Imprimir

El Zar y la camisa

Escrito por Maldito Insolente. Posted in Bailando con lobos

Un Zar, hallándose enfermo, dijo:

-¡Daré la mitad de mi reino a quien me cure!

Entonces todos los sabios se reunieron y celebraron una junta para curar al Zar, mas no encontraron medio alguno.

Uno de ellos, sin embargo, declaró que era posible curar al Zar.

-Si sobre la tierra se encuentra un hombre feliz -dijo-, quítesele la camisa y que se la ponga el Zar, con lo que éste será curado.

El Zar hizo buscar en su reino a un hombre feliz. Los enviados del soberano se esparcieron por todo el reino, mas no pudieron descubrir a un hombre feliz. No encontraron un hombre contento con su suerte.

El uno era rico, pero estaba enfermo; el otro gozaba de salud, pero era pobre; aquél, rico y sano, quejábase de su mujer; éste de sus hijos; todos deseaban algo.

Cierta noche, muy tarde, el hijo del Zar, al pasar frente a una pobre choza, oyó que alguien exclamaba:

-Gracias a Dios he trabajado y he comido bien. ¿Qué me falta?

El hijo del Zar sintiose lleno de alegría; inmediatamente mandó que le llevaran la camisa de aquel hombre, a quien, en cambio, había de darse cuanto dinero exigiera.

Los enviados presentáronse a toda prisa en la casa de aquel hombre para quitarle la camisa; pero el hombre feliz era tan pobre, que no tenía camisa.

Leon Tolstoi

Artículos similares:
Por Bertrand Russell (fragmentos del capítulo XVII de La conquista de la felicidad) Es evidente que la felicidad depende, en parte, de las circunstancias y, en parte, de uno mismo. En este lib
Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después preguntó a los e
Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notifi
Pensamientos extrangulados Se está acabado, se es un muerto en vida, no cuando se deja de amar, sino de odiar. El odio conserva: en él, en su química, reside el "misterio" de la vida. Por algo
Un toro joven ve que la valla del campo lindante, lleno de vacas, está abierta. Alegre, le dice al toro viejo: «Mira, ¡la puerta está abierta! ¡Apurémonos y aprovechémonos de unas cuantas!Â

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar