Papá, hoy no quiero ir al cole

el . Publicado en Bailando con lobos

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Querida Irene. Tengo cinco minutos para que te arrepientas de lo que acabas de decir y recuerdes esta historia cuando te asalten de nuevo las dudas. En algún lugar del mundo y de la historia un puñado de niños como tú se juega la vida diariamente para poder llegar a la escuela y recibir una educación infinitamente peor que la tuya. Puentes a punto de venirse a bajo, campos minados, acantilados desmembrándose, piquetes racistas, guerras que no son suyas… Una aventura de riesgo solo para poder sentarse en sus pupitres ¿No me crees? Mira la foto de arriba.

— ¿Por qué miran a esa niña con esas caras? ¿qué ha hecho?

— Nada. Elizabeth Eckford era una niña de 15 años cuando los ‘mandamás’ de su país declararon ilegal la segregación racial en las escuelas. Sí hija, hasta hace bien poco los niños de color no podían ir al cole con los niños blancos porque sus padres no los consideraban iguales y ¡ellos querían!… ¡Fíjate que tontería! Hoy en tu clase hay niños de todos los países. El 4 de septiembre de 1957, cuando tu padre todavía no había nacido, Elizabeth y ocho compañeros de color se presentaron en la escuela Little Rock de Arkansas. Una de las zonas más racistas y con más odio de aquel país. Una muchedumbre babeante e iracunda les insultó y gritó, impidiendo su entrada en el colegio durante ese día y sucesivos. Solo porque no les gustaba el color de su piel. Ni la mediación del presidente Eisenhower logró calmar los ánimos y todas las escuelas del Estado cerraron durante un año para evitar incidentes y hacer una transición más sosegada. Más tarde Elizabeth llegó a la universidad y acabó siendo profesora en el mismo colegío que un día le impidió el acceso. ¿Recuerdas que todas las películas tienen moraleja? Pues la de esta peli, real como la vida misma, da un escarmiento magistral a los cobardes que odian solo por el color de las personas.

—¿Qué tontería verdad?

La historia completa

Elizabeth Eckford y Vivian Malone, mujeres luchadoras

El 17 de mayo de 1954 es una fecha señalada en la historia de Estados Unidos: la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró que la segregación violaba los derechos de la Constitución, por lo que era una práctica ilegal que debía detenerse.

A pesar de eso, el gobernador de Arkansas, Orval Faubus, canceló todos los proyectos de inmersión racial del estado, prohibiendo que los alumnos negros se matriculasen en las mismas escuelas que los blancos.

El 4 de septiembre de 1957 Elizabeth Eckford y 8 estudiantes afroamericanos intentaron acceder al instituto de Little Rock un pueblo que hasta entonces era considerado como uno de los más progresistas de la región. Hasta entonces porque, a pesar de la prohibición de la segregación, el instituto seguía reservado solo a alumnos blancos, y Eckford y sus compañeros fueron detenidos por la Guardia Nacional de Arkansas, bajo órdenes del gobernador Faubus. La justificación de esta detención ilegal se basaba en la protección de los ciudadanos y las instalaciones de posibles actos violentos porque varios grupos segregacionistas habían manifestado su intención de protestar en la escuela y usar la violencia física si fuese necesario en caso de que estudiantes afroamericanos llegaran a acceder al interior del centro educativo.

El 20 de septiembre, tras diez días de bloqueo militar permanente, Faubus se vio obligado a retirar las tropas debido a la mediación del presidente Eisenhower que le llamó para comunicarle que debía seguir la decisión del Tribunal Supremo y finalizar de manera definitiva con la segregación.

Elizabeth Eckford y sus ochos compañeros, conocidos ya como Los Nueve de Little Rock, volvieron a desplazarse hasta la escuela una vez eliminada la presencia militar pero tuvieron que ser escoltados hasta acceso lateral para que la multitud de casi mil personas que se había congregado en la puerta no pudiera agredirles. El clima de racismo fue aumentando conforme avanzaba el día y antes de que se cumpliera la mitad de la jornada los Nueve de Little Rock tuvieron que abandonar el instituto y ser escoltados hasta una zona segura, muy alejada.

