El estraperlo

Escrito por Alvaro Van Den Brule el . Publicado en Muy interesante

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El estraperlo, una estafa colosal. De aquellas aguas, estos lodos.

La democracia es el punto de partida, no el punto de llegada.
–Saramago

La galería del surrealismo pare a veces personajes que parecen predestinados a llenar de titulares la prensa amarilla. Esta es la historia de unos holandeses errantes con bastante jeta que se acercaron al país de los pícaros a probar fortuna y salieron escaldados, y en paralelo, la de un presidente de gobierno que tuvo que lidiar un chantaje con un brazo atado a la espalda.

En los albores de los años 30 la situación económica de España era insostenible y con muchos elementos en común con la situación actual. Al secular atraso del país y a la escasa productividad del agro, ya fuera por la desidia gubernamental o por falta de partidas presupuestarias, había que añadir un escenario social poco halagüeño y que castigaba a miles de familias en el medio rural y en las periferias urbanas.

La llegada de la república había despertado grandes expectativas, pero la aplicación de las nuevas medidas se hacía con cuentagotas exasperando al personal. La llegada al poder de la derecha en diciembre de 1933 supondría un serio revés para las expectativas de los colectivos más desfavorecidos y en particular para los hambrientos campesinos que verían como la reforma agraria aprobada en 1932 era desandada por leyes que mandaban al baúl de los recuerdos los logros conseguidos, con la consiguiente decepción.

En otros ámbitos, las huelgas y manifestaciones eran el pan nuestro de cada día, y el descontento era la tónica mientras el país necesitaba una transfusión a la voz de ya. Para los partidos obreros, sindicatos, la izquierda, los nacionalistas y para aquellos que no tenían nada que perder, el advenimiento de la CEDA (Confederacion Española de Derechas Autónomas), suponía una gravísima incertidumbre, solapada a la amenaza latente de la perdida de la existencia de la propia república.

En 1935, la cartera de hacienda estaba ocupada por un tal Joaquín Chapaprieta, un tecnócrata que centraría su acción en la contención del gasto para reducir el déficit y al tiempo atacar la inflación. Este sujeto con la habilidad portentosa de un sastre manejaba las tijeras con sorprendente destreza. Dejaría a los pensionistas casi desnudos y a la estructura funcionarial temblando, eso sí, mientras los casos de corrupción en las altas esferas se multiplicaban exponencialmente. El sangrante paro desembocaría en los trágicos sucesos de 1934 con la revolución de Asturias y su triste corolario de casi dos millares de obreros muertos a manos de los regulares y la legión.

Jugando a la ruleta

En medio de esta melé, hacia finales de 1935 se haría público un caso de corrupción que afectaba a destacados políticos y que haría tambalearse al gabinete entero. El origen de este escándalo político ocurrido durante la Segunda República Española se produjo como consecuencia de la introducción de un juego de ruleta eléctrica de la marca "Straperlo", acrónimo derivado de Strauss, Perel y Lowann, apellidos de unos judíos holandeses que fueron los que promovieron el negocio, y que habrían aportado a dicho acrónimo letras en cantidad proporcional a su participación accionarial en la empresa, cuyo único propósito mercantil no era otro que perpetrar una estafa colosal revestida de unos ribetes de legalidad bastante cuestionables.

La presentación en sociedad de esta terna de impresentables se haría de una manera estrambótica con la puesta en escena de un combate de boxeo con un cartel de altura. El campeón español Paulino Uzcudun, un vasco de 1,90 cm y el vencedor del mítico Joe Louis, el alemán y campeón mundial  Max Schmeling, devorador compulsivo de salchichas y chucrut de más de 130 kg, despertaron una expectación inusitada. Mientras, la estrategia de estos “piezas” comenzaba a dar resultados. El 13 de mayo de 1934  el llamado match del siglo, quedaría en tablas y la autopromoción de este trío y sus ecos llegaría hasta las mismísimas puertas del sanedrín de San Jerónimo.

