John Currin

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John Currin

Atención: Esta galería contiene imágenes no aptas para menores de edad.

John Currin es un pintor norteamericano.

John Currin estudió pintura junto al artista de formación tradicional Lev Meshberg y se graduó en Bellas Artes en la Universidad Carnegie de Pittsburgh. Sus pinturas, figurativas y de carácter a menudo satírico, plasman figuras femeninas de erotismo exagerado o distorsionado, aludiendo con ironía a la provocación sexual y a la visión social del cuerpo de la mujer. Toma como influencias fuentes tan diversas como el Renacimiento, ciertas revistas populares o la fotografía de moda. Pese a generar críticas por sexismo a principios de los noventa, las obras de John Currin alcanzaron gran éxito de ventas y crítica a finales de esta década, cuando en ellas se mezclaba temática kitsch y técnica muy cuidada. Actualmente Currin vive y trabaja en Nueva York, su producción forma parte de las colecciones del Hirshhorn Museum y la Tate Gallery y ha sido objeto de exhibiciones retrospectivas en el Whitney Museum y en el MCA de Chicago.

Fuente del texto: Más de Arte

Página web del autor: John Currin

Las pinturas de John Currin

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Todas las fotografías © John Currin

John Currin: "La estupidez es un buen tema para mi pintura"

¿Y si un desnudo ocultara más de lo que enseña? ¿Qué es lo que lleva a un pintor a representar a una mujer o a un hombre desnudos? ¿Estudio anatómico o fantasía sexual? ¿Puede un desnudo ser moralizante incluso cuando muestra una actitud abiertamente pornográfica? ¿La imposibilidad de hacer realidad una fantasía o ejercicio de desnudo psicológico?

Reconozco que para el caso de John Currin (Boulder, Colorado Estados Unidos, 1962) y después de haber leído varios artículos acerca de su arte, tengo más preguntas que respuestas, más dudas que certezas ante un artista empeñado en pintar diríamos que a la antigua, a la manera de los artistas renacentistas a los que parece parodiar o, al menos, dota a sus figuras de un contenido humorístico muy evidente.

Currin es un pintor que ha recibido ataques furibundos por parte de algunos críticos artísticos y para muestra basta este botón: “Muchas de las chicas pobres que pintaban flores en los platos de porcelana fabricados en el siglo XIX en las fábricas francesas tenían más talento que él (…) Su trabajo es tóxico, arte contaminado”. Eso dejó escrito Jed Pearl en la revista The New Republic, tal y como aparece citado en este artículo publicado en el periódico británico Independent.

A pesar de ello, Currin es desde la década de los 90 uno de los pintores que se ha subido al carro del éxito económico, especialmente después de fichar por la galería Gagosian, respaldado con importantes exposiciones y el apoyo de otro sector de la crítica que valora el virtuosismo técnico de este artista y esa forma de combinar lo contemporáneo con las referencias renacentistas.

Desnudos integrales, top less, o retratos en los que los pechos femeninos aparecen bien desarrollados, son constantes en la representaciones de un Currin que en una entrevista firmada por Karen Rosenberg, reconocía que en su infancia acudía al apartamento de su tío estaba lleno de pinturas de “mujeres sexys con sombreros de frutas sobre sus cabezas”, a lo que se unía que sus padres se trajeron de su luna de miel en Italia varias reproducciones de alta calidad de pinturas renacentistas italianas.

Eso con 8 años y con 10, reconoce, en la misma entrevista, que vio por primera vez una obra de El Greco ante la que quedó especialmente impactado en la que se veía “a alguien en éxtasis, con tres mujeres desnudas de alguna forma envueltas en esa experiencia religiosa”. Eso unido a que entre los 10 y los 14 empezó a pintar con Lev Meshberg, un pintor salido de la Unión Soviética y del que aprendió la base técnica de su pintura, le terminarán llevando a conformar algunas de las bases de su arte actual.

Las figuras de Currin están sacadas de la cultura popular, de la publicidad y de revistas como el Playboy de los años 70 y de revistas pornográficas danesas de esa década, o de la propia televisión como es el caso de una de sus obras más famosas, aquella en la que representó a Bea Arthur, la Dorothy de Las Chicas de Oro, fallecida en 2009, con los pechos al desnudo. Era el año 1991 y ahí fue el comienzo del despegue de su carrera.

Al respecto del impacto que causan sus desnudos, Currin afirma en la entrevista ya citada, que “en cualquier escuela de arte del mundo hay algún tipo haciendo porno. Como táctica de impacto fallida eso es lo que me interesa a mí del asunto”.

Currin convierte a sus figuras, vestidas o desnudas, en enlaces con lo antiguo, casi como si quisiera dar a lo contemporáneo una pátina de antigüedad que sirviera como justificación de un presente en muchas ocasiones falto de referentes y en el que se repiten actitudes del pasado.

Y es que si la sociedad se escandalizó en su momento al ver a la Olimpia de Manet, una mujer de carne y hueso despojada del manto mitológico que hacía justificable el desnudo, ahora todavía hay críticos y espectadores que experimentan sensaciones similares ante los cuerpos nacarados de Currin y ante su rotunda desnudez. Un ejemplo de esa actitud la mostró el crítico del Village Voice, Kim Levin, cuando hizo un llamamiento a boicotear su primera exposición en 1992.

“No se trata de que quiera impactar a la gente ni de mostrar lo abierto de mente que soy, pero por alguna razón la estupidez la encuentro como un buen tema para mi pintura y lo encuentro liberador”, dice en el Independent.

Los Beatles, Led Zeppelin o los Sex Pistols fueron importantes en su formación musical y de la misma manera que reconoce fascinación por las portadas de los discos, afirma que suele pintar al ritmo de Poison o Motley Crüe, bandas generadores de una música contraproducente para alguien que trabaja a un ritmo lento y que puede emplear dos o tres años en tener terminada una de sus obras.

La explicación que da Currin al respecto tiene que ver con que esos grupos “crean una atmósfera totalmente imbécil que me gusta. Entonces pintar es como si la Virgen María estuviera en la habitación”.

Fuente del texto: La vida no imita al arte

John Currin

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