Tres días más tarde intentaron, de nuevo, asistir a clase aunque en esta ocasión contaban con la protección de mil paracaidistas del ejército que el alcalde de Little Rock solicitó personalmente al presidente Eisenhower. 60 días más tarde, los paracaidistas finalizaron su misión y fueron relevados por el cuerpo de Infantería, que permaneció en los alrededores del instituto hasta que finalizó el curso escolar.

Pero esta protección sólo podía llevarse a cabo fuera del recinto. Dentro, en clase, en los pasillos, Elizabeth Eckford y sus compañeros afroamericanos se enfrentaban diariamente a las agresiones verbales y sobre todo físicas del resto de estudiantes, que les golpeaban, insultaban, amenazaban y escupían de manera sistemática, cada día, sin más motivo que el de ser negros en un colegio anteriormente exclusivo para blancos.

Si estas vejaciones no eran lo suficientemente graves, hay que añadir que también se produjeron altercados con armas y a uno de los Nueve le arrojaron ácido a los ojos. Todo es más vergonzoso si se tiene en cuenta que los estudiantes afroamericanos eran sancionados por la junta escolar cuando se defendían, por hacer uso de la fuerza.

A pesar de todas las trabas el curso finalizó y Ernest Greene fue el primero de los Nueve que consiguió graduarse en una ceremonia que contó con la presencia de Martin Luther King Jr.

Sin embargo, el gobernador Faubus seguía sin estar a favor de la educación sin segregación y durante el curso siguiente cerró el instituto ya que según él era preferible a tener que permitir el acceso a estudiantes afroamericanos. Las leyes volvieron a darle la espalda a Faubus y el Tribunal Federal decretó que el cierre era anticonstitucional y en otoño el centro volvió a abrir sus puertas, permitiendo a los Nueve de Little Rock seguir con su educación para poder entrar en la universidad.

No obstante, Elizabeth Eckford, que siempre fue la líder de los Nueve, se mudó a St. Louis cuando cerró el instituto y se graduó en su nuevo hogar. Continuó formándose en la universidad del Estado Central en Wilberforce, Ohio, donde se licenció en Historia. Consiguió un trabajo en el banco local, lo que la convirtió en una de las primeras afroamericanas que trabajó en una entidad bancaria en un puesto que nada tenía que ver con la limpieza.

Actualmente vive, de nuevo, en Little Rock, luchando por el legado que tanto ella como el resto de sus compañeros dejaron en la lucha por la igualdad.

Un poco más al sur de Arkansas, en Alabama, otra mujer luchaba también por su derecho a ser afroamericana y universitaria.

Vivian Malone se matriculó en 1963 en la Universidad de Alabama, siendo la primera mujer negra que estudiaba en ese recinto educativo. Si no tenemos en cuenta el género, fue la segunda persona afroamericana que pisó la Universidad de Alabama, adelantada sólo por John Hood que se matriculó en el mismo año que ella.

Como ya se había demostrado con Eckford, la sociedad había avanzado más rápidamente que algunos sectores políticos, lo que se confirmó cuando George Wallace, el gobernador del Estado, esperó a Malone y a Hood en la puerta de la universidad para impedirles el paso. Mientras Malone y Hood esperaban en un coche. Wallace leyó un discurso titulado “Segregación ahora, segregación para siempre” en el que reivindicaba el derecho del estado de Alabama a tener sus propias leyes y calificaba como “intrusión” la entrada de los dos afroamericanos en su universidad. Fue necesario el paso varias de décadas para que Wallace se disculpase por el contenido de dicho discurso, disculpa que no llegó hasta 1996.

Una vez finalizada la charla del gobernador, Malone y su compañero Hood pudieron acceder hasta el centro, aunque escoltados y escuchando los gritos e insultos del resto de estudiantes.

Pero el rechazo diario no acobardó a Malone, que en mayo de 1965 obtuvo la licenciatura en Empresariales con una nota media de notable, siendo la primera mujer afroamericana con un título universitario.

Finalizada su etapa universitaria, trabajó en el Departamento de Justicia y en la Agencia de Protección del Medio Ambiente de donde se retiró en 1996 para trabajar como agente de seguros y continuar con su labor activa al frente de organizaciones de derechos civiles.

Malone falleció en Atlanta a los 63 años por una apoplejía dejando un hijo, una hija y tres nietos.

Fuentes del texto: Tegi y Kurioso

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