Meses antes estos reincidentes que ponían el acento en las leyes de la antigravedad y del levantamiento de los recursos ajenos habían puesto en funcionamiento varios Straperlos en Amsterdam, durante seis meses, proporcionando pingües ganancias a sus inventores. Para esta explotación en la capital holandesa, Strauss había conseguido una autorización temporal de las autoridades, quienes llegaron a permitir el vencimiento del plazo concedido, a pesar de descubrir las condiciones fraudulentas de la peculiar ruleta. Finalizado el día en que vencía la autorización, la policía entró en tromba en el casino donde se explotaban los Straperlos, arrojando las mesas de juego a la calle a través de las ventanas y sin más preámbulos.

A lo largo del mes de junio de 1934, algunos empresarios y políticos llegaron a un acuerdo económico para explotarlo en San Sebastián. Por medio de un tal Pich i Pon, subsecretario de marina y cabeza visible en Cataluña del Partido Republicano Radical, entran en contacto con el sobrino de Alejandro Lerroux, Aurelio, que era un elemento con mayúsculas. A pesar de las generosas donaciones camufladas en elegantes sobres de verjurado y del profuso reparto de relojes de oro entre los políticos de la época, las ruletas instaladas en el Gran casino del Kursaal en San Sebastián y las del hotel Formentor en Baleares son clausuradas por las denuncias constantes ante las escandalosas ganancias de la banca.

Sobornos a tutiplén

El juego se practicaba en una máquina con apariencia de ruleta que sólo tenía trece números. Strauss, su creador, sostenía ante el Ministerio de Gobernación que el juego tenía visos científicos, ya que un jugador capaz de dominar el cálculo, podría ganar. Lo que era incuestionable es que el movimiento eléctrico de la bola ocultaba un mecanismo de relojería que permitía al banquero regular las ganancias. Mas la cosa no acababa ahí. Estos tres malandrines no cejaban en su empeño.

El casino Gran Kursaal inaugurado en San Sebastián el 15 de agosto de 1921 era una de las grandes obras arquitectónicas que daban esplendor a esta ciudad fronteriza con Francia, y en la que los juegos de azar cabalgaban alegremente arruinando a sonrosados borrachines con txapela y dejando algunas economías familiares con algún agujero de más en sus líneas de flotación. Pero la cosa duró poco ya que el dictador Primo de Rivera decretaría la prohibición del juego el 31 de octubre de 1924, y el Gran Kursaal tuvo que cerrar antes de que las puertas  batientes se silenciaran de manera natural. Con su estilo cosmopolita y grandioso, tendría un tránsito ajetreado para intentar mantener los aromas de la Belle Époque.

Pero para el mes de junio de 1934, empresarios y  políticos llegarían  a un acuerdo económico para explotar  el Casino de San Sebastián. Políticos allegados al Partido Radical harían valer sus influencias para conseguir luz verde, a cambio de un pellizco en el negocio

Previamente fueron repartiendo los socorridos relojes de oro y dádivas sin cuento, para conseguir su propósito hasta emplazar la ruleta amañada en San Sebastián, con tanto éxito para estos tres timadores, que a las tres horas se descubrió que el Estraperlo era una burda estafa, por lo que acudió la policía para clausurar el casino y llevarse la ruleta ya que siempre ganaba la banca y el respetable acumulaba un cabreo importante, de tal manera que más de un “morrosko” llegaría a confundir al director del casino con una suculenta chistorra.

Al día siguiente de la instalación el propio ministro, extrañado o asustado por las consecuencias, instó la retirada de las máquinas, mandando presto dos docenas de guardias  pistola en mano. Ello no impidió que más o menos un mes después, no se sabe muy bien cómo, Strauss consiguió instalar máquinas Straperlo en el Hotel Formentor, en Baleares. Duraron una semana, antes de que el ministro de la Gobernación las precintase siendo clausurado el local.

El espectáculo debe continuar

Ante la inflexible decisión de las autoridades españolas, estos elegantes cacos de guante blanco no se arredran y deciden dar un paso adelante.

Una comprometedora y escandalosa documentación sirve para recordar al presidente Lerroux su debilidad ante la prensa y las consecuencias que le acarrearían de no avenirse a un acuerdo, con el corolario de disgustos sin cuento. Indalecio Prieto y Azaña sucesivamente, se desplazan a Bélgica para oler en directo el aromático informe. No hay que olvidar que a este follón desatado en la comisión de investigación de las Cortes había que aderezarlo con el famoso asunto Nombela, otro chanchullo de un calibre similar pero ocurrido en la antigua colonia de Guinea.

El parlamento comienza a hacer más aguas que el Titanic, por lo que Alcalá Zamora lo disolvería el 7 de enero de 1936, convocando para el 16 de febrero elecciones que serían ganadas por el Frente Popular. Nuevamente la incompetencia de la clase política y las corruptelas nos arrojarían a un agujero negro. El hartazgo de la ciudadanía, la corrupción rampante de la dirección y la falta de medidas resolutivas para solucionar los lacerantes problemas de la nación llevaría en pocos meses al país a una fractura irreversible y posiblemente a la noche más oscura de su historia.

El problema vino cuando los autores de la trama intentaron recuperar lo invertido. Una autoridad del calibre de Alejandro Lerroux no dejaba de ser una pieza vulnerable a la hora de un chantaje. Al parecer, los estraperlistas intentaron pegársela a Lerroux a cambio de no aflorar el escándalo, pero éste se negaría a diálogo alguno. Strauss y Perlowitz escribieron a Lerroux amenazándole con que si no les daba una jugosa indemnización darían a conocer lo sucedido. Mientras, Lerroux no contestaba y Strauss se entrevistaría con Azaña y Prieto, que lo remitieron a Alcalá Zamora que le profesaba a Lerroux un odio visceral, y que fue quien se encargaría  de destapar el asunto.

El fin de un Gobierno

El 20 de septiembre de 1935 –hay quienes afirman que por otras razones distintas de lo que relatamos– cayó el gobierno Lerroux y se formó el mencionado liderado por Chapaprieta de corte conservador independiente.

Chapaprieta reunió a los grupos políticos que apoyaban al Gobierno para tratar sobre el asunto. Según mantiene José María Gil Robles en sus memorias, a pesar de todo los papeles tenían ciertos visos de verosimilitud y su lectura era bastante comprometida. En realidad, la conjunción del escándalo del estraperlo y del affaire Nombela-Tayá laminó el crédito político del Partido Radical.

El funcionario de colonias Antonio Nombela acusó a varios dirigentes del partido de Lerroux, y al subsecretario de la Presidencia del Gobierno, Moreno Calvo, de haber hecho “el egipcio” en un expediente por el que se indemnizaba a la Compañía de África Occidental, propiedad del empresario catalán Antonio Tayá, al que se le había adjudicado un contrato público para conectar por barco los territorios españoles de Guinea Ecuatorial y Fernando Poo y que había sido cancelado en 1929 por la pérdida de dos buques en la provincia de Guinea Ecuatorial. El gobierno presidido por Alejandro Lerroux había aprobado una indemnización durante el mes de julio y cuando Nombela se negó a pagarla, el gobierno lo cesó, ese mismo día 26.

Estos deslices conseguirían transmitir la idea de que los políticos cohabitaban en un cesto de víboras  y que la corrupción era manifiesta, además de salpicar al conjunto del Gobierno a pesar de que éste no estaba mezclado en el asunto.

La efímera aparición de la Segunda República Española se desarrolló en España entre el 14 de abril de 1931 – fecha de la proclamación de la República, en sustitución de la monarquía de Alfonso XIII– y el 1 de abril de 1939, fecha del final de la Guerra Civil Española, que daría paso a la noche más larga.

Más de ochenta años después podemos encontrar algunas inquietantes similitudes, con la diferencia de que entonces existía la vergüenza.

Alvaro Van Den Brule

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