La bomba atómica de Franco

Escrito por José Luis Hernández Garvi el . Publicado en Muy interesante

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Imaginen que España dispusiera de un arsenal de armas nucleares y documentos secretos de la CIA advirtieran del peligro de la amenaza. ¿Política ficción? No del todo. Durante la segunda etapa del franquismo, superada la posguerra, se elaboraron planes a partir de 1951 para armar a nuestro país con la bomba atómica, un proyecto que a punto estuvo de convertirse en una inquietante realidad.

El general Franco, impresionado por el poder de destrucción que demostraron las bombas atómicas lanzadas al final de la Segunda Guerra Mundial, manifestó a sus más estrechos colaboradores sus interés por las armas nucleares, insistiendo en la posibilidad de que España pudiera disponer de ellas algún día. Los investigadores de nuestra historia reciente nunca han conseguido desvelar cuáles fueron las razones concretas que impulsaron a Franco a plantear la cuestión. Son varias las hipótesis barajadas, entre ellas el deseo de poseer la capacidad de disuasión suficiente para hacer frente a una agresión extranjera que amenazase con poner fin al régimen, o la más peregrina de satisfacer el deseo del dictador de recuperar la grandeza imperial de España. Aun hoy en día, una nube de secretismo cubre todo lo relacionado con el tema. Parece como si los aspectos que impulsaron realmente el proyecto nunca hubieran salido del círculo íntimo de cortesanos que rodeaba al general en el Pardo.

Aunque la posibilidad de que España hubiese podido fabricar bombas atómicas pueda parecer un tanto descabellada en una época, segunda mitad de la década de los cincuenta, en la que el país sufría los últimos coletazos de la posguerra, ésta fue tenida en cuenta seriamente y comenzaron a darse los primeros pasos en esa dirección. El jefe de Estado Mayor, general Juan Vigón, y el almirante Luis Carrero Blanco fueron los impulsores de un programa para obtener y dominar la tecnología necesaria para fabricar las armas nucleares que Franco deseaba poseer.

El 22 de octubre de 1951 se crea la Junta de Energía Nuclear, presidida por el general Vigón. Éste realiza una importante labor, reclutando al personal más cualificado y con experiencia en el campo de la investigación nuclear, obteniendo la financiación necesaria para comenzar los trabajos y buscando las zonas de nuestro país donde pudieran existir yacimientos de uranio. Desde un primer momento, el proyecto es dirigido y controlado por militares en el más absoluto secreto. El general Vigón fallece en 1955 pero sus planes continúan adelante con el respaldo personal del almirante Carrero Blanco.

En 1955 se produce un acontecimiento que va a permitir un salto cualitativo en las investigaciones. En ese año, la Administración de Estados Unidos lanza el programa Átomos para la paz. Impulsado por el propio presidente Eisenhower, con él se pretendía favorecer el uso pacífico de la energía nuclear en los países aliados, y de paso, beneficiar a las empresas americanas del sector, allanándolas el terreno para futuros contratos.

En julio de 1955 España firma con los Estados Unidos un acuerdo de cooperación nuclear al amparo del programa de Átomos para la paz, convenio que fue ampliado dos años después. En virtud de estos acuerdos, España recibió un crédito de trescientos cincuenta mil dólares que permitió la obtención de un primer reactor nuclear y pequeñas cantidades de uranio enriquecido como combustible. Estas ayudas permiten que el 27 de diciembre de 1958 el general Franco acompañado de Carrero Blanco, inaugure el Centro Nacional de Energía Nuclear Juan Vigón en las instalaciones construidas en la Ciudad Universitaria de Madrid.

Autor: José Luis Hernández Garvi - Fuente: Historia de Iberia Vieja

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