carnero sujeto a una cuerda, que a su vez, estaba atada a una estaca. El Diablo aflojó la estaca y dijo: "Esto es todo lo que voy a hacer".

El carnero dio un tirón y arrancó la estaca del suelo. La puerta de la casa de su propietario estaba abierta y, en la entrada, había un hermoso espejo, enorme y antiguo. El carnero vio su reflejo en el espejo, agachó la cabeza y atacó. La luna quedó destrozada.

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La hija quejica

Escrito por Maldito Insolente. Posted in Bailando con lobos

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles.

No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida.

Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte.

Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo.

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Decálogo de William J.H. Boetcker

Escrito por Maldito Insolente. Posted in Bailando con lobos

Decálogo de William J.H. Boetcker (1916)

Decálogo significa "diez palabras". Este decálogo pertenece al reverendo William J.H. Boetcker (1873-1962), que lo publicó en 1916. El decálogo se hizo famoso cuando lo citó en 1992 el entonces presidente Ronald Reagan, adjudicándoselo erróneamente a Abraham Lincoln, lo cual fue graciosamente destacado por la prensa, como muestra del despiste mental del ex actor.

La confusión de Reagan, se supo después, se debió a que el Comité para el Gobierno Constitucional publicó en 1942 un panfleto titulado “Lincoln on Limitations” que de un lado decía conocidas palabras de Lincoln, y al dorso estaban las ahora famosas “Ten Cannot” (”Diez No Puede”, porque cada frase comienza “You cannot” = Usted no puede) de Boetcker, pero en el folleto juntaron la atribución de las citas a Lincoln, generando el error.

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Estadísticas en un mundo de 100 personas

Escrito por Maldito Insolente. Posted in Bailando con lobos

Todo se ve mucho más claro si reducimos los habitantes de este planeta a la cantidad de cien personas, en vez de perdernos entre millones de ellos.

Imaginemos un planeta donde sólo existieran 100 personas. En un mundo así, dos niños nuevos nacerían cada día, y una persona moriría. Datos como estos son los que encontrarás en estos dibujos.

Espero que este artículo sirva para despertar conciencias, aunque lo dudo.

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Sentir la vida

Escrito por Maldito Insolente. Posted in Bailando con lobos

Por Jacopo Fo

Os habrá sucedido que os despertáis por la mañana con una sensación dulcísima. De inmediato pensamos que este bienestar responde a un sueño hermosísimo. Tratamos de recordarlo y prolongar este placer, pero no lo logramos. Por muy hábiles que seáis en recuperar el recuerdo de los sueños, no conseguiréis recordar éste. Simplemente porque no hay ningún sueño. Lo que ha pasado es que por casualidad habéis estado más tiempo de lo habitual suspendidos entre el sueño y la vigilia: aún no despiertos, ya no dormidos.

En este nivel de conciencia, vuestras defensas psicológicas y vuestras costumbres mentales aún no se han activado, y por lo tanto podéis sentir la bendita sensación de vivir, de forma incondicional. Pero de repente, tratando de prolongarla, pensáis que está causada por un sueño, tratáis de aferrar el sueño y esta actividad hace que estropeéis la sensación.

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Cuento para Rolf Carlé

Escrito por Patricia. Posted in Bailando con lobos

Había una vez una mujer cuyo oficio era contar cuentos.

Iba por todas partes ofreciendo su mercadería, relatos de aventuras, de suspenso, de horror o de lujuria, todo a precio justo.

Un mediodía de agosto se encontraba en el centro de una plaza, cuando vio avanzar hacia ella un hombre soberbio, delgado y duro como un sable. Venía cansado, con un arma en el brazo, cubierto del polvo de lugares distantes y cuando se detuvo, ella notó un olor de tristeza y supo al punto que ese hombre venía de la guerra.

La soledad y la violencia le habían metido esquirlas de hierro en el alma y lo habían privado de la facultad de amarse a sí mismo.

¿Tú eres la que cuenta cuentos?, preguntó el extranjero.

Para servirle, replicó ella.