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Marco Antonio y Cleopatra

Escrito por Daniel de Culla. Posted in Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

Marco Antonio y Cleopatra, reina de Egipto, hermosa y amante del Triunviro Marco Antonio, número del triunvirato de Octavio y Lépido se están tomando una poción compuesta de aguas destiladas, jarabes y otras materias medicinales, llamada "Julepe" al mismo tiempo que se dan un julepe, ajetreando en el amor.

Marco se inclina sobre el brocal de Cleopatra, antepecho del pozo alrededor de la labiada boca, acariciando el maragato, especie de adorno usado antiguamente por las mujeres en el escote.

Cleopatra: Marco, mamón de tigre, ven y envuélveme los labios con tus besos y téjeles con arroz con leche en gran abundancia, con mucho exceso, con extremado lujo y aparato. Dibujemos un Marabú con nuestros besos.

-Cleo, le responde Marco. Me vas quitando la savia, la vida a mi Maratobo, gallo de color almagrado claro, con las alas en forma de huevo más obscuras, y algunas plumas negras en la pechuga.

Jazmines abandonan este barco del Amor. Marco está hecho un brazo de mar. Cleopatra se le insinúa diciendo: Marco, de la mar el mero, de la tierra el carnero; la mar que se parte, arroyos se hace.

El trajín de amor iba y venía de acá para allá. Ella escuchó el piar del gurriato en el cielo de su paladar. Una inextinguible llama le recorría el cuerpo. Marco no paraba de osar entrando de hoz y coz en sus partes. Para él era como rellenar de oro el hueco o picadura de un diente o muela en una entrada solemne, aunque no de tanto aparato con el que se le honró en Roma.

Agraciados con la ovación de sus propios pedos, Marco Antonio y Cleopatra retornan a sus abrazos diluidos en imágenes brumosas sobre los lienzos de la Vida que renacía y moría en los vientres esparramados, espatarrados por la fuerza del amor. Los dos estaban ovalados, adornados con la corona de la ovación.

- "Hemos Rebuznado cual Jumentos", le dice Cleo a Marco.

- "Sí", responde Marco.

Imbuidos en su savia y en sus besos, jugaron a sentirse como lo hicieron. El, avispa y avispero. Ella, olla de chorizo, cántaro de agua. Ambos fundidos en la forja del amor con sus propias llamas. Y la miel que no cesa. El esperma que no acaba en este tramo de composición en el cual domina la misma idea.